Total, 36 horas después del zarpazo de mi perra fui a urgencias y sí, el saco de pulgas me había rasgado el epitelio de la córnea, o lo que es lo mismo, la primera capa de piel que cubre el ojo.
Salí de allí con mi pobre ojo derecho tapado con gasa y mucho esparadrapo, pero contenta porque no me dolía gracias a la anestesia que me habían puesto antes de curarme. Cuando pasó el efecto volví a ver las estrellas, así que me atonté con ibuprofeno y paracetamol cada seis horas hasta que en la tercera cura, ayer por la noche, ya me destaparon la herida. Ahora tengo un ojo y medio. Con el herido lo veo todo a medias, gracias a la pupa y a la pomada que tengo que ponerme dentro del ojo (sí, dentro, horror). Es como ver la vida a través de una nube de humo de esas de discoteca setentera.
Un consejo, si tienes que hacerte daño en alguna parte, que no sea en el ojo. Duele.