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lunes, 23 de agosto de 2010

Como mi nombre estaba a punto de ser la

segunda acepción de sedentarismo, decidí a puntarme a un gimnasio, aún no hace un mes. Durante las vacaciones he estado tonteando con las máquinas de cardio, aprovechando los chorritos de la zona de jacuzzis y tomando el sol, en resumen, haciendo el idiota en chándal.

Y hoy, que ha sido mi primer día de trabajo, he pensado que era buena idea iniciarme en los misterios del aqua extrem, "entrenamiento de alta intensidad" y una de las "sesiones acuáticas más extremas". Vamos, que me he pasado la mañana convencida de que iba a entrenar con Chuck Norris.

Al llegar a la pileta me he encontrado con una mujer que casi me doblaba la edad (¡que ya es edad!) y me he dictado una orden mental: "No volver a hacer caso de la publicidad del gimnasio". Y como soy un poco sobradita, he mantenido el ejercicio txunda-txunda dentro del agua al ritmo que marcaba la monitora, ni un "venga-venga" menos. Ahora, ya en casita, me duele todo el cuerpo. El miércoles tengo nueva sesión y si coincido con la ancianita, que ha terminado la clase como una rosa, le preguntaré si tiene algún sobrino que se llame Chuck.

miércoles, 27 de septiembre de 2006

Se llama bibicleta y sirve para desplazarse por ahí

Ayer, tras un rapto de sinceridad conmigo misma, di de baja el gimnasio. Esta mañana he ido a por mi nueva bici y espero salir a dar una vuelta diaria. A ver si sí. Esta vez será diferente a la otra, hace unos años, cuando arrinconé la moto a favor de la bici. La segunda vez en tres meses que me descubrí dando gas para salir de un semáforo en rojo volví a los brazos de mi Honda Scoopy de siempre, regale la bicicleta a una amiga, a ella se la robaron la primera semana y colorin colorado.
Las hay baratas, normales, caras, muy caras y tuestáschalada. Mi bici es de las normales. Ruedas de 20 cm de diámetro, cambio Shimano (o frenos Shimano, algo en la bici se llama Shimano y parece que eso es bueno) y se pliega. Ayer o anteayer estuve charlando con Duaita un rato sobre la bici. Ante la avalancha de información que le solté sobre los beneficios del ciclismo, todo encontrado en internet, Duaita me dijo que no esperara milagros, pero que si a ella le gustaba la bici era porque, mientras pedaleabas, te dirigías a algún sitio. Mujer sabia mi amiga. Y añadió que, además, tenía más valor plegable porque en caso de apartarla de tu vida cabía debajo de la cama. Doblemente sabia esta mujer. Y práctica, como buena Virgo.

martes, 23 de mayo de 2006

Hoy casi mato a una anciana

en la piscina. Es de un tipo muy característico de mujer: ha debido llevar una vida llena de agitación, excursiones al monte y abdominales por placer, y ahora, cerca o rebasados los 70, aún presume de forma física y resulta muy pesada. Como yo no soy de presumir y siempre exagero mis defectos (una mina para un sicólogo), desde el principio me trata con cierta conmiseración. Lleva las cejas pintadas (con rotring debe ser, porque ni en el agua se despinta) y bañadores con espalda de nadador y estampados de comando. Total, que me ha tocado hacer un ejercicio con ella (una cosa con palos y gomaespuma y mucho ritmo) y a la mitad se ahogaba. Vamos, que se ha pasado cinco minutos asida al borde de la pisci, jadeando. ¡Pero que conste que ha empezado ella! Yo, por consideración a su edad, he empezado suave. Entonces, y sin el más mínimo sentido de equipo, ha empezado a subir el ritmo, yendo a la suya. Por mi parte, no he tenido más remedio que hacer lo mismo, pero con 30 años menos. Porfavorseñor, no me dejes llegar a su edad sin saber cual es mi sitio y mi condición. Antes prefiero el final de "Bailad, bailad, malditos".

lunes, 16 de enero de 2006

No son humanas

Digan lo que digan sus carnets de socias del gimnasio, mis compañeras de gimnasia acuática son cyborgs de acero inoxidable o algo por el estilo. Son ocho y menos una, que dice tener mi edad pero le falta una sesión de chapa y pintura, el resto tiene como mínimo cincuenta y tantos. Bien, pues todas nadan como Willy recién liberado, vamos, que se las pelan de lado a lada de la pisci ¡y sin hacer pie! Iba a añadir, "que ahí está la gracia", pero en estas dos semanas aún no se la he descubierto. Dos días a la semana, empezamos a las 8 de la mañana sumergiéndonos en una piscina de agua no muy caliente. Con el frio que pela, llega la seño (Montse) y empieza a zarandearnos verbalmente. Y ¡hala!, el resto de la media hora no paramos de ir de aquí para allá, ahora con bracitos, ahora con piernecitas, ahora con una combinacion de extremidades que lástima de no haberme reencarnado en pulpo. Voy a terminar como el Mike Thysson, y si no ¡al tiempo!
Bueno, pero lo mejor son ellas. Está Lola, la capitana de la selección de waterpolo, que debe estar en la cincuentena rebasada y en pleno enero está más morena de lo que yo lo estaré en todos mis veranos futuros. Dolors, alma de pescadera y corazón de Induráin, que no para ni de moverse ni de hablar. Y luego, Dolores, setenta años confesados y el angelito se hace toda la clase del tirón. Digo ésto porque una servidora ha tenido que resoplar apoyada en el borde de la piscina un par de veces, mientras ellas, las cyborgs, me deban ánimos: "¡na, mujé, qués mu temprano, 'ija!". Pues ellas deben ir con la hora de Melbourne, porque no relajaban el ritmo ni por asomo. Claro que en todos los grupos hay una excepción, y en éste es la otra que nació en el 63 (dice ella, pero no me creo nada.) Se queja desde que entra en el agua hasta que sale de la piscina. "Qué frío", "qué dolor" (en eso la entiendo), "qué cansada" (en eso también, la verdad.) ¡Cómó le gusta quejarse en voz alta! Si tiene pareja, a estas alturas debe estar en la legión extranjera y borrando las pistas que delaten su posición. ¡Qué pesada!
La seño es estupenda, claro que ella no tiene que mantener una posición más o menos digna dentro del agua a ritmo "devuélvemelavidaquemelasquitao". Y lo peor, además de ser la pequeña del grupo, soy el hazmerreír. El jueves pasado la seño nos indicó un ejercicio (fruto de una mente maligna, por cierto) y me fui al fondo, pero eso, nada. Lo malo vino cuando, al sintetizar lo ridículo de mi situación, me puse a reir mientras me hundía. Joder, se me pasó la risa de golpe. Cuando saqué la cabeza estaba la pandilla Cocoon mirándome ¡y riendo! pero ellas sin hundirse. Menos mal que, al menos, Dolores, la septuagenaria, me cuida. Al salir del gimnasio, tras ver el lío que me hice con el torniquete y las asas de la mochila, amablemente me aguantó la puerta y logré abandonar el recinto sin más percances.

lunes, 2 de enero de 2006

Sobrevivimos

Al parecer, ni los Polos se han derretido, ni se ha abierto la falla de San Andrés, ni la estatua de la libertad anda enterrada en arena hasta el cuello. La humanidad (de este lado de aquí) ha sobrevivido al primer día laborable sin tabaco. Y eso es bueno. En mi trabajo, algunas compañeras bajaban hasta la calle a hacerse un piti, y una de ellas ha comentado que estaba pasando por un momento tenso un par de veces, pero no ha habido suicidios colectivos. Y si los ha habido, ni punto de comparación con los de Nueva York en el 29.
Hoy sería un día excelente para mi si no fuera porque acabo de empezar la dieta. Ni por asomo confesaré el tonelaje al que he llegado en apenas siete meses; sólo apuntaré que empiezo a estar más ancha que alta, o que en caso de escoger boxeo como sistema operativo pertenecería a la categoría de peso welter. A la que cierre el portátil me lanzaré sobre las dos mandarinas que quedan en el frutero, acurrucadas la una contra la otra, porque tengo más hambre que el perro de un maestro de escuela ciego. Y mañana, oh jornada heróica donde las haya, empiezo la gimnasia en aguas profundas. He avisado en el trabajo que si no aparezco a media mañana me hagan el favor de enviar al Samur a mi gimnasio y busquen en el fondo de la piscina, por favor. Ah, casi se me olvida. Hoy hace siete meses que dejé de fumar. He superado los 8.500 cigarrillos no fumados y me he ahorrado más de 1.000 euros (en tabaco, porque como dice el sabio Extrujado, mejor no hacer cuentas de los invertido en comida para aplacar al mono... )

miércoles, 28 de diciembre de 2005

A tres días del fin del mundo

escribo por no callar. Tengo un resfriado de aupa, un funeral en perspectiva para el viernes y un nuevo plan para enero: sobrevivir a las clases de gimnasia en aguas profundas. No se trata de submarinismo, noooo, aunque igual lo pruebo este verano, que mi peluquera Raquel sí lo practica y me ha engrescado. Lo de las aguas profundas es lo mismo que el aguagim, pero sin hacer pie. Si no me ahogo el primer día, daré testimonio del proceso. Aprovechando que estoy de vacaciones, ayer desperdicié parte de mi madrugada viendo un programa de Antena 3, que por cierto, tiene un trocito de web dedicada a la ley del tabaco y lo que comporta. Bueno, pues el programa de marras se componía de, a saber: un telepredicador anti-humo, fumador redimido peor que Savonarola, que basándose en el libro de Allen Carr "Dejar de fumar es fácil", daba consejos al público del plató, unas 150 personas y 6 ultra fumadores en primer plano. El guión era sencillo: el telepredicador iba dando consejos, aderezados con reportajes testimoniales "quemalmesientaelpiti" de los 6 ultra fumadores y sus sufridas familias, siempre bajo la atenta vigilancia y las oportunas acotaciones de Teresa Viejo, maestra de ceremonias. Un reloj digital en cuenta atrás presidía el plató. Todo el mundo fumaba (faltaba Garci) pero cuando el reloj llegase a las 00:00:00, allí se apagaban los cigarritos y ¡hala! ¡a empezar una nueva vida sin humo! En fin, un programa tonto como una catedral, cuya efectividad será nula excepto para los 6 ultra fumadores, a los que espero que arropen con una terapia apropiada. Dentro de un mes, o de tres o de seis, volverán a emitir un programa basado en el éxito y el fracaso de algunos de ellos. Otra noticia: los de Espasa me han ofrecido leer el libro de Carr (me lo envían gratis a casa) y publicar una crítica en este blog. Deben haberles propuesto lo mismo a los cincuenta mil diarios sobre dejar de fumar que hay colgados. Recuerdo que hojeé el libro hace cuatro años y pico en la casa de Katy en Sevilla, pero entonces ni quería oír hablar de dejar el camellito. En cuanto lo lea publicaré una crítica en condiciones. Tiene otro que se llama "Es fácil perder peso". ¡Ese es el que deberían enviarme, caramba! Porque perder kilos no debe ser difícil, la lástima es que kilo que pierdo, kilo que acabo encontrando... De momento, estoy a cinco días de los siete meses, que se dice pronto. Soy una campeona.