Páginas

lunes, 17 de agosto de 2009

Mi padre ha muerto hoy a las 9 de la mañana.

Lo sé porque a media tarde he contestado una llamada perdida. Me ha respondido un tal Charles Lowestin, uruguayo, argentino, chileno... no soy buena diferenciando acentos.
Se ha "creído en la obligación" de comunicármelo. Yo le he contestado que mi padre murió el 29 de junio de 1984 y ahí el hombre se ha sentido algo incómodo.
"Bueno, yo no...". Mi respuesta ha sido "usted ha entrado en mi intimidad sin que yo se lo pidiera. Ahora debe escuchar mi respuesta". Despedida y cierre. Fin de la conversación.
Seguro que este Lowestin debe ser otra pobre persona que cayó rendidamente enamorada de mi padre, gran encantador de serpientes.

Me siento rara. Hacía días que me rondaba la sospecha. Cuando Aída me preguntó si sabía algo más de mi padre le dije que no. Pero tenía tan claro que cuando llegara el momento me iba a enterar. Siempre he tenido esta mala suerte. Quiera o no, alguien acaba contándome cosas que quizá prefería no haber sabido.

No es el caso. Sea quien sea el samaritano que me ha llamado, le agradezco, y así lo he hecho antes de colgar, que me haya informado del final de una etapa. Necesito hacer las paces con el universo paterno. Quizá porque nunca me sentí parte de su mundo. He sido una de tantas personas a las que su padre no ha querido. Y llevo viviendo con ello muchos años, todos los que tengo.

Hay mucha historia hasta llegar a aquí, pero aún me hace demasiado daño explicarla. Que mi padre haya muerto me permite, por fin, ubicarlo, algo que me negó los veinticinco últimos años y me produce un extraño descanso. Por fin puedo situarle, y situarme.

Tengo ganas de llorar, pero no es por su muerte, sino porque continúa doliéndome mucho su desamor y sus desprecios. Estoy segura que, en algún momento, debió arrepentirse de no haberme querido cuando tuvo oportunidad. Yo, por lo menos, si le quise aunque acabase desistiendo. Es lo que hay.

viernes, 14 de agosto de 2009

Con la rapidez de reflejos que me caracteriza,

hoy me he enterado que el 24 de julio se despidió Minoria absoluta, "el programa que Catalunya es mereix" que emitía RAC 1. Empezó hace nueve años y ahora, Toni Soler, su director, Manel Lucas y Queco Novell, los tres creadores del programa de radio de crítica política más divertido que se ha hecho nunca, han decidido echar el cierre. Dicen que el programa está quemado. Yo no lo creo. No, en absoluto.

Gracias a Minoria absoluta, me he desternillado en plena calle, en el bus, incluso en el metro cuando me bajaba los programas emitidos. No han dejado títere con cabeza, han sacudido a todos los políticos, españoles y catalanes. Las imitaciones de ellos y de ellas se han hecho famosas, incluso han popularizado frases que la persona imitada jamás había dicho, como el "qué cabroooooón" del President Maragall. Esperanza Aguirre, Zapatero, Bono, Aceves, Jordi Hereu, Carme Chacón... todos han pasado por el cedazo de la crítica inteligente de Minoria Absoluta.

En fin, que aunque tarde, aquí dejo constancia de mi absoluta desolación. Lloraría, pero quiero tumbarme a leer un rato, que habiéndoles seguido tan de cerca casi que es mejor homenaje.
Os encontraré a faltar, tontos.

Enlace a la video-entrevista que les hizo La Vanguardia el día de la despedida.
Enlace a la galería de fotos del último programa en el Teatro Tívoli.

domingo, 2 de agosto de 2009

De estar en paro no todo es malo. Por ejemplo,

poder hacer lo que quieres con tu tiempo tiene sus ventajas. Yo suelo aprovechar el mío para leer y para ir a museos. Soy una museera compulsiva (debe haber una palabra para esto que me pasa). Dos de las últimas exposiciones disfrutadas han sido la de Robert Capa y la de Gerda Taro.
Conocía la obra de los dos fotógrafos, lo que sirvió para que la disfrutase más.
Rober Capa, el conocidísimo fotógrafo de guerra que murió al pisar una mina en Indochina. Gerda Taro, fotógrafa a la sombra de Capa, su pareja, empezó a destacar por si misma a partir de su trabajo en nuestra guerra civil, apenas unos meses de gloria hasta que murió atropellada por un tanque casi veinte años antes que él, en plena juventud y creatividad.

Si vives en Barcelona, o pasas por aquí, te recomiendo que pases por el MNAC antes de que acabe septiembre y te dejes absorber por los fragmentos de vida que captaron estos dos magos de la luz.