extrañamente en paz. Hace dos años, el 8 de noviembre cayó en domingo. Mi madre había muerto a las siete de la mañana tras una agonía que empezó el jueves por la noche. No sufrió. Me hubiera gustado que muriese en casa pero una última carrera por vencer a la muerte la trasladó del Clínic al Centro hospitalario Pere Virgili y fue una suerte. Cuando la noche del jueves la doctora me dijo que mi madre había traspasado el punto de no retorno le pedí que no sufriera. Ella me dio su palabra y la cumplió.
Mi madre murió sedada, sin consciencia, aunque el ictus que se la llevó ocho años antes ya le había robado su memoria, nuestra memoria, nuestra consciencia.
Ese mismo jueves por la noche se presentó en el hospital Julia, un hada que sabe cuándo tiene que aparecer y se quedó conmigo todo el tiempo. El viernes, al salir del trabajo, vino Tefa y ya no salió hasta el final. El sábado vino Mercé, también a quedarse con nosotras. Aída vino el mismo día de su cumpleaños, porque parece que no esté pero está.
El domingo, cuando mi madre murió, yo estaba dormida. Entonces aún necesitaba orfidal para cerrar los ojos y como me había dejado la medicación en casa estuve despierta desde el jueves, cuando empezamos a morir.
El domingo de madrugada dejé a mi madre con Julia y Tefa y atravesé Barcelona con la moto para buscar mis somníferos. Me tomé una dosis en el hospital, me tumbé en la cama de al lado y caí en un coma profundo. No llevaba ni dos horas durmiendo cuando Julia me despertó. "Amparo, despierta, tu madre ha muerto".
La cuidé desde que era pequeña. Me hice cargo de ella a mis 21, toda mi vida estuve pendiente de que no le faltara nada que estuviera en mi mano y en el momento supremo de la muerte no estuve a la altura. Sigo sin perdonármelo.
El domingo apareció Maite sin pedírselo y se hizo cargo de mi. Silvia estuvo pendiente de mi durante días. Hubieron más personas a mi lado, no recuerdo a todos. Estuve rodeada del cariño de mis amigos, como siempre, y lamento no recordar mejor los días siguientes a la muerte de mi madre. Vivía en una irrealidad permanente. La sentía a mi lado, ya fuera caminando, trabajando, en moto... Hablaba con ella sin parar, le comentaba casi todo lo que vivía, era imposible desvincularme de ella.
Pasaron los meses y poco a poco, mi madre fue ocupando su sitio en mi mundo, al lado, a veces enfrente.
Hoy hace dos años que mi madre murió y no esperaba que mi universo se removiera como lo ha hecho. He sentido la necesidad de contárselo a algunas personas de mi entorno, tanto a amigas como a compañeros de trabajo con los que mantengo una relación algo más estrecha. No lo he hecho para provocar compasión. Contarlo era la forma que he encontrado para gritarle al mundo que mi principio se acabó, que la persona a la que he dedicado mi vida ya no está y que, con 54, sigo llamándola mami.
Te echo de menos.
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miércoles, 8 de noviembre de 2017
domingo, 5 de mayo de 2013
Felicidades mamá, aunque no sepas quién soy
Cuando, con sesenta y pico, me repetías lo mucho que echabas de menos a tu madre que murió siendo tú tan joven, pensaba que eras muy pesada. Y recuerdo también una de tus frases recurrentes: "ya me echarás de menos cuando no esté". Es verdad todo. Estos últimos cinco años has ido perdiendo la poco consciencia que te dejó aquel ictus tan grave el día de Nochevieja. Al principio, me conocías de forma intermitente, aunque para ti he sido tu hermana, tu prima, una mujer que te cuida y, sobre todo, tu madre. Pero, de vez en cuando, aún me reconocías. Ahora hace tiempo que ya no. Echo de menos poder explicarte las tribulaciones por la que estoy pasando, de las personales y de las de siempre. Echo de menos tu voz. ¿Como hubieras tenido la voz de ancianita? Supongo que fuerte, como siempre, segura, un punto desafiante y sorprendentemente dulce cuando menos lo esperaba.
Creo que jamás me he saltado el Día de la madre. Esta vez sí. Me rompe el corazón verte tan destruida. Pensé que era tan valiente como tú para estas cosas. Lo soy para otras, llevo toda la vida demostrándolo, pero me duele tanto pensar en ti tal y como estás. Te congelé en el tiempo guapa, alta, energía pura, subiendo las escaleras del colegio para rescatarme de aquel lugar horrible que me separó de ti a los cuatro años.
Tienes 90 y aún ríes con mis tontadas, aunque no sepas que soy yo. Como dice Pedro Guerra en una de sus canciones: "Hazlos reír y te darán la vida". Eso es lo que yo quiero, mami, que sigas en mi vida. Te quiero de aquí al cielo.
Creo que jamás me he saltado el Día de la madre. Esta vez sí. Me rompe el corazón verte tan destruida. Pensé que era tan valiente como tú para estas cosas. Lo soy para otras, llevo toda la vida demostrándolo, pero me duele tanto pensar en ti tal y como estás. Te congelé en el tiempo guapa, alta, energía pura, subiendo las escaleras del colegio para rescatarme de aquel lugar horrible que me separó de ti a los cuatro años.
Tienes 90 y aún ríes con mis tontadas, aunque no sepas que soy yo. Como dice Pedro Guerra en una de sus canciones: "Hazlos reír y te darán la vida". Eso es lo que yo quiero, mami, que sigas en mi vida. Te quiero de aquí al cielo.
martes, 15 de enero de 2013
domingo, 8 de julio de 2012
Me mudo a la otra punta de Barcelona, después de
32 años viviendo en Gaudí, desde abril de 1980. La primera noche que pasé aquí me acompañó Marta, para que no me sintiera rara y porque se moría de ganas de salir de su casa, aunque fuera por una noche. En seguida, sin esoterismos, me empleé a fondo en limpiar los malos rollos que se habían vivido allí (deberíais haber conocido a mi abuela...) y en poco tiempo la hice mía.
Gaudí ha sido una casa fantástica. Me ha dado refugio, me ha permitido viajar, vivir aventuras profesionales y me ha escuchado más que nadie.
No me da pena dejarla; soy una profesional cerrando etapas, pero no sería propio de una dama largarme sin reconocerle las virtudes.
En esta casa he vivido los años más complicados de mi vida y ella ha cerrado filas para protegerme.
Miro la sala, el pasillo, el baño y casi todos los objetos cotidianos de mi vida están en cajas (gracias, @Ahmerce, sin tu energía aún estaría tratando de abrir el precinto). Espero poder mudarme a final de la semana próxima o la siguiente a un barrio que es un viejo conocido de mi segunda infancia.
Como dijo Roser, el año del dragón trae cambios. Pues que sepa el lagarto obeso que conmigo se ha empleado a fondo, aunque le reconozco que, por ahora, todo para bien.
Próximo capítulo, Les Corts.
domingo, 20 de noviembre de 2011
1922 fue un buen año
Lo sé porqué nació la señora estupenda de la foto, que tuvo a bien ser mi madre durante buena parte de su vida. Hace unos años que hemos cambiado los papeles, pero el amor que siento por ella no se ha movido ni un milímetro.
Hoy ha cumplido 89 años. Esta mañana he entrado en su habitación para felicitarla:
- ¡Mami! ¡Felicidades!
- ¿Por qué?
- ¡Es tu cumpleaños!
- ¿Y cuantos cumplo?
- Ochenta y nueve.
- Hum... Demasiados.
Hoy ha cumplido 89 años. Esta mañana he entrado en su habitación para felicitarla:
- ¡Mami! ¡Felicidades!
- ¿Por qué?
- ¡Es tu cumpleaños!
- ¿Y cuantos cumplo?
- Ochenta y nueve.
- Hum... Demasiados.
domingo, 1 de noviembre de 2009
La frase materna del mes:
Yo: Mami, ¿me quieres mucho?
Ella (con la mirada fija en el televisor, tratando de esquivar mi cabeza): Mucho.
Yo: ¿Como la trucha al trucho?
Ella (mirándome de reojo): ¡Y yo qué se como se quieren estos dos!
Ella (con la mirada fija en el televisor, tratando de esquivar mi cabeza): Mucho.
Yo: ¿Como la trucha al trucho?
Ella (mirándome de reojo): ¡Y yo qué se como se quieren estos dos!
miércoles, 27 de mayo de 2009
Hoy toca hablar de dinero público. 31.5 millones
de euros para comprar coches, motos y furgonetas. Sobre el estado de la implantación de la Ley de Dependencia y los fondos extraordinarios que el Estado y las Comunidades Autónomas van a destinar para que todas las personas que están esperando lo que les toca lo reciban ya ni una palabra. Mi madre lleva esperando cobrar lo que le toca desde febrero de 2008 (un año y tres meses). Y me importa un bledo que cuando lo cobre le ingresen los atrasos. Aún puede faltar entre 4 y 6 meses, así que la carga para mi sigue siendo la misma y empeorando cada día que pasa.
Treinta y un mil millones y medio de euros para coches, motos y furgonetas ecológicas. Se estima que esa millonada beneficiará a once mil puestos de trabajo. Mi madre, mientras tanto, en espera de la pensión de la ley de dependencia, un derecho, no un subsidio, que para eso votamos lo que votamos. Yo, mientras tanto, pidiendo dinero prestado para poder pagar a una cuidadora que se ocupe de ella cuatro horas al día y asegurarle así un mínimo bienestar sin que dependa de mi estado de salud.
Para muestra de lo mal que lo están haciendo todas las administraciones (española, y autonómica), un párrafo del artículo de El País del 13 de abril de este año que puedes leer entero pulsando aquí:
"La ministra (Trinidad Jiménez) dio ayer las siguientes cifras: 893.712 personas han solicitado hasta el momento ser beneficiarias de la ley y de ellas, el 70% (unas 600.000) tienen ya reconocido el derecho a recibir la prestación. Lo que nadie parece saber es cuántas están, efectivamente, recibiendo ya las ayudas. No existen datos fiables nacionales. Cada comunidad autónoma hace su propio recuento y toma en consideración distintos indicadores, de forma que casi más de dos años después de la entrada en vigor de la norma, no se sabe a ciencia cierta ni cuántas personas se están beneficiando de ella, ni cuántas están esperando las ayudas, ni por cuanto tiempo lo hacen."
Puestos de trabajo supuestamente beneficiados por el plan Autocat: 11.000
Personas que están en el limbo de la dependencia: ni se sabe, pero se cuenta en cientos de miles.
Empiezo a estar un poco cansada de que me manipulen.
Treinta y un mil millones y medio de euros para coches, motos y furgonetas ecológicas. Se estima que esa millonada beneficiará a once mil puestos de trabajo. Mi madre, mientras tanto, en espera de la pensión de la ley de dependencia, un derecho, no un subsidio, que para eso votamos lo que votamos. Yo, mientras tanto, pidiendo dinero prestado para poder pagar a una cuidadora que se ocupe de ella cuatro horas al día y asegurarle así un mínimo bienestar sin que dependa de mi estado de salud.
Para muestra de lo mal que lo están haciendo todas las administraciones (española, y autonómica), un párrafo del artículo de El País del 13 de abril de este año que puedes leer entero pulsando aquí:
"La ministra (Trinidad Jiménez) dio ayer las siguientes cifras: 893.712 personas han solicitado hasta el momento ser beneficiarias de la ley y de ellas, el 70% (unas 600.000) tienen ya reconocido el derecho a recibir la prestación. Lo que nadie parece saber es cuántas están, efectivamente, recibiendo ya las ayudas. No existen datos fiables nacionales. Cada comunidad autónoma hace su propio recuento y toma en consideración distintos indicadores, de forma que casi más de dos años después de la entrada en vigor de la norma, no se sabe a ciencia cierta ni cuántas personas se están beneficiando de ella, ni cuántas están esperando las ayudas, ni por cuanto tiempo lo hacen."
Puestos de trabajo supuestamente beneficiados por el plan Autocat: 11.000
Personas que están en el limbo de la dependencia: ni se sabe, pero se cuenta en cientos de miles.
Empiezo a estar un poco cansada de que me manipulen.
miércoles, 22 de abril de 2009
Ayer hice dos entrevistas a dos mujeres que se
ofrecían como cuidadoras. La primera, según una de sus referencias, distraía algún que otro billlete ajeno a la que se descuidaban sus legítimos propietarios. La segunda, antes de saber de qué iba el trabajo me ha preguntado por las vacaciones. Madre mía, cómo está el servicio.
martes, 21 de abril de 2009
Ahora mismo cogería a la cuidadora de mi
madre y la sumergiría en aceite hirviendo. Después de adiestrarla en el uso de la grúa, enseñarla a bañar a una persona mayor en la cama, tener una conversación sobre la mala fama de las bolivianas como trabajadoras porque algunas son como son y claro, no hay derecho y un montón de cosas más, que he soportado estoicamente porque necesito a alguien que me ayude, va y me dice la palurda que no puede sobrellevar tener que cocinar "a la española", vamos, cocinar algo más allá de un potaje diario de arroz blanco y cosas cocidas o refritas, que por lo que dice es lo que come ella cada día, como en su país, y su madre cocina en su restaurante.
Tras Gabriela, la mejor que he tenido pero tuvo la mala idea de regresar a Bolivia con su marido en paro y su hijo de tres años (Joan Marc, un morrudo guapísimo) "porque para pasarlo mal aquí, lo paso mal allí y por lo menos estoy con la familia", en tres semanas por mi casa ha pasado una enfermera pizpireta (enfermera como yo neurocirujana) que cogió el trabajo con la esperanza de regatearme el precio de los días festivos al alza. La segunda, una estudiante de sociología que a los dos días descubrió que no quería trabajar con ancianos y ésta, que logró engañarme haciéndome creer que su cabeza era algo más que el soporte de la pinza para el moño.
Total, si la pregunta és por qué no paso de esta chusma y contrato una empresa de atención domiciliaria la respuesta es porque cobran entre 12 y 20 euros la hora. Cuatro horas diarias, 6 días a la semana, haz cuentas.
Menos mal que la "oficina" de colocación de Cáritas, con Coro a la cabeza, funciona de maravilla. Vamos, que ya nos tuteamos esta santa mujer y yo. Hoy le he dicho que estaba harta y ella me ha respondido que ídem. Yo, con mi autoestima habitual, pensaba que el problema era mío y resulta que no, que hay una horda de lerdas entrando y saliendo de nuestros hogares que da miedito. La mujer que se encarga de buscarle trabajo a las inmigrantes sin papeles me decía que no entendía la falta de seriedad en general, con el poco trabajo que había ahora.
Yo soy una excelente profesional, cuento con un conocimiento en gestión, producción y cultura de empresa muy sólido, encima soy altamente creativa, y no me refiero a escribir chascarrillos, sino a aportar soluciones allá donde voy y a tener una actitud proactiva e incluso padezco un cierto exceso de corporatividad si se da el caso. Pues, manda cojones, estoy en el puto paro.
Igual debería empezar a comportarme en los trabajos como estas gilipollas, a ver si tengo más suerte.
Qué cabreo llevo, por el amor de Yoda.
Tras Gabriela, la mejor que he tenido pero tuvo la mala idea de regresar a Bolivia con su marido en paro y su hijo de tres años (Joan Marc, un morrudo guapísimo) "porque para pasarlo mal aquí, lo paso mal allí y por lo menos estoy con la familia", en tres semanas por mi casa ha pasado una enfermera pizpireta (enfermera como yo neurocirujana) que cogió el trabajo con la esperanza de regatearme el precio de los días festivos al alza. La segunda, una estudiante de sociología que a los dos días descubrió que no quería trabajar con ancianos y ésta, que logró engañarme haciéndome creer que su cabeza era algo más que el soporte de la pinza para el moño.
Total, si la pregunta és por qué no paso de esta chusma y contrato una empresa de atención domiciliaria la respuesta es porque cobran entre 12 y 20 euros la hora. Cuatro horas diarias, 6 días a la semana, haz cuentas.
Menos mal que la "oficina" de colocación de Cáritas, con Coro a la cabeza, funciona de maravilla. Vamos, que ya nos tuteamos esta santa mujer y yo. Hoy le he dicho que estaba harta y ella me ha respondido que ídem. Yo, con mi autoestima habitual, pensaba que el problema era mío y resulta que no, que hay una horda de lerdas entrando y saliendo de nuestros hogares que da miedito. La mujer que se encarga de buscarle trabajo a las inmigrantes sin papeles me decía que no entendía la falta de seriedad en general, con el poco trabajo que había ahora.
Yo soy una excelente profesional, cuento con un conocimiento en gestión, producción y cultura de empresa muy sólido, encima soy altamente creativa, y no me refiero a escribir chascarrillos, sino a aportar soluciones allá donde voy y a tener una actitud proactiva e incluso padezco un cierto exceso de corporatividad si se da el caso. Pues, manda cojones, estoy en el puto paro.
Igual debería empezar a comportarme en los trabajos como estas gilipollas, a ver si tengo más suerte.
Qué cabreo llevo, por el amor de Yoda.
lunes, 23 de marzo de 2009
Lunes 23, tercera quimio por la mañana y ocho guardias urbanos
en la puerta de mi casa por la tarde. Pero antes...
El caso es que, sobre las 13 h. estaba yo iniciando la tercera hora de fuego en el cuerpo, mirando pelis en mi flamente ultraportátil de 10", regalo de mis amigos para mi cumple, cuando recibo una llamada de Gabriela, la cuidadora de mi madre.
"Amparo, llevamos 40 minutos (CUARENTA) encerradas en el ascensor"
"Ahhh"
"Tranquila, ahora nos sacan. ¿Vamos al médico como estaba previsto, o volvemos a casa?"
Amparo, de corazón latino y mente germánica, piensa que tanto el médico como el mecánico ascensorista deben hacer su trabajo, así que envío a mi madre y a su cuidadora al médico, con la esperanza de que un servicio de reparación de urgencia solvente la avería, y más al comprobar que en el edificio vive al menos una persona en silla de ruedas.
A las dos de la tarde me desconectan de la máquina, adios, adios, ligero mareito que me hace desear un taxi pero recapacito y bajo en bus, y apenas pico el billete y me siento recibo otra llamada de la cuidadora.
"Que hemos regresado del médico y el del ascensor se ha ido a comer sin haberlo arreglado".
"Ahhhhh"
Tras un ligero pavor inicial por la ecuación madre en la calle+sin comida+sin medicación+con un mareo del quince (yo)+a la mierda la imagen de una Amparo post-quimio tirada en el sofá, sitúo Roma, ubico Santiago y empiezo a remover todo lo que se deja.
"No te muevas de la puerta que estoy llegando. Nos vamos a comer a un restaurante hasta ver qué pasa"
14:40, llego a mi portal.
Hablo con el presidente de mi escalera, que es un hombre amable y atento pero resolutivo, valiente y con iniciativa no. Le saco sin problemas el teléfono de Ascensores Zener para tratar de gestionar la reparación de urgencia con algo más de rapidez que la usual. O por lo menos, una explicación que me de la pista de a qué atenerme.
Me llevo a mi madre y a la cuidadora a comer a un restaurante junto a casa. 30 eurazos menos en mi cuenta.
15:15, primera llamada a Ascensores Zener que me deja perpleja. Efectivamente, el mecánico se ha ido a comer, decisión que le pertenece por completo. ¿Qué cuándo regresará? No lo saben, pero tratan de localizarlo y me llaman. Bien, muchas gracias, clonk, clonk.
15:25, segunda llamada a Ascensores Zener. No hemos podido localizar al mecánico porque el móvil de la empresa no debe ir bien (procedo a secar el vinagre de mi plato de ensalada para que no me escuezan los ojos por si acaban saltando de sus órbitas). "Ya, y ¿hay alguna otra forma de localizarlo en un caso como éste" (pongo a las chicas que me atienden en antecedentes por segunda vez). "Tranquila, la llamamos para decirle algo".
15:50, Antes de empezar a recorrer hospitales buscando a un mecánico de ascensores, llamo por tercera vez a la compañía. Siguen sin noticias de su empleado. La conversación ya no fluye con el chi correcto y las chicas lo notas, vaya si lo notan.
16:20, el dueño del restaurante empieza a recoger. Como mi madre, en su vida pasada fue una gran clienta, no sólo viene a besarla sino que nos proporciona asilo político con gusto.
Trato de pagar con tarjeta, me dicen que sólo billetes y dejándoles a mi madre en prenda salgo en busca de un cajero.
Oh casualidad, Aida me encuentra cruzando hacia el banco y ya no se separará de mi hasta las siete de la tarde, aproximadamente.
16:30, regreso con Aida al restaurante, ya con cash para rescatar a mi madre (aunque dudo por un momento habiéndola dejado en prenda... ) y decido tomar un cortado en compañía de mi amiga.
16:50, Llamo al 112, a ver si me echan una mano porque mi madre, tras cuatro ho
ras en la calle necesita regresar a su casa, a su cama, a su calma. Pregunto si llamo a los bomberos para que la suban y les paso la factura a Ascensores Zener y deciden comunicarme con la Guardia Urbana.
Me responde una simple teleoperadora, aunque muy corporativa, que me sugiere que sean los vecinos los que suban a mi madre cuatro pisos por la escalera. Al recordarle, con tono Corcuera, que la Guardia Urbana es un servicio público al servicio de la ciudadanía, resuelve consultarlo a instancias mayores (desde una centralita de telemarqueting se comunica con la centralita real de la Guardia Urbana, dos mesas más allá si no han cambiado las cosas desde que conocí el servicio hace unos años).
La tontaina de sugerencia ligera me dice que ahora me envían una patrulla.
"Define ahora, porque estoy en un restaurante y quiero saber cuando tardarán".
"Ah, si está en un restaurante a ver cuanto tarda usted en llegar porque igual va a ir la patrulla y no la encuentra".
Pregunto rápidamente al Universo si es necesario para mi crecimiento holístico seguir tratando con infrahumanos. Ante la falta de respuesta contesto a la telefonista con ínfulas de Teniente Furillo que estoy a un minuto de casa y que seguro que seré yo quien espere a la patrulla, ¿o acaso ya están subiendo por mi calle?" Clonk, clonk.
17:10, a todo esto, como pensaba estar en mi sofá, cuidándome, he programado para esta tarde cuatro entrevistas con nuevas cuidadoras con la esperanza de encontrar quien sustituya a Gabriela la maravillosa, que regresa a Bolivia porque su marido no encuentra trabajo, y yo la despediré con lágrimas en los ojos.
Empiezo a recibir (es un decir) a mis candidatas en un estupendo banco de la Avenida Gaudí, frente al portal de mi casa para controlar la llegada de la policía que , aunque aún yo no lo sepa, acabará resolviendo el marron de una ancianita con embolia que lleva ya más de cinco horas en la calle.
Aida se hace cargo de mi madre, me dice que ya controla ella a la guardia Urbana,cuando aparezcan, y empiezan a agolparse vecinos frente a mi mami. Yo voy haciendo entrevistas, mareo va, mareo viene, y con mala leche instalada.
17:30, Última llamada a Ascensores Zener. Otra chica me dice que han llamado al administrador de la finca avisándole de que el mecánico volverá a las 18:00 (debe ser las 18:00 zulú sudafricanas, a donde el tio ha ido a tomar unas tapas aprovechando la oferta mediodía de Vueling, porque si no no se entiende). "Pero habíais dicho que me avisaríais a mi". Rujo "tendrán noticias mías. Gracias por nada" (gran frase que siempre quise decir) y clonk, clonk.
17:32, Nueva conversación con la telefonista de la Guardia Urbana, "que ya llevamos un ratillo aquí y tus chicos no aparecen". "Dijiste que estabas en un restaurante", "Y al parecer no te quedaste con el dato que te di sobre que tardaría un minuto en llegar a mi portal".
Reconozco que casi me enternece la defensa pueril pero encendida de su ineficacia que hace la pobre desgraciada. Insiste en lo de que la suban los vecinos. La cuelgo sin enviarla a la mierda. Me estoy haciendo mayor.
17.40, Mi vecina Paqui, que se ha unido al club, vislumbra en el horizonte dos coches patrulla, dos, tratando de entrar en contra dirección por la esquina de mi casa. "Bajo a por ellos porque tienen pinta de ser los rescatadores". "¿Dos coches para una ancianita?, Mamá, ¿tienes acaso ficha policial?", pero aparco el interrogatorio para terminar la segunda entrevista a otra candidata a cuidadora. Una tercera me espera a pie derecho en la calle esperando su turno. En este momento de la tarde acaricio la idea de contactar con Almodovar e informarle de mi existencia y circunstancia.
17:45 Por fin llegan OCHO policías, dos en cada coche, dos a pie y dos más en moto.
Se arremolinan alrededor de mi encantadora madre y ejercen de lo que son, hombres que pretenden mandar todos a la vez. Aplazo la siguiente entrevista (la chica encantada, esto no se vive todos los días) y me pongo a organizar a la Guardia Urbana.
"Hay que subirla cuatro pisos, ¿habéis traido silla de transferencias" El que está a la cabeza de la dotación traduce un "¿locualo?" en "Jamás hemos hecho esto".
"Virgendelamorhermoso, pues me dejáis mucho más tranquila"
"Llamemos a ambulancias, dice el Guardia Canoso, y que vengan ellos con la silla, que seguro saben como se hace".
"No llaméis a nadie que voy a por la solución", que me sugiere mi vecina Paqui: ir a la ortopedia y pedirles una silla ligera.
Dicho y hecho. "No llaméis a la ambulancia hasta que vuelva", proyecto en tono bronco por culpa de un constipado. Paqui y yo regresamos con la silla-solución y ya tengo a ocho hombres mirándome con admiración. Estoy acostumbrada y no paro mientes, pero me preocupa el momento "Annapurna".
18.00 Mientras ellos entran a mi madre en la portería le digo a Aida que , cono el tinglao que he montado, si en ese momento aparece el mecánico de Ascensores Zener le doy una patada en los güevos. Ella me da la razón pero me pide que no lo haga delante de la policía local, "porloquemásquieras".
18:02, Ante ocho tíos decidiendo cómo transfieren a mi madre de una silla a otra, les cuadro y les doy las pertinentes instrucciones, que siguen sin discutir y con cierto alivio.
A continuación, les digo que subo yo primero para abrir la puerta cuando la expedición llegue a la cumbre, motivo por el cual me pierdo como mi madre se tima con uno de ellos, al que sólo debe llevarle unos cincuenta años, quinquenio más o menos, aunque eso lo sabré más tarde, cuando ya esté en su cama, cambiada y a punto de cenar.
La verdad es que los ocho aguerridos muchachotes, todos unos piezas de mucho cuidado (1,80 el más bajito), suben a la ligona en un plis plas.
Desde aquí, mi mayor agradecimiento a este equipo de la Guardia Urbana, que hoy me ha solventado un marrón importante, demostrando que no sólo se dedican a poner multas y sanciones. Bravo, por ser educados, atentos, humildes para aceptar las indicaciones pertinentes y por entender el nerviosismo de una hija que no siempre habla con el tono adecuado en momentos de tensión.
19:10 El ascensor está arreglado por un mecánico ninja al que nadie ha visto en las ocho horas que ha durado el episodio. Ascensores Zener, tenéis un servicio de urgencia de mierda que será convenientemente reclamado.
"Amparo, tienes que entender que estás pasando por un proceso físico y emocional que require que te concentres en ti".
"Hahahahahahahahahahahahahahahahahahahaha. Ayyyyyyyy, si con la terapia de la risa que me dáis gratis salgo como nueva. Hasta dentro de tres semanas, que ya será la última quimio". Pero con la familia que me ha tocado, seguro que no será la última aventura.
El caso es que, sobre las 13 h. estaba yo iniciando la tercera hora de fuego en el cuerpo, mirando pelis en mi flamente ultraportátil de 10", regalo de mis amigos para mi cumple, cuando recibo una llamada de Gabriela, la cuidadora de mi madre.
"Amparo, llevamos 40 minutos (CUARENTA) encerradas en el ascensor"
"Ahhh"
"Tranquila, ahora nos sacan. ¿Vamos al médico como estaba previsto, o volvemos a casa?"
Amparo, de corazón latino y mente germánica, piensa que tanto el médico como el mecánico ascensorista deben hacer su trabajo, así que envío a mi madre y a su cuidadora al médico, con la esperanza de que un servicio de reparación de urgencia solvente la avería, y más al comprobar que en el edificio vive al menos una persona en silla de ruedas.
A las dos de la tarde me desconectan de la máquina, adios, adios, ligero mareito que me hace desear un taxi pero recapacito y bajo en bus, y apenas pico el billete y me siento recibo otra llamada de la cuidadora.
"Que hemos regresado del médico y el del ascensor se ha ido a comer sin haberlo arreglado".
"Ahhhhh"
Tras un ligero pavor inicial por la ecuación madre en la calle+sin comida+sin medicación+con un mareo del quince (yo)+a la mierda la imagen de una Amparo post-quimio tirada en el sofá, sitúo Roma, ubico Santiago y empiezo a remover todo lo que se deja.
"No te muevas de la puerta que estoy llegando. Nos vamos a comer a un restaurante hasta ver qué pasa"
14:40, llego a mi portal.
Hablo con el presidente de mi escalera, que es un hombre amable y atento pero resolutivo, valiente y con iniciativa no. Le saco sin problemas el teléfono de Ascensores Zener para tratar de gestionar la reparación de urgencia con algo más de rapidez que la usual. O por lo menos, una explicación que me de la pista de a qué atenerme.
Me llevo a mi madre y a la cuidadora a comer a un restaurante junto a casa. 30 eurazos menos en mi cuenta.
15:15, primera llamada a Ascensores Zener que me deja perpleja. Efectivamente, el mecánico se ha ido a comer, decisión que le pertenece por completo. ¿Qué cuándo regresará? No lo saben, pero tratan de localizarlo y me llaman. Bien, muchas gracias, clonk, clonk.
15:25, segunda llamada a Ascensores Zener. No hemos podido localizar al mecánico porque el móvil de la empresa no debe ir bien (procedo a secar el vinagre de mi plato de ensalada para que no me escuezan los ojos por si acaban saltando de sus órbitas). "Ya, y ¿hay alguna otra forma de localizarlo en un caso como éste" (pongo a las chicas que me atienden en antecedentes por segunda vez). "Tranquila, la llamamos para decirle algo".
15:50, Antes de empezar a recorrer hospitales buscando a un mecánico de ascensores, llamo por tercera vez a la compañía. Siguen sin noticias de su empleado. La conversación ya no fluye con el chi correcto y las chicas lo notas, vaya si lo notan.
16:20, el dueño del restaurante empieza a recoger. Como mi madre, en su vida pasada fue una gran clienta, no sólo viene a besarla sino que nos proporciona asilo político con gusto.
Trato de pagar con tarjeta, me dicen que sólo billetes y dejándoles a mi madre en prenda salgo en busca de un cajero.
Oh casualidad, Aida me encuentra cruzando hacia el banco y ya no se separará de mi hasta las siete de la tarde, aproximadamente.
16:30, regreso con Aida al restaurante, ya con cash para rescatar a mi madre (aunque dudo por un momento habiéndola dejado en prenda... ) y decido tomar un cortado en compañía de mi amiga.
16:50, Llamo al 112, a ver si me echan una mano porque mi madre, tras cuatro ho
Me responde una simple teleoperadora, aunque muy corporativa, que me sugiere que sean los vecinos los que suban a mi madre cuatro pisos por la escalera. Al recordarle, con tono Corcuera, que la Guardia Urbana es un servicio público al servicio de la ciudadanía, resuelve consultarlo a instancias mayores (desde una centralita de telemarqueting se comunica con la centralita real de la Guardia Urbana, dos mesas más allá si no han cambiado las cosas desde que conocí el servicio hace unos años).
La tontaina de sugerencia ligera me dice que ahora me envían una patrulla.
"Define ahora, porque estoy en un restaurante y quiero saber cuando tardarán".
"Ah, si está en un restaurante a ver cuanto tarda usted en llegar porque igual va a ir la patrulla y no la encuentra".
Pregunto rápidamente al Universo si es necesario para mi crecimiento holístico seguir tratando con infrahumanos. Ante la falta de respuesta contesto a la telefonista con ínfulas de Teniente Furillo que estoy a un minuto de casa y que seguro que seré yo quien espere a la patrulla, ¿o acaso ya están subiendo por mi calle?" Clonk, clonk.
17:10, a todo esto, como pensaba estar en mi sofá, cuidándome, he programado para esta tarde cuatro entrevistas con nuevas cuidadoras con la esperanza de encontrar quien sustituya a Gabriela la maravillosa, que regresa a Bolivia porque su marido no encuentra trabajo, y yo la despediré con lágrimas en los ojos.
Empiezo a recibir (es un decir) a mis candidatas en un estupendo banco de la Avenida Gaudí, frente al portal de mi casa para controlar la llegada de la policía que , aunque aún yo no lo sepa, acabará resolviendo el marron de una ancianita con embolia que lleva ya más de cinco horas en la calle.
Aida se hace cargo de mi madre, me dice que ya controla ella a la guardia Urbana,cuando aparezcan, y empiezan a agolparse vecinos frente a mi mami. Yo voy haciendo entrevistas, mareo va, mareo viene, y con mala leche instalada.
17:30, Última llamada a Ascensores Zener. Otra chica me dice que han llamado al administrador de la finca avisándole de que el mecánico volverá a las 18:00 (debe ser las 18:00 zulú sudafricanas, a donde el tio ha ido a tomar unas tapas aprovechando la oferta mediodía de Vueling, porque si no no se entiende). "Pero habíais dicho que me avisaríais a mi". Rujo "tendrán noticias mías. Gracias por nada" (gran frase que siempre quise decir) y clonk, clonk.
17:32, Nueva conversación con la telefonista de la Guardia Urbana, "que ya llevamos un ratillo aquí y tus chicos no aparecen". "Dijiste que estabas en un restaurante", "Y al parecer no te quedaste con el dato que te di sobre que tardaría un minuto en llegar a mi portal".
Reconozco que casi me enternece la defensa pueril pero encendida de su ineficacia que hace la pobre desgraciada. Insiste en lo de que la suban los vecinos. La cuelgo sin enviarla a la mierda. Me estoy haciendo mayor.
17.40, Mi vecina Paqui, que se ha unido al club, vislumbra en el horizonte dos coches patrulla, dos, tratando de entrar en contra dirección por la esquina de mi casa. "Bajo a por ellos porque tienen pinta de ser los rescatadores". "¿Dos coches para una ancianita?, Mamá, ¿tienes acaso ficha policial?", pero aparco el interrogatorio para terminar la segunda entrevista a otra candidata a cuidadora. Una tercera me espera a pie derecho en la calle esperando su turno. En este momento de la tarde acaricio la idea de contactar con Almodovar e informarle de mi existencia y circunstancia.
17:45 Por fin llegan OCHO policías, dos en cada coche, dos a pie y dos más en moto.
Se arremolinan alrededor de mi encantadora madre y ejercen de lo que son, hombres que pretenden mandar todos a la vez. Aplazo la siguiente entrevista (la chica encantada, esto no se vive todos los días) y me pongo a organizar a la Guardia Urbana.
"Hay que subirla cuatro pisos, ¿habéis traido silla de transferencias" El que está a la cabeza de la dotación traduce un "¿locualo?" en "Jamás hemos hecho esto".
"Virgendelamorhermoso, pues me dejáis mucho más tranquila"
"Llamemos a ambulancias, dice el Guardia Canoso, y que vengan ellos con la silla, que seguro saben como se hace".
"No llaméis a nadie que voy a por la solución", que me sugiere mi vecina Paqui: ir a la ortopedia y pedirles una silla ligera.
Dicho y hecho. "No llaméis a la ambulancia hasta que vuelva", proyecto en tono bronco por culpa de un constipado. Paqui y yo regresamos con la silla-solución y ya tengo a ocho hombres mirándome con admiración. Estoy acostumbrada y no paro mientes, pero me preocupa el momento "Annapurna".
18.00 Mientras ellos entran a mi madre en la portería le digo a Aida que , cono el tinglao que he montado, si en ese momento aparece el mecánico de Ascensores Zener le doy una patada en los güevos. Ella me da la razón pero me pide que no lo haga delante de la policía local, "porloquemásquieras".
18:02, Ante ocho tíos decidiendo cómo transfieren a mi madre de una silla a otra, les cuadro y les doy las pertinentes instrucciones, que siguen sin discutir y con cierto alivio.
A continuación, les digo que subo yo primero para abrir la puerta cuando la expedición llegue a la cumbre, motivo por el cual me pierdo como mi madre se tima con uno de ellos, al que sólo debe llevarle unos cincuenta años, quinquenio más o menos, aunque eso lo sabré más tarde, cuando ya esté en su cama, cambiada y a punto de cenar.
La verdad es que los ocho aguerridos muchachotes, todos unos piezas de mucho cuidado (1,80 el más bajito), suben a la ligona en un plis plas.
Desde aquí, mi mayor agradecimiento a este equipo de la Guardia Urbana, que hoy me ha solventado un marrón importante, demostrando que no sólo se dedican a poner multas y sanciones. Bravo, por ser educados, atentos, humildes para aceptar las indicaciones pertinentes y por entender el nerviosismo de una hija que no siempre habla con el tono adecuado en momentos de tensión.
19:10 El ascensor está arreglado por un mecánico ninja al que nadie ha visto en las ocho horas que ha durado el episodio. Ascensores Zener, tenéis un servicio de urgencia de mierda que será convenientemente reclamado.
"Amparo, tienes que entender que estás pasando por un proceso físico y emocional que require que te concentres en ti".
"Hahahahahahahahahahahahahahahahahahahaha. Ayyyyyyyy, si con la terapia de la risa que me dáis gratis salgo como nueva. Hasta dentro de tres semanas, que ya será la última quimio". Pero con la familia que me ha tocado, seguro que no será la última aventura.
domingo, 8 de febrero de 2009
Tercer día tras la quimio: peor de
lo previsto, o sea, he vuelto a pecar de optimista. Ayer, segundo día tras la sesión, mi esqueleto huyó del cuerpo y éste, convertido en guiñapo, se acurrucó en la cama sin energía. Solo logré ponerlo en marcha una hora, para ocuparme de mi madre por la noche. Hoy no he conseguido arrancar el motor hasta pasadas las 2 de la tarde. Ahora vuelvo a estar desparramada en el sillón, con Indiana encima y mi madre en su silla de ruedas. Todo controlado. A ver si aguanto así hasta la hora de su cena.
Espero levantarme mañana ya sin náuseas, mareos y con el esqueleto de nuevo en su sitio. Menudo cobarde, huir así, a la primera de cambio. Menos mal que mi quimio es casi de juguete. Ahora soy incapaz de pensar en aquellas personas para las que esta terapia es mucho más que una prevención, como es en mi caso.
Espero levantarme mañana ya sin náuseas, mareos y con el esqueleto de nuevo en su sitio. Menudo cobarde, huir así, a la primera de cambio. Menos mal que mi quimio es casi de juguete. Ahora soy incapaz de pensar en aquellas personas para las que esta terapia es mucho más que una prevención, como es en mi caso.
lunes, 29 de diciembre de 2008
En algunos lugares la Nochebuena se celebra
a primera hora de la tarde del 24 de diciembre, entre ellos el sociosanitario donde está mi madre hasta que me recupere del todo. Tengo algunos problemillas con una cicatriz estúpida que se empeña en seguir abierta; bobadas.
Esta Nochebuena participé con mi mami en la fiesta de Navidad que les montan a los ancianitos. No les importa mucho que aún haya claridad porque la mayoría apenas reparan en el significado del contraste día/noche y porque les dan polvorones, fantadenaranja y hasta chupitos de cava a los menos medicados.
La noche americana estuvo amenizada por una orquesta de dos miembros, dos. Uno de ellos, con gorro de papanoel, tocaba un organo electrónico y la otra miembro cantaba como podía.
El instante memorable de la fiesta llegó, al menos para mi, justo antes de que la cantante, embalada tras cuatro canciones y un popurrí villanciquero se arrancase con una polca. La artista, dirigiéndose a la platea, lanzó una propuesta peculiar: "¡vamos, todos a dar palmas!".
Un tanto desconcertados, los más ágiles giraron lentamente la cabeza hacia quien tenían más cerca, preguntándose "¿tengo que dar palmas con mis propias manos o puedo chocar la que aún muevo con la que le funcione a alguien de por aquí?".
Igual para la Nochebuena 2009 el centro añade una Wii al show.
Esta Nochebuena participé con mi mami en la fiesta de Navidad que les montan a los ancianitos. No les importa mucho que aún haya claridad porque la mayoría apenas reparan en el significado del contraste día/noche y porque les dan polvorones, fantadenaranja y hasta chupitos de cava a los menos medicados.
La noche americana estuvo amenizada por una orquesta de dos miembros, dos. Uno de ellos, con gorro de papanoel, tocaba un organo electrónico y la otra miembro cantaba como podía.
El instante memorable de la fiesta llegó, al menos para mi, justo antes de que la cantante, embalada tras cuatro canciones y un popurrí villanciquero se arrancase con una polca. La artista, dirigiéndose a la platea, lanzó una propuesta peculiar: "¡vamos, todos a dar palmas!".
Un tanto desconcertados, los más ágiles giraron lentamente la cabeza hacia quien tenían más cerca, preguntándose "¿tengo que dar palmas con mis propias manos o puedo chocar la que aún muevo con la que le funcione a alguien de por aquí?".
Igual para la Nochebuena 2009 el centro añade una Wii al show.
martes, 21 de octubre de 2008
jueves, 2 de octubre de 2008
Desde las 6 de la tarde de hoy soy apoderada
Total, que ahora puedo comprar, vender, incluso negociar con las propiedades maternas en ultramar . Puedo despedir a gente, contratar a gente. Puedo cualquier cosa.
Soy apoderosísima.
Lástima que no haya ni un comino para apoderar. Pero en otra reencarnación me lo pido. Bueno, eso en caso de que regrese a este valle de lágrimas, que ganas, ganas, ahora mismo no tengo.
lunes, 25 de agosto de 2008
Ayer, mi madre y yo estuvimos todo el día
y la noche en danza. Sobre las 5:45 a.m., ya en mi cama, oí como me llamaba a grito pelado. Cuando entré en su habitación para ver qué quería por enésima vez, me presentó a unas visitas sentadas al borde de su cama.
Tras soltar un sapo y dos culebras salí del cuarto. Estaba cerrando la puerta cuando escuché como mi madre disculpaba mi salida de tono ante las visitas: "es que lleva una temporada un poco nerviosa".
Como decía Aquel, "hay otros mundos, pero están en éste". Y yo puedo asegurar que una parte de los habitantes de ese otro mundo pasan por mi casa en algún momento, preferentemente de madrugada.
Tras soltar un sapo y dos culebras salí del cuarto. Estaba cerrando la puerta cuando escuché como mi madre disculpaba mi salida de tono ante las visitas: "es que lleva una temporada un poco nerviosa".
Como decía Aquel, "hay otros mundos, pero están en éste". Y yo puedo asegurar que una parte de los habitantes de ese otro mundo pasan por mi casa en algún momento, preferentemente de madrugada.
domingo, 17 de agosto de 2008
¿Qué se puede hacer cuando regresas a casa
A lo que iba. Estaba limpiando verduras con la radio puesta bajito cuando he escuchado a un comentarista deportivo. Tema: partido de nosequé entre España y, creo, Nueva Zelanda.
Vale que a los periodistas de deportes se les echa de comer aparte, básicamente la mayoría ocultan su falta de preparación inventándose una jerga que machaca el lenguaje sin piedad.
Pues bien, el zoquete ha dicho algo así como "los españoles y los kiwis". ¡Los "kiwis"! para referirse a los jugadores neozelandeses. Impresionante. ¿Y nosotros que somos? ¿los toreros? ¿los flamencos? ¿los toritobravo?, digo yo, por la ley de la reciprocidad.
Hace una semana nos veíamos las caras con los yanquis por la foto de un equipo español (denosequé, es que me importan un bledo los JJOO) cuyos componentes se estiraban los ojos achinándolos y ahora un periodista al que se le supe una cierta formación llama "kiwis" a los de las antípodas.
Personalmente, la foto de los achinaos no me pareció nada ofensiva, más bien graciosa y cómplice, pero se ve que teníamos al entrenados yanqui mal aspectao y le fue de perlas montar polémica para distraer la atención del juego (desconozco y me trae sin cuidado saber si ganamos o perdimos contra los capitaneados por el acusica).
Del de los "kiwis" me molesta lo que siempre me ha molestado de los comentaristas deportivos: que recurran al recurso fácil, al giro barriobajero. "Lo' kívis" (pronúnciese con deje arrabalero, por favor). Y se queda tan ancho, el tio.
En una tesitura similar, hace un par de días pongo TV3, "la meva" y en un magazine matinal, cuyo director está de vacaciones, los suplentes invitan a un economista, profesor universitario de cuyo nombre no quiero acordarme. La invitación es fruto de la pregunta del día que se le hace a la audiencia, que vota si o no por sms. Siempre hay un experto que arroja luz, o vomita datos, sobre dicha pregunta de actualidad.
Pues bien, ese día la audiencia debía decidir si las medidas de Zapatero para paliar la crisis eran adecuadas. El presentador, guapo pero más soso que el plástico de un polo flag, le hace la pregunta al experto y va y el tío contesta: "no sé cuales son las medidas de Zapatero, porque no las he leído, pero no me parecen acertadas". Cágate lorito. O sea, no le conozco, pero es usted un imbécil, es un poner.
Tampoco yo conozco las medidas de Zapatero ya que me despiertan el mismo interés que los JJOO, pero no se me ocurrirá opinar sobre ellas con esta frivolidad, y menos si me invitan como experta a un programa de televisión, ni que sea local.
El profesor-tiparraco se cargó de un plumazo al equipo de producción, y seguro que le pasaron el tema antes de venir. Y si no le dieron demasiado tiempo para mirárselo y se cabreó (a veces pasa si los de producción no son ágiles), que hubiera declinado ir. Vamos, me hace a mi eso en directo y le tacho ipso facto de mi agenda de expertos. Y si puedo, también le tacho del censo.
lunes, 4 de agosto de 2008
Todo el mundo está de vacaciones menos yo,
Entre que ya no tomo psicotrópicos y que la vida está peleona, lo único que me apetece escribir es cacaculopedopis y, como diría una tía mía muy estupenda, "si no puedes decir nada agradable es mejor no decir nada". Bueno, tampoco le hago mucho caso porque si lo hiciera me pasaría la vida callada como una muerta. La verdad es que tampoco escribo ni nada porque me da pereza.
Cosas memorables de la última semana:
Susanalacuidadora ya no es más cuidadora. Lo que empezó muy bien ha ido degradándose en apenas tres meses hasta ganarse a pulso la categoría "hijasdelagranputa" y ya no trabaja más en mi casa. Ciertas irregularidades, incluidos aperitivos a mi costa y siestas dignas de Obelix sufragadas por una servidora, han hecho que esta tipa saliera de mi casa tan rápido como fue posible. Se puede tomar el pelo a mucha gente durante poco tiempo, pero no se puede tomar el pelo a una persona todo el tiempo (o algo así creo que era),
La nueva cuidadora se llama Daniela. Tiene un hijo más que la otra (4 a 3) y tres años menos (28). Parece buena persona. Lo malo, para ella, es que tendrá que ganarse la confianza gramo a gramo (por poner una magnitud a la confianza). Con la otra he tenido bastante.
De momento, lo primero que hice fue enseñarle la garrafa de aceite reciclado, por si las moscas y los cólicos.
Sigo con ganas de fumar. Cada vez más. Y siempre que alguien me dice "bravo por no fumar" me entran ganas de salir corriendo y besar en la boca al primer estanquero que encuentre.
Mono y yo nos vamos a dormir. Es un capullo pero al menos no da patadas.
Prometo alguna que otra entrada sobre mis aventuras en la Seguridad Social, la institución que más lerdos y lerdas tiene por centímetro cuadrado de mostrador de atención al público. Y también prometo ponerme al día sobre la (ausente) ley de dependencia.
lunes, 26 de mayo de 2008
Susanalacuidadora es un sol. Se lleva muy bien con mi
madre --y mi madre con ella, que es casi más importante--, se está acostumbrando a mi perra, aunque no hasta el punto de dejarla hacer la siesta sobre sus piernas, y plancha toda la ropa que lavo, lo que es mucho planchar sumando sábanas, toallas y demás. Susana no tiene desperdicio, hasta el punto que hemos estado a punto de ser objetos de estudio por parte del Ministerio de Medio Ambiente como increíbles filtros humanos para biocarburante.
La cosa empezó una noche, cuando fui a verter el aceite usado para freír unas croquetas en una garrafa de cinco litros que en su tiempo contuvo agua de manantial y ahora recibe, además del aceite sobrante de frituras variadas con o sin tropezones, el exceso de escabeche de latas de atún amén de otros fluidos indefinibles de cualquier conserva que lleve una base oleosa.
Sartén en mano derecha, garrafa en mano izquierda, comprobé extrañada que el nivel de aceite reciclado había bajado. Cual Doble Núcleo, en un instante mi cerebro unió dos imágenes: la de la garrafa y la de un cuenco que utilizo para guardar y reutilizar el aceite una o dos veces hasta su destino final: la garrafa de marras. Aproximadamente, calculé que llevaba una semana observando que en el cuenco --chino para más señas, con el dibujo de un dragón parecido a un Setter azul-- el aceite no era amarillo vibrante sino rojizo y de oscuro e inconcreto poso. A lo largo de siete días, mi inteligencia sobrehumana relacionó el color del aceite del cuenco con las costumbres culinarias de Susana, boliviana de nacimiento, y no le di más importancia.
Mirada al cuenco. Mirada a la garrafa. De vuelta al cuenco y, aún dudando, llamé a Susanalacuidadora:
- Buenas noches Susana (educación ante todo), ¿con qué aceite estás cocinando? ("desde hace quince días", callé).
Susana, que debió pensar "rara es esta mujer que me llama a las once de la noche para una pregunta tan tonta, ellasabrá", contestó diligente:
- Con el de la garrafa.
En ese momento, mis encías se replegaron sobre sí mismas, bubas y bubas empezaron a estallar en mi imaginación por toda mi piel y le contesté:
- Te voy a matar.
Susana rió (ya la había amenazado de la misma forma si rompía el televisor de plasma, si rompía el portátil, si rompía la jarra de la cafetera y si rompía alguna que otra cosilla) y dijo: - Ah, yaaaaa meeee extrañabaaaaa.
Pues si te extrañaba ¡por qué no me preguntaste, alma de cántaro? Imagino que debió relacionar el color y los posos marronuzcos del aceite de la garrafa con mis costumbres culinarias, catalana de nacimiento.
Ninguna buba ha estallado en la piel de nadie de mi casa pero mi madre está cada vez más despierta y atenta a cualquier estímulo. Puede que influyan las tres sesiones de fisio semanales, o las dos de reflexo. O que sale a pasear cada mañana. Quizá también que colorea dibujos y que no para de venir gente a verla y charlan. Lo que jamás sabremos es la influencia que haya podido tener en su estimulación cognitiva el que haya ingerido parte del contenido de la garrafa maldita. ¿Positiva? ¿Negativa? ¿Diferente? Lo seguro es que, desde la noche en que descubrí que faltaba aceite reciclado, por llamarlo de alguna forma, Susanalacuidadora cocina con aceitecarbonell de botella, amarillito, del de toda la vida. Lo usa dos veces y lo vierte religiosamente en la garrafa de reciclaje. Y yo no le quito ojo al nivel del recipiente, por lo que pueda pasar.
La cosa empezó una noche, cuando fui a verter el aceite usado para freír unas croquetas en una garrafa de cinco litros que en su tiempo contuvo agua de manantial y ahora recibe, además del aceite sobrante de frituras variadas con o sin tropezones, el exceso de escabeche de latas de atún amén de otros fluidos indefinibles de cualquier conserva que lleve una base oleosa.
Sartén en mano derecha, garrafa en mano izquierda, comprobé extrañada que el nivel de aceite reciclado había bajado. Cual Doble Núcleo, en un instante mi cerebro unió dos imágenes: la de la garrafa y la de un cuenco que utilizo para guardar y reutilizar el aceite una o dos veces hasta su destino final: la garrafa de marras. Aproximadamente, calculé que llevaba una semana observando que en el cuenco --chino para más señas, con el dibujo de un dragón parecido a un Setter azul-- el aceite no era amarillo vibrante sino rojizo y de oscuro e inconcreto poso. A lo largo de siete días, mi inteligencia sobrehumana relacionó el color del aceite del cuenco con las costumbres culinarias de Susana, boliviana de nacimiento, y no le di más importancia.
Mirada al cuenco. Mirada a la garrafa. De vuelta al cuenco y, aún dudando, llamé a Susanalacuidadora:
- Buenas noches Susana (educación ante todo), ¿con qué aceite estás cocinando? ("desde hace quince días", callé).
Susana, que debió pensar "rara es esta mujer que me llama a las once de la noche para una pregunta tan tonta, ellasabrá", contestó diligente:
- Con el de la garrafa.
En ese momento, mis encías se replegaron sobre sí mismas, bubas y bubas empezaron a estallar en mi imaginación por toda mi piel y le contesté:
- Te voy a matar.
Susana rió (ya la había amenazado de la misma forma si rompía el televisor de plasma, si rompía el portátil, si rompía la jarra de la cafetera y si rompía alguna que otra cosilla) y dijo: - Ah, yaaaaa meeee extrañabaaaaa.
Pues si te extrañaba ¡por qué no me preguntaste, alma de cántaro? Imagino que debió relacionar el color y los posos marronuzcos del aceite de la garrafa con mis costumbres culinarias, catalana de nacimiento.
Ninguna buba ha estallado en la piel de nadie de mi casa pero mi madre está cada vez más despierta y atenta a cualquier estímulo. Puede que influyan las tres sesiones de fisio semanales, o las dos de reflexo. O que sale a pasear cada mañana. Quizá también que colorea dibujos y que no para de venir gente a verla y charlan. Lo que jamás sabremos es la influencia que haya podido tener en su estimulación cognitiva el que haya ingerido parte del contenido de la garrafa maldita. ¿Positiva? ¿Negativa? ¿Diferente? Lo seguro es que, desde la noche en que descubrí que faltaba aceite reciclado, por llamarlo de alguna forma, Susanalacuidadora cocina con aceitecarbonell de botella, amarillito, del de toda la vida. Lo usa dos veces y lo vierte religiosamente en la garrafa de reciclaje. Y yo no le quito ojo al nivel del recipiente, por lo que pueda pasar.
miércoles, 7 de mayo de 2008
Casi, casi a punto estoy de recuperar mi vida normal,
si es que escribir esta entrada con la perra de la vecina paseando sobre mi mesa y mi perra gruñendo y patrullando por debajo se pueda considerar común y corriente en la media de la ciudadanía.
Mañana, tras tres días de adiestramiento intensivo, dejo a mi madre en manos de Susanalacuidadora. Buena chica, algo atolondrada pero concienzuda. Hoy ha estado a punto de cruzar la línea de no retorno cuando ha llamado "yaya" a mi madre, que ha clavado sus ojos en mi con mirada de "¿qué me ha llamado?" y yo, como si se tratase de Ryan el soldado, he corrido en su auxilio.
"No la llames 'yaya', ni 'abuela'. Llámala María o Ángeles, como prefieras".
Susanalacuidadora ha escogido "María".
Paciencia tiene, eso es indudable. Esta mañana, para que no deambularan sin rumbo, las he enviado a un recado. El destino era fácil: "bajas la calle, giras a la izquierda y está en la primera esquina". Vale, pues mi madre se ha empeñado en guiar y la otra le ha hecho caso. Han dado siete vueltas a la Sagrada Familia (no tenían ni que pasar por delante) y encima sin que la pobre desgraciada pudiera preguntar, porque mi madre no la dejaba.
De vuelta a casa estaban arreglando el ascensor. No ha hecho ningún amago de tirarse por el balcón una vez arriba -es indudable que tiene carácter- y encima me ha contado la anécdota del paseíto con risas. Ya veremos si sigue riendo cuando lleve 45 años con mi madre.
Mañana saldré de casa a las 9 de la mañana y pasaré el día fuera. Yupi.
Ley de dependencia: tres meses desde la petición y aún sin respuesta de la Administración. También yupi.

Mañana, tras tres días de adiestramiento intensivo, dejo a mi madre en manos de Susanalacuidadora. Buena chica, algo atolondrada pero concienzuda. Hoy ha estado a punto de cruzar la línea de no retorno cuando ha llamado "yaya" a mi madre, que ha clavado sus ojos en mi con mirada de "¿qué me ha llamado?" y yo, como si se tratase de Ryan el soldado, he corrido en su auxilio.
"No la llames 'yaya', ni 'abuela'. Llámala María o Ángeles, como prefieras".
Susanalacuidadora ha escogido "María".
Paciencia tiene, eso es indudable. Esta mañana, para que no deambularan sin rumbo, las he enviado a un recado. El destino era fácil: "bajas la calle, giras a la izquierda y está en la primera esquina". Vale, pues mi madre se ha empeñado en guiar y la otra le ha hecho caso. Han dado siete vueltas a la Sagrada Familia (no tenían ni que pasar por delante) y encima sin que la pobre desgraciada pudiera preguntar, porque mi madre no la dejaba.
De vuelta a casa estaban arreglando el ascensor. No ha hecho ningún amago de tirarse por el balcón una vez arriba -es indudable que tiene carácter- y encima me ha contado la anécdota del paseíto con risas. Ya veremos si sigue riendo cuando lleve 45 años con mi madre.
Mañana saldré de casa a las 9 de la mañana y pasaré el día fuera. Yupi.
Ley de dependencia: tres meses desde la petición y aún sin respuesta de la Administración. También yupi.
lunes, 28 de abril de 2008
Me pregunta Roser que qué tal el domingo. Pues bien,
ayer acabó de manifestarse una inflamación con dolorcito en el codo derecho (Gracias Dios mío por hacerme rarita, ergo ambidiestra) y sobre las once de la noche, cuando estaba disfrutando de una copa de bailey's en mi nueva gran cama heredada, se rompió una pata. Una vez Indiana y yo nos recuperamos del descabalamiento me puse a hacer bricolaje. Terminé a medianoche, sacando el somier (sí, con el brazo a la mierda) y durmiendo sobre el colchón directamente en el suelo. Mi perra, encantada. Así se ahorra el salto.
Mi madre empieza a mostrar signos de rebelión cuando la devuelvo a la clínica el domingo por la noche. Ayer, tras la cuesta, las rampas y el ascensor, justo al llegar a su habitación del internado me dijo: "hala, vámonos que yo aquí no me quedo". Eran las diez de la noche, momento del día en que suelo ser bastante persuasiva, que me lo dice a las tres de la tarde y me la traigo de vuelta a casa cuesta abajo.
En mayo se incorpora una persona nueva a mi vida (mi casa, mi nevera, mi cama si alguna noche tengo suerte y libro... ). Se llama Susana y viene a cuidar a mi madre cuando yo esté produciendo para mantener a la abeja reina. Es boliviana, como Magalí, la santa que ponía en orden mi casa y a la que acabo de licenciar tras tres años de servicios porque estoy en un momento de prioridades. Menos mal que Susana es íntima amiga de Magalí y ésta me ha prometido ponerla a marcar el paso si se desmanda. Espero que mime mucho a mi madre, además de todo el resto de cosas que ha de hacer con ella.
Aprovechando la jerga militar que me ha salido en el párrafo anterior(cuando organizo, organizo, y me sale el instinto alejandromagnífico), aprovecho para compartir contigo que los periodistas me tienen hasta más arriba de lo razonable con motivo de las crónicas y noticias sobre la Chacón.
La Ministra de Defensa está embarazada. Pues os jodéis, pero empieza a resultar cansino que cada noticia escrita, radiada o emitida lleve la coletilla "viaja acompañada por un médico/pediatra/ginecólogo".
A ver, plumilla de tres al cuarto (el despectivo vale también para el presidente, el consejo de administración y los subsiguientes cargos que te dicen qué y cómo transmitir. Vuelvo a empezar que hasta yo me pierdo con tanta subordinada.
A ver, plumilla de tres al cuarto, Juan Carlos de Borbón también lleva médico a cuestas, y la Princesa de Asturias cuando ha estado embarazada. Y muchos ministros y otros altos cargos, si lo precisan, llevan un equipo médico adecuado para la dolencia que sufran en ese momento. Totolahaba. Hostia. Vale ya de tanta tontería.
Es ministra, está embarazada y planea seguir en activo hasta que las contracciones lleguen en oleadas de diez minutos. Pues te jodes si no te gusta, y empieza a transmitir lo que a todos los españoles nos importa de su trabajo: la intención, la gestión y el resultado de la suma de ambos.
La carrera de periodismo es una de las más fáciles, por eso la escogí, porque no tenía ganas de dar palo al agua. Pero la profesión de periodista es una de las más difíciles. Y no hablo de alcanzar la excelencia, aún menos en la generación eseemeese. Simplemente pido oficio y ganas de no sumarse a la mediocridad del momento.
Uff, para desahogarse es mucho mejor esto del bloc que llorar con una peli. Hala, me largo a comprar un somier.

Mi madre empieza a mostrar signos de rebelión cuando la devuelvo a la clínica el domingo por la noche. Ayer, tras la cuesta, las rampas y el ascensor, justo al llegar a su habitación del internado me dijo: "hala, vámonos que yo aquí no me quedo". Eran las diez de la noche, momento del día en que suelo ser bastante persuasiva, que me lo dice a las tres de la tarde y me la traigo de vuelta a casa cuesta abajo.
En mayo se incorpora una persona nueva a mi vida (mi casa, mi nevera, mi cama si alguna noche tengo suerte y libro... ). Se llama Susana y viene a cuidar a mi madre cuando yo esté produciendo para mantener a la abeja reina. Es boliviana, como Magalí, la santa que ponía en orden mi casa y a la que acabo de licenciar tras tres años de servicios porque estoy en un momento de prioridades. Menos mal que Susana es íntima amiga de Magalí y ésta me ha prometido ponerla a marcar el paso si se desmanda. Espero que mime mucho a mi madre, además de todo el resto de cosas que ha de hacer con ella.
Aprovechando la jerga militar que me ha salido en el párrafo anterior(cuando organizo, organizo, y me sale el instinto alejandromagnífico), aprovecho para compartir contigo que los periodistas me tienen hasta más arriba de lo razonable con motivo de las crónicas y noticias sobre la Chacón.
La Ministra de Defensa está embarazada. Pues os jodéis, pero empieza a resultar cansino que cada noticia escrita, radiada o emitida lleve la coletilla "viaja acompañada por un médico/pediatra/ginecólogo".
A ver, plumilla de tres al cuarto (el despectivo vale también para el presidente, el consejo de administración y los subsiguientes cargos que te dicen qué y cómo transmitir. Vuelvo a empezar que hasta yo me pierdo con tanta subordinada.
A ver, plumilla de tres al cuarto, Juan Carlos de Borbón también lleva médico a cuestas, y la Princesa de Asturias cuando ha estado embarazada. Y muchos ministros y otros altos cargos, si lo precisan, llevan un equipo médico adecuado para la dolencia que sufran en ese momento. Totolahaba. Hostia. Vale ya de tanta tontería.
Es ministra, está embarazada y planea seguir en activo hasta que las contracciones lleguen en oleadas de diez minutos. Pues te jodes si no te gusta, y empieza a transmitir lo que a todos los españoles nos importa de su trabajo: la intención, la gestión y el resultado de la suma de ambos.
La carrera de periodismo es una de las más fáciles, por eso la escogí, porque no tenía ganas de dar palo al agua. Pero la profesión de periodista es una de las más difíciles. Y no hablo de alcanzar la excelencia, aún menos en la generación eseemeese. Simplemente pido oficio y ganas de no sumarse a la mediocridad del momento.
Uff, para desahogarse es mucho mejor esto del bloc que llorar con una peli. Hala, me largo a comprar un somier.
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