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viernes, 15 de mayo de 2009

Ayer pasé una tarde deliciosa. Sí, esa es la

palabra. Estuve casi cinco horas ininterrumpidas leyendo, y no hubiera parado si no hubiese sido porque una tiene obligaciones. Qué olvidado tenía este placer absoluto. Faltaban dos páginas para el final cuando mi perra decidió que ya había leído bastante y me trajo tres pelotas, un perro lila y un pollo aún en el cascarón para que se las tirara varias veces.

Escribo esta entrada desde la Biblioteca de Catalunya. Es un lugar refugio, en el que me escondo camuflada (hoy soy estantería con libros, la semana pasada fui pared de piedra centenaria) y me dedico a enviar currículums, responder mensajes, buscar información, salir al recreo... vaya, todo lo que se puede hacer en un lugar precioso. He encontrado un punto alto desde donde otear sin ser demasiado vista, con conexión a internet y punto de luz. Podría ser más feliz si además hubiera una fuente de helado de chocolate de la que servirme a voluntad, pero no voy a quejarme. Estar rodeada de libros y personas que no hablan ya es bastante bueno.

He venido después de la tercera primera sesión de radio. Tercera, porque tenía que haber empezado el miércoles pero la máquina se estropeó. Ayer, como había cola por la averia de la víspera sólo me hicieron radiografías y hoy, a pesar de que los informáticos, desde las Chimbambas, han tenido que reiniciar el sistema porque se atascaba mi nombre y la máquina se negaba a funcionar, por fin me han radidado.





MAQUINA DE RADIOCAMILLA DE RADIO CON MIS MEDIDAS
Se pasan cinco minutos colocándome en una camilla con mis medidas y luego recibo diez segundos de bombardeo de rayos equis para matar cualquier rastro de bicho que quede en la zona. Algo más sofisticado que el Cucal pero no mucho, porque el sonido que hace al liberar los rayos es parecido al de las pistolas de los marcianos de Mars Attac.

Esta será mi rutina las próximas siete semanas: una sesión diaria a las 8 de la mañana. Y luego, mientras no tenga trabajo, a aprovechar el tiempo en mi escondite o en otros, que no voy a descubrirlos todos no vaya a ser que dejen de serme útiles.

viernes, 31 de octubre de 2008

En estos tiempos oscuros, está bien no perder

de vista una parte de la vida a la que casi nunca le damos bola.
Cuelgo en "Enlaces selectos" la dirección de Indigencia, un blog que vale la pena ir mirando de vez en cuando.

Y para los que siempre están llorando, pregúntate si eres rico o pobre antes de seguir dando la lata.

miércoles, 9 de abril de 2008

He rechazado el trabajo que me habían ofrecido, y eso

que eran 8000 eurillos más (brutos) que lo que cobraba en el último. No me disgustaba el rollo, pero no, algo me decía que no. Quizá un comentario hecho al azar sobre la capacidad de mi jefe directo para ser borde a ratos haya influido una pizca. Espero que quién me ha susurrado "nooooo" al oído no haya sido un espíritu guasón, porque ahora no estoy para bromitas.
Sigo pidiendo al universo un trabajo donde me lo pase bien, donde entiendan que es normal que algún día me de por cantar en medio de una reunión y, sobre todo, donde encuentre a compañeros que no se extrañen si reproduzco onomatopeyas de cómic cuando se me cae una carpeta, o que no es tan raro hablar con la máquina de café. Adoro a Bette Davis pero estoy hasta allí de actuar para parecer que soy como el resto para que no se inquieten.

Si me equivoco, me jodo. Si estoy en el camino, aunque sea lento, acabaré sintiéndome bien todos los días. Es filosofía de lateral de caja de cereales, pero es la mía. Y, como dice mi Doctora Defcon 2, "ahora un jefe borde sería una bomba de relojería para usted" (ésto, dicho con la misma entonación que Flotats, lo que algunas veces me hace perder la concentración y pasaría al contra-ataque para preguntarle cosas de su vida).

Hoy he tenido una sesión divertida (para mi). En un momento del monólogo le he dicho que ahora me interesaría mucho que mi padre estuviese muerto (si todo sale como espero, ya lo contaré, pero si te lo explico ahora tendría que matarte) y ha levantado las cejas que ni ZP. Y yo que creía, a cierta edad, que lo de "matar al padre" era tan freudiano, tan cool"... Total, que he tenido que explicarle, r-a-c-i-o-n-a-l-m-e-t-e porqué me haría tanta ilusión ser huérfana de padre en este preciso momento. Ella ha seguido insistiendo en "jolín-jolín" y (no he podido evitarlo) me ha salido la vena, "mirachiquitina". Incluso le he puesto ejemplos y no le he hecho dibujos para aclararle la situación porque me ha pillao sin Pilot a mano. Total, que regreso la próxima semana, pero cada vez me mira más raro. Si en vez de ser de la SS fuera privada estoy seguro que pensaría "con ésta me hago el chalet". Tampoco le ha convencido mi teoría sobre el azar que me ha hecho nacer mujer en vez de rana o piedra. Con lo fácil, y explicativa, que me parece...

No me sabe mal ir a la psiqui porque empiezo a encontrarle la gracia a los aledaños. Hoy es el primer día que en la sala de espera he disimulado estar conectada al móvil mientras leía el periódico. Pero, en realidad, observaba a las otras individuas, miradas esquivas, movimientos repetitivos, cierta agresividad al socializar mezclada con ansiedad por ser aceptada. Im.-presionante, señoras y señores. Lo mejor es que se saludaban al conocerse de otras terapias.

Porque todos vamos a lo nuestro, pero si tuviéramos tiempo para observar (y ganas) comprobaríamos que estamos viviendo en el nido del cuco (sin cuco. El pájaro, listo él, hace tiempo que se largo a un mundo mejor. ¡Anda que yo soy cuco y también me quedo a ver el segundo acto!) Como decía Aquel, "hay más fuera, que dentro". Si, si, ya, yo también estoy fuera. Pero espero la próxima visita con expectación, a ver qué tal la sala de espera.

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