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domingo, 26 de septiembre de 2010

Clooney es un kilo y cuarto de perra que acaba de cumplir

dos meses y llegó a mis manos y a mi sofá el miércoles pasado. Es probable que no sea el momento, pero la idoneidad de las situaciones nunca ha sido mi fuerte.

Adoptar a Clooney ha sido un acto egoista por mi parte: cuando Indiana muera esta nueva amiga me lo hará más llevadero. Lo de Indiana no es inminente, parece que la he podido rescatar de un mal final por un tiempo más, aunque llegará en menos de lo deseado. Después del catacrack que tuvo hace quince días,  ahora está estable y no tiene dolor. Sigue comiendo nada y menos, pero al menos ya tiene algo hambre, así que cuando no le queda más remedio se conforma con parte de la lata especial de comida para perros pachuchos del riñón, que dicho sea de paso me cuesta un Congo.

Ahora, un día en mi casa está aderezado con una lenteja que al correr derrapa y que se cuelga con los dientes de Indiana hasta que la mayor logra sacudírsela, ladrido más o menos.

De momento, estoy otra vez en medio del espiral de pipís desubicados, pero la risa que me produce y la alegría que me contagia lo compensa todo.  






lunes, 20 de septiembre de 2010

Me fluctúa un amigo y eso me tiene intrigada. En mi fuero

interno, creo que es Facebook el que se equivoca, y un día me contabiliza 221 amigos y otros 222, habiendo empezado la danza del amigo en los 219 (¿218? ¿220?).

No tiene la menor importancia, ya que de esos 221 ó 222, apenas veinte son amigos de verdad. El resto son personas que pasaban por allí y me han interesado suficiente como para aceptarlos en mi red.

Sólo que esta variación continua de miembros de amparoland me ha dado qué pensar. Lo fácil que me resulta conectar con algunas personas porque algún detalle de la información superficial que cruzamos es divertido, o interesante o retador. Y lo difícil que es repetir lo mismo en la vida, porque la relación personal implica un esfuerzo y un desgaste que ahora mismo no estoy dispuesta a brindar. Prefiero focalizar energía en los amigos de verdad que se merecen mimos.

Doscientos veintidós amigos (o doscientos veintiuno) son demasiados. Creo que dejo aquí la entrada y me largo a Facebook, a revisar quién está pero no es y decidir qué hago con ello.

domingo, 19 de septiembre de 2010

lunes, 13 de septiembre de 2010

Mañana, unos cafres, salvajes e incivilizados torturarán hasta la


muerte a un toro, en aras de la fiesta, la tradición y la cultura. Esta cafrada se llama "Toro de la Vega" y se realiza en Tordesillas (Valladolid).
Más de 400 artistas e intelectuales han firmado un manifiesto en contra esta salvajada, como puedes ver en el vídeo de abajo.






 Por tu parte, si quieres hacer algo, ni que sea molestar, puedes enviar un mensaje a informacion012@jcyl.es, oficinadeturismodevalladolid@jcyl.es, turismo@tordesillas.net, garherca@jcyl.es paritcipándoles tu oposición a esta barbaridad.
Si quieres, aprovecha el texto que he enviado y que dejo aquí, para que copies y difundas.

Señora, Señor,
He tenido constancia de la barbarie que se lleva a cabo en Tordesillas durante la primera quincena de septiembre, denominada Toro de la Vega, en la que centenares de personas a pie y a caballo acosan a un toro hasta matarlo a lanzazos.
Como parte de una sociedad avanzada y sensible hacia el maltrato y el sufrimiento animal me pongo en contacto con ustedes para manifestar mi total rechazo a esta expresión máxima de la brutalidad que puede ejercer un grupo de personas salvajes e irrespetuosas con la vida.
No hay ni tradición ni cultura que pueda servir de excusa para una barbaridad como el Toro de la Vega.
En nuestro país disponemos de legislación en materia de protección animal que harían imposible que se dieran este tipo de actividades, ya que además de perjudicar a los animales degradan la imagen de la sociedad que los permite. Al parecer, en Tordesillas se saltan "a la torera" esta legislación y lo peor del caso es que la Autoridad resulta incompetente para hacerles cumplir la ley.
Le insto, ustedes que tienen en su mano hacerlo, a evitar que esta salvajada se lleve a cabo un año más en su localidad.
Esperando que mi petición sea considerada, me despido de ustedes.
Un saludo

domingo, 12 de septiembre de 2010

Domingo, diez y pico de la mañana, un café con leche y prensa

digital en la pantalla de mi ordenador. La suscripcion por correo electrónico a El País no llega con regularidad así que entro en la web para leer a salto de mata, sin rumbo previsto. Pam. Un banner me propone que vote para ganar un coche. A pesar de que estas máquinas no me interesan demasiado, me quedo clavada en el anuncio por el objeto de la votación "¿Es Rajoy la Solución de España?" (sic).
Se me ocurren otras preguntas. ¿Por qué la ese de solución está en mayúsculas? ¿Tan mal estamos que no nos tomamos en serio la política?

Puedo pasar sin un coche, aún más sin un Audi. Pero no puedo prescindir de la política. Si mi pensión de jubilación me dará para pipas o para un viajecito por provincias cada dos meses lo deciden los políticos que escojemos. O como accedo a un tratamiento médico excelente si estoy en paro y me diagnostican un cáncer, por poner un par de ejemplos.

Ni el político del anuncio ni su partido cuentan con mi confianza o con mi simpatía pero el objeto del reclamo, sea malo o peor, es lo de menos. Lo que cuenta es que un equipo de márqueting, sabiendo o debiendo saber la importancia de la persuasión, ha utilizado a un representante de media España para vender algo. En política no todo vale, y en publicidad tampoco.