Y hoy, que ha sido mi primer día de trabajo, he pensado que era buena idea iniciarme en los misterios del aqua extrem, "entrenamiento de alta intensidad" y una de las "sesiones acuáticas más extremas". Vamos, que me he pasado la mañana convencida de que iba a entrenar con Chuck Norris.
Al llegar a la pileta me he encontrado con una mujer que casi me doblaba la edad (¡que ya es edad!) y me he dictado una orden mental: "No volver a hacer caso de la publicidad del gimnasio". Y como soy un poco sobradita, he mantenido el ejercicio txunda-txunda dentro del agua al ritmo que marcaba la monitora, ni un "venga-venga" menos. Ahora, ya en casita, me duele todo el cuerpo. El miércoles tengo nueva sesión y si coincido con la ancianita, que ha terminado la clase como una rosa, le preguntaré si tiene algún sobrino que se llame Chuck.