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jueves, 3 de febrero de 2011

Digamos que mi perra y yo somos algo brutas jugando, y el domingo,

justo al despertar, Coco me metió la lengua o la pata en el ojo. Mucha pupa (mucha es mucha) pero, con el optimismo que me caracteriza, no pensé que si  me seguía doliendo por la noche era señal de que algo pasaba.

Total, 36 horas después del zarpazo de mi perra fui a urgencias y sí, el saco de pulgas me había rasgado el epitelio de la córnea, o lo que es lo mismo, la primera capa de piel que cubre el ojo. 
Salí de allí con mi pobre ojo derecho tapado con gasa y mucho esparadrapo, pero contenta porque no me dolía gracias a la anestesia que me habían puesto antes de curarme. Cuando pasó el efecto volví a ver las estrellas, así que me atonté con ibuprofeno y paracetamol cada seis horas hasta que en la tercera cura, ayer por la noche, ya me destaparon la herida. Ahora tengo un ojo y medio. Con el herido lo veo todo a medias, gracias a la pupa y a la pomada que tengo que ponerme dentro del ojo (sí, dentro, horror). Es como ver la vida a través de una nube de humo de esas de discoteca setentera.

Un consejo, si tienes que hacerte daño en alguna parte, que no sea en el ojo. Duele.

sábado, 15 de enero de 2011

Cómo no, hoy se me ocurre preguntarle a la ciudadora de mi madre,

que cuando la saca a pasear incluye a Coco en el lote, que qué tal se porta mi dulce cachorra en la calle. Y la chica, que es de natural bondadosa, parecía estar esperando la pregunta porque me ha soltado de un tirón: "ha brincado para quitarle la bolsa de patatas a una niña, me arrastra hacia las mesas de las terrazas para pedir comida, se vuelve loca con todo lo que cocino y espera a ver si cae algo para tragárselo y salir corriendo".

En cuanto se termine la bolsa de pienso para bebés, le compro a esta perra un saco de croquetas para rottweilers.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Llegó el momento de los buenos deseos para el próximo año


A todas y todos los que pasáis por aquí en algún momento, a los que me habéis dado ánimos, a quienes me hacen reír, a todos los que me rodean sin cercarme, a los que dejan que me acerque, a quienes están cerca, o lejos, pero siempre ahí. A los que me enseñan, a aquellos de los que aprendo, a los que me animan a ser yo misma porque creen que eso es bueno y a ese cálido grupo de personas que se declaran mis amigas y mis amigos, incondicionales, bravos, magníficos. Haré todo lo que esté en mi mano para que 2011 os traiga todo aquello que deseéis. 

domingo, 26 de septiembre de 2010

Clooney es un kilo y cuarto de perra que acaba de cumplir

dos meses y llegó a mis manos y a mi sofá el miércoles pasado. Es probable que no sea el momento, pero la idoneidad de las situaciones nunca ha sido mi fuerte.

Adoptar a Clooney ha sido un acto egoista por mi parte: cuando Indiana muera esta nueva amiga me lo hará más llevadero. Lo de Indiana no es inminente, parece que la he podido rescatar de un mal final por un tiempo más, aunque llegará en menos de lo deseado. Después del catacrack que tuvo hace quince días,  ahora está estable y no tiene dolor. Sigue comiendo nada y menos, pero al menos ya tiene algo hambre, así que cuando no le queda más remedio se conforma con parte de la lata especial de comida para perros pachuchos del riñón, que dicho sea de paso me cuesta un Congo.

Ahora, un día en mi casa está aderezado con una lenteja que al correr derrapa y que se cuelga con los dientes de Indiana hasta que la mayor logra sacudírsela, ladrido más o menos.

De momento, estoy otra vez en medio del espiral de pipís desubicados, pero la risa que me produce y la alegría que me contagia lo compensa todo.