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miércoles, 9 de abril de 2014

Amparo 2, Cáncer 0

Hoy me han dado el alta, después de seis años. Tendré que acudir a revisiones anuales durante mucho tiempo, pero se acabó esa medicación tan buena pero tan tóxica que me ha sentado como un tiro. Fin de una etapa. Espero haber terminado (bueno, en unos meses) con las náuseas, los mareos, los dolores en los huesos que algunas veces no me dejan caminar veinte metros seguidos y tengo que buscar un lugar donde sentarme, con la incertidumbre de la noche anterior a que me den el resultado de las pruebas... 
Al salir de Vall d'Hebron el sol me ha calentado la cara; lo he tomado como un buen presagio.


miércoles, 13 de noviembre de 2013

Cinco meses, día más, día menos, y sanseacabó

el tratamiento anti-cáncer. Cuando llegue el día habrán sido seis años largos, duros, pesados, repletos de efectos secundarios, de dos quirófanos mayores, de un hígado roto, sin pelo, sin fuerza, sin aliento.
También, y más importante, habré vivido una historia de amor con mi entorno, el inmediato y el otro.
Cinco meses más y sanseacabó. Cuatro, tres, dos...




jueves, 6 de octubre de 2011

Steve

A los seis años me enamoré de la máquina de escribir del despacho de mi padre y cuando nadie miraba insertaba una hoja de papel en el carro y le daba a las teclas. Me parecía mágico que lo que pulsaba se convirtiera en realidad en el folio.
La magia continuó cuando el Mac llegó a mi vida, apenas cumplidos los 21, y me convertí en una apostol más de Apple. Un cacharro que me hacía la vida más fácil, me divertía y me hablaba en humano no podía ser sólo una máquina y pasé a llamarle “el bicho”.
Entonces aún no había leído “De Pepsi a Apple”, ni tenía la menor idea de que existía Cupertino, ni de que detrás de la pantalla monocromo de 12 pulgadas estuviera observando un genio impaciente, malhumorado, perfeccionista y visionario. Steve Jobs no vendía ordenadores, sino estilo de vida. Eras de Apple o de los otros. Yo he sido de todos, del que la empresa me pusiera encima de la mesa, para qué vamos a engañarnos, pero mi casa y mi corazón sólo pertenecen a la manzana del arco iris y hoy se lo reservo entero al tipo que facilitó que unos cuantos creyésemos que trabajar puede ser hasta divertido.


(Publicado primero en www.mariabarcelona.com)


martes, 19 de octubre de 2010

A lo mejor todo el mundo tenía razón cuando me llamaban rara en el

colegio. Yo era la niña extraña, la que decía cosas que los otros niños no entendían. Normal, menos dos o tres que eran de mi cuerda, el resto de compañeros del colegio eran bastante limitados intelectualmente, o sea, tenían una inteligencia acorde a su edad.

Rescato lo de rara porque hoy, Día mundial del cáncer de mama, estoy escuchando declaraciones de mujeres que han pasado por lo mismo que yo y no me siento nada identificada con ellas. 

Una vez despejada la incógnita de mi supervivencia, ni tuve miedo, ni me sentí diferente, ni vi la luz, ni me cambió el carácter, ni le di más valor a los amaneceres, ni... Por supuesto, mi pronóstico fue excelente, la operación se llevó el tumor y bastante más tejido del previsto (una parte del bicho era muy malo) y las consiguientes terapias (quimio y radio) fueron lo que tenían que ser: un asco. 

Mi cáncer, un ductal infiltrante de grado I (no existe "el" cáncer, sino personas con cáncer) vino en el peor momento: sin trabajo, sin dinero, con una persona a mi cargo absolutamente dependiente (Grado 3, II, quien sabe de qué va se puede hacer una idea perfecta de su situación), pero con muchas amigas y amigos que me rodearon y me auparon. Punto. Se acabó el cáncer y en cuatro años también acabarán las visitas al hospital y dejaré de estar oficialmente enferma. Hoy por hoy, los efectos secundarios de la terapia hormonal hace que mi cuerpo se resienta con basurillas, que llevo con una dignidad absoluta por cierto.

Sigo escuchando bobadas, una tras otra. Que "si hay vida durante el cáncer", que si "te convierten" en una enferma... Vamos a ver, si no hay vida durante el cáncer es que tampoco la había antes. Y no "nos convierten" en enfermas: lo estamos. La capacidad de manipulación de esta circunstancia depende de cada cual y yo lo respeto, aunque no lo comparto en absoluto. 

Por respeto a todas las mujeres que he conocido con pronósticos realmente negativos que siguen peleando, y por las que ya murieron, todas las que hemos tenido cáncer de mama y lo hemos superado deberíamos, públicamente, colocar a esta enfermedad en su sitio: hoy, un cáncer de mama diagnosticado a tiempo no es una sentencia de muerte, sino un proceso que sufrirá una de cada tres mujeres adultas. Que la cirugía sea cada vez menos agresiva, que las terapias sean cada vez más efectivas no es "gracias a Dios", sino a años y años de investigación, lo único que vale en estos casos. Debemos presionar para que la Sanidad Pública aumente presupuesto para un diagnóstico precoz y para que cualquier mujer con cáncer, sea cual sea su situación, pueda dedicarse a superarlo con todas las garantías laborales, económicas y sociales, evitando que tengan que pasar por lo que yo pasé, sin ningún tipo de ayuda pública.

Si te interesa conocer mi proceso, en el lateral derecho de este bloc está la etiqueta cáncer. También puedes encontrar algunos enlaces de información sobre el cáncer de mama.

domingo, 19 de septiembre de 2010

jueves, 9 de julio de 2009

Ayer teminé la radioterapia. Desde el 15 de mayo

no he fallado ni un sólo día, excepto tres por avería de la máquina y uno por boda. Ha sido un tratamiento largo, pesado, incómodo y doloroso (la radioterapia quema la piel) y, espero, efectivo.
¿Pierdo el hospital de vista ya? No. La semana que viene tengo que ir un par de veces: una para que me saquen sangre y otra para que me digan que todo está bien y que no quieren volver a verme en tres o cuatro meses. Eso es lo deseable. Vamos, eso es lo que yo deseo.
Me quedan cuatro años y diez meses de terapia hormonal. Esto está hecho.
dibujos de peques
Dibujos que los niños en tratamiento regalan a los terapeutas. No se sabe si siguen vivos, pero los colores animan a otros niños mientras están en la sala.
brenda y macarena
Brenda y Macarena, mis dos últimas radiólogas. Y las más simpáticas. Siempre trataron de facilitarme las cosas.
letrero onco
El letrero que indicaba el pasillo más largo que he recorrido, día tras día.
pasillo_2

miércoles, 1 de julio de 2009

Hoy he salido a la calle sin pañuelo y, tonta de mi, lo

he contado en facebook. A veces me pasa; me da un arrebato y me excedo en la comunicación. El caso es que los colegas que tengo allí me han enviado mimos vituales. Los agradezco en el alma, pero no buscaba eso. En realidad, no buscaba nada más que poder gritar, y como a mi edad queda feo tener berrinches públicos, grito en mi espacio virtual.
He borrado mi estado y los comentarios que me han hecho porque al verlos me he sentido mal.
En facebbok debería existir la opción de no permitir comentarios, como en el bloc, pero no es así. ¿Qué he aprendido de esto? Que a partir de ahora lanzaré mis quejidos emocionales aquí, donde puedo controlar qué y cómo hacerlo.

Mi cabeza está rapada, mal rapada, con un pelo que nace débil y escaso por culpa de las pastillas de la terapia hormonal. Tengo un aspecto realmente deplorable, por mucho que me maquille y trate de disimular. La única razón para quitarme el pañuelo ha sido tratar de recuperar un poco de normalidad, quizá porque ayer por la tarde estuve rodeada de moribundos en la sala de espera antes de la sesión de radioterapia.

Debía ser el día, pero un pobre médico no paraba de salir a hablar con los familiares de los pacientes que llevaba y trataba de explicarles lo mejor posible que las cosas no evolucionaban bien. Una vez, dos, hasta cuatro veces salió el médico a contar lo mismo a diferentes personas.
Y aunque todo el mundo trata de aparentar que no pasa nada, sí pasa. Claro que pasa.

Y también pasa que no entiendo porqué a mi. Ni entiendo porqué los tratamientos son tan agresivos que me han quemado la piel del pecho y tengo un par de heridas en carne viva que tardarán en curar. Estoy harta de que en los telediarios me cuenten casi cada día los famosos que mueren de cáncer. Estoy harta de la enfermedad, de ir cada día al hospital, de que desde octubre mi vida esté sujeta a las agendas de médicos y terapeutas. Estoy harta de ser yo y de que sea verano, de que haga un calor aplastante y tenga que ir con un pañuelo en la cabeza para no asustarme. Estoy harta de esforzarme, de pelear, de seguir avanzando.

Se me pasará. Tú me conoces y sabes que siempre remonto, pero ahora mismo soy incapaz de saber cuándo las cosas volverán a su sitio, o lo más cerca posible.

jueves, 25 de junio de 2009

Esperando que llegue las cinco de la tarde

para subirme al AVE camino de Madrid, repaso el bloc y veo que lo tengo bastante abandonado, aunque no peor que en otros momentos.

Me voy a Madrid a participar otra vez en la tertulia nocturna de Popular TV, la cadena de televisión de la COPE. Esta noche reunirán varias tertulias en una, porque es el programa de final de temporada. A mi me toca anteproyecto de ley del aborto. Yo, a favor de que las mujeres escojan. Ellos, en contra. No hay sorpresa.
Lo mejor de esta colaboración, y de la que hice el mes pasado, es el trayecto. Un espacio sólo para mi, en el que puedo leer, navegar, desconectar...

Aún saldré por televisión con pañuelo. El pelo empieza a crecer, pero ralo y bicolor. Vaya, que parezco un dálmata, con unas clapas rubias y otras morenas. Aún no me siento cómoda con la cabeza descubierta fuera de casa, pero calculo que igual empiezo a lucir melena (es un decir) en agosto. La verdad es que con el calor que hace los pañuelos son un engorro y tengo ganas de lavarlos, plancharlos, guardarlos en un cajón y no verlos durante un tiempo.

Sigo con náuseas, tantas que debería pesar veinte kilos menos y la piel de mi pecho derecho, tras veinticinco sesiones de radio, empieza a estar irritada a pesar de los litros de crema especial que me unto para paliar el daño. Dice mi radióloga que tengo una piel estupenda. Ya. Bueno, preferiría no tener que ponerla a prueba pero tampoco vamos a quejarnos ahora.

Mañana es la última sesión de radioterapia general y sólo me quedarán ocho sesiones más de radio en la zona concreta del tumor. El 8 de julio termino y dejaré de subir cada día de mi vida al hospital. Largo, desde octubre que todo el proceso está siendo muy largo.

Sigo sin trabajo, entendido como un empleo estable, con contrato, pagas extras, derecho a vacaciones... Estoy introduciéndome en el mundo de los free-lances y no me gusta. Ni un pelo. No tengo alma emprendedora, no me gusta la incertidumbre de no saber cuándo voy a cobrar, ni quiero negociar el precio --mi precio, mi valor-- para cada trabajo, ni otras muchas cosas que conlleva ese estado de limbo laboral permanente.
Felicito a los que se mueven bien en él y lo disfrutan, además, con sensación de libertad, pero como no es mi caso no comparto su entusiasmo por el freelanceo.

Lo curioso de todo es que estoy freelanceando como redactora, cosa que no hubiera imaginado. A mi, la niña del orden y concierto, la reina de la gestión y la estrategia, me va saliendo trabajo para escribir. Vale, aprovecho la ola, me subo a ella y adopto para mi escudo de armas esa gran frase de Lennon: "La vida es aquello que te pasa mientras estás haciendo otros planes".

viernes, 15 de mayo de 2009

Ayer pasé una tarde deliciosa. Sí, esa es la

palabra. Estuve casi cinco horas ininterrumpidas leyendo, y no hubiera parado si no hubiese sido porque una tiene obligaciones. Qué olvidado tenía este placer absoluto. Faltaban dos páginas para el final cuando mi perra decidió que ya había leído bastante y me trajo tres pelotas, un perro lila y un pollo aún en el cascarón para que se las tirara varias veces.

Escribo esta entrada desde la Biblioteca de Catalunya. Es un lugar refugio, en el que me escondo camuflada (hoy soy estantería con libros, la semana pasada fui pared de piedra centenaria) y me dedico a enviar currículums, responder mensajes, buscar información, salir al recreo... vaya, todo lo que se puede hacer en un lugar precioso. He encontrado un punto alto desde donde otear sin ser demasiado vista, con conexión a internet y punto de luz. Podría ser más feliz si además hubiera una fuente de helado de chocolate de la que servirme a voluntad, pero no voy a quejarme. Estar rodeada de libros y personas que no hablan ya es bastante bueno.

He venido después de la tercera primera sesión de radio. Tercera, porque tenía que haber empezado el miércoles pero la máquina se estropeó. Ayer, como había cola por la averia de la víspera sólo me hicieron radiografías y hoy, a pesar de que los informáticos, desde las Chimbambas, han tenido que reiniciar el sistema porque se atascaba mi nombre y la máquina se negaba a funcionar, por fin me han radidado.





MAQUINA DE RADIOCAMILLA DE RADIO CON MIS MEDIDAS
Se pasan cinco minutos colocándome en una camilla con mis medidas y luego recibo diez segundos de bombardeo de rayos equis para matar cualquier rastro de bicho que quede en la zona. Algo más sofisticado que el Cucal pero no mucho, porque el sonido que hace al liberar los rayos es parecido al de las pistolas de los marcianos de Mars Attac.

Esta será mi rutina las próximas siete semanas: una sesión diaria a las 8 de la mañana. Y luego, mientras no tenga trabajo, a aprovechar el tiempo en mi escondite o en otros, que no voy a descubrirlos todos no vaya a ser que dejen de serme útiles.

jueves, 7 de mayo de 2009

Amparo 2 - Cáncer 0

¡Que le den! No voy a ir a Canaletas a celebrar mi goleada, pero al menos se lo cuento al mundo que me pilla cerca.

Hoy tocaba examen de marcadores tumorales, indicadores hormonales y otras guarrerías que hacen en los laboratorios con nuestra sangre cuando dejamos que nos tomen una poca. Pues me ha dicho mi oncóloga que estoy estupenda. Los marcadores tumorales son unas cosas que indican si tengo alguna célula proactiva que va de emprendedora por las venas. Mis células, tras cuatro sesiones de quimio rabiosa, han decidido invocar a la Virgen y quedarse como están, quietas, sin replicarse a lo Blade Runner. Y así las quiero el resto de mi larga o corta vida, sin chistar.

Las hormonas están como deben estar, atontadas y medio locas, pero todo indica que las aguas volverán a su cauce en algún momento. Es muy raro tener la menopausia a los 46, sobre todo por los sofocos y los cambios bruscos de humor (de malo a peor). Y otra cosa que no está bien es el colesterol. Nada para alarmarse, pero suficiente para ponerse a dieta y dejar el beicon donde debe estar, o sea dentro de los cerdos.

Mañana empiezo la terapia hormonal: más sofocos, riesgo (mínimo) de que al útero le pasen cosas en forma de pólipos, y quiza, a lo mejor, puede que sí o puede que no (me encantan la precisión científica) mi sangre se espese cual chocolate suizo y necesite pincharme heparina para evitar trombos. Hum, bonita perspectiva. Al ver mi ceja derecha en el cogote, mi doctora me ha dicho que no me preocupe, que no me va a pasar. "Ya, claro, pero es que con la quimio no me iba a pasar nada y un poco más y me encuadernan como objeto de estudio en una tesis doctoral sobre efectos secundarios". Pero ella, erre que erre, que a mi no, y que si, por ejemplo, un día se me pone una pierna roja, venga al hospital, así que quizá pase el verano mirándome las piernas, por si cambian de color.

A partir de ahora y durante los dos próximos años me controlarán cada dos o tres meses, dependiendo del criterio de las doctorazas que me llevan. Al final, todo se convierte en rutina.

miércoles, 25 de marzo de 2009

Por no olvidar que este bloc nació del tabaco, o de

su ausencia, publico una entrada bastante interesante que leo en Kurioso Bloc sobre Sir Richard Doll, un científico que fue el primero en olerse que el tabaco proporcionaba algo más que placer y estilo.
De lectura rápida y amena, y un poco más entretenida si exploras los enlaces que contiene.

lunes, 23 de marzo de 2009

Lunes 23, tercera quimio por la mañana y ocho guardias urbanos

en la puerta de mi casa por la tarde. Pero antes...

El caso es que, sobre las 13 h. estaba yo iniciando la tercera hora de fuego en el cuerpo, mirando pelis en mi flamente ultraportátil de 10", regalo de mis amigos para mi cumple, cuando recibo una llamada de Gabriela, la cuidadora de mi madre.
"Amparo, llevamos 40 minutos (CUARENTA) encerradas en el ascensor"
"Ahhh"
"Tranquila, ahora nos sacan. ¿Vamos al médico como estaba previsto, o volvemos a casa?"
Amparo, de corazón latino y mente germánica, piensa que tanto el médico como el mecánico ascensorista deben hacer su trabajo, así que envío a mi madre y a su cuidadora al médico, con la esperanza de que un servicio de reparación de urgencia solvente la avería, y más al comprobar que en el edificio vive al menos una persona en silla de ruedas.

A las dos de la tarde me desconectan de la máquina, adios, adios, ligero mareito que me hace desear un taxi pero recapacito y bajo en bus, y apenas pico el billete y me siento recibo otra llamada de la cuidadora.
"Que hemos regresado del médico y el del ascensor se ha ido a comer sin haberlo arreglado".
"Ahhhhh"

Tras un ligero pavor inicial por la ecuación madre en la calle+sin comida+sin medicación+con un mareo del quince (yo)+a la mierda la imagen de una Amparo post-quimio tirada en el sofá, sitúo Roma, ubico Santiago y empiezo a remover todo lo que se deja.

"No te muevas de la puerta que estoy llegando. Nos vamos a comer a un restaurante hasta ver qué pasa"

14:40, llego a mi portal.
Hablo con el presidente de mi escalera, que es un hombre amable y atento pero resolutivo, valiente y con iniciativa no. Le saco sin problemas el teléfono de Ascensores Zener para tratar de gestionar la reparación de urgencia con algo más de rapidez que la usual. O por lo menos, una explicación que me de la pista de a qué atenerme.

Me llevo a mi madre y a la cuidadora a comer a un restaurante junto a casa. 30 eurazos menos en mi cuenta.

15:15, primera llamada a Ascensores Zener que me deja perpleja. Efectivamente, el mecánico se ha ido a comer, decisión que le pertenece por completo. ¿Qué cuándo regresará? No lo saben, pero tratan de localizarlo y me llaman. Bien, muchas gracias, clonk, clonk.

15:25, segunda llamada a Ascensores Zener. No hemos podido localizar al mecánico porque el móvil de la empresa no debe ir bien (procedo a secar el vinagre de mi plato de ensalada para que no me escuezan los ojos por si acaban saltando de sus órbitas). "Ya, y ¿hay alguna otra forma de localizarlo en un caso como éste" (pongo a las chicas que me atienden en antecedentes por segunda vez). "Tranquila, la llamamos para decirle algo".

15:50, Antes de empezar a recorrer hospitales buscando a un mecánico de ascensores, llamo por tercera vez a la compañía. Siguen sin noticias de su empleado. La conversación ya no fluye con el chi correcto y las chicas lo notas, vaya si lo notan.

16:20, el dueño del restaurante empieza a recoger. Como mi madre, en su vida pasada fue una gran clienta, no sólo viene a besarla sino que nos proporciona asilo político con gusto.
Trato de pagar con tarjeta, me dicen que sólo billetes y dejándoles a mi madre en prenda salgo en busca de un cajero.
Oh casualidad, Aida me encuentra cruzando hacia el banco y ya no se separará de mi hasta las siete de la tarde, aproximadamente.

16:30, regreso con Aida al restaurante, ya con cash para rescatar a mi madre (aunque dudo por un momento habiéndola dejado en prenda... ) y decido tomar un cortado en compañía de mi amiga.

16:50, Llamo al 112, a ver si me echan una mano porque mi madre, tras cuatro horas en la calle necesita regresar a su casa, a su cama, a su calma. Pregunto si llamo a los bomberos para que la suban y les paso la factura a Ascensores Zener y deciden comunicarme con la Guardia Urbana.

Me responde una simple teleoperadora, aunque muy corporativa, que me sugiere que sean los vecinos los que suban a mi madre cuatro pisos por la escalera. Al recordarle, con tono Corcuera, que la Guardia Urbana es un servicio público al servicio de la ciudadanía, resuelve consultarlo a instancias mayores (desde una centralita de telemarqueting se comunica con la centralita real de la Guardia Urbana, dos mesas más allá si no han cambiado las cosas desde que conocí el servicio hace unos años).

La tontaina de sugerencia ligera me dice que ahora me envían una patrulla.
"Define ahora, porque estoy en un restaurante y quiero saber cuando tardarán".
"Ah, si está en un restaurante a ver cuanto tarda usted en llegar porque igual va a ir la patrulla y no la encuentra".

Pregunto rápidamente al Universo si es necesario para mi crecimiento holístico seguir tratando con infrahumanos. Ante la falta de respuesta contesto a la telefonista con ínfulas de Teniente Furillo que estoy a un minuto de casa y que seguro que seré yo quien espere a la patrulla, ¿o acaso ya están subiendo por mi calle?" Clonk, clonk.

17:10, a todo esto, como pensaba estar en mi sofá, cuidándome, he programado para esta tarde cuatro entrevistas con nuevas cuidadoras con la esperanza de encontrar quien sustituya a Gabriela la maravillosa, que regresa a Bolivia porque su marido no encuentra trabajo, y yo la despediré con lágrimas en los ojos.

Empiezo a recibir (es un decir) a mis candidatas en un estupendo banco de la Avenida Gaudí, frente al portal de mi casa para controlar la llegada de la policía que , aunque aún yo no lo sepa, acabará resolviendo el marron de una ancianita con embolia que lleva ya más de cinco horas en la calle.

Aida se hace cargo de mi madre, me dice que ya controla ella a la guardia Urbana,cuando aparezcan, y empiezan a agolparse vecinos frente a mi mami. Yo voy haciendo entrevistas, mareo va, mareo viene, y con mala leche instalada.

17:30, Última llamada a Ascensores Zener. Otra chica me dice que han llamado al administrador de la finca avisándole de que el mecánico volverá a las 18:00 (debe ser las 18:00 zulú sudafricanas, a donde el tio ha ido a tomar unas tapas aprovechando la oferta mediodía de Vueling, porque si no no se entiende). "Pero habíais dicho que me avisaríais a mi". Rujo "tendrán noticias mías. Gracias por nada" (gran frase que siempre quise decir) y clonk, clonk.

17:32, Nueva conversación con la telefonista de la Guardia Urbana, "que ya llevamos un ratillo aquí y tus chicos no aparecen". "Dijiste que estabas en un restaurante", "Y al parecer no te quedaste con el dato que te di sobre que tardaría un minuto en llegar a mi portal".

Reconozco que casi me enternece la defensa pueril pero encendida de su ineficacia que hace la pobre desgraciada. Insiste en lo de que la suban los vecinos. La cuelgo sin enviarla a la mierda. Me estoy haciendo mayor.

17.40, Mi vecina Paqui, que se ha unido al club, vislumbra en el horizonte dos coches patrulla, dos, tratando de entrar en contra dirección por la esquina de mi casa. "Bajo a por ellos porque tienen pinta de ser los rescatadores". "¿Dos coches para una ancianita?, Mamá, ¿tienes acaso ficha policial?", pero aparco el interrogatorio para terminar la segunda entrevista a otra candidata a cuidadora. Una tercera me espera a pie derecho en la calle esperando su turno. En este momento de la tarde acaricio la idea de contactar con Almodovar e informarle de mi existencia y circunstancia.

17:45 Por fin llegan OCHO policías, dos en cada coche, dos a pie y dos más en moto.
Se arremolinan alrededor de mi encantadora madre y ejercen de lo que son, hombres que pretenden mandar todos a la vez. Aplazo la siguiente entrevista (la chica encantada, esto no se vive todos los días) y me pongo a organizar a la Guardia Urbana.

"Hay que subirla cuatro pisos, ¿habéis traido silla de transferencias" El que está a la cabeza de la dotación traduce un "¿locualo?" en "Jamás hemos hecho esto".
"Virgendelamorhermoso, pues me dejáis mucho más tranquila"

"Llamemos a ambulancias, dice el Guardia Canoso, y que vengan ellos con la silla, que seguro saben como se hace".
"No llaméis a nadie que voy a por la solución", que me sugiere mi vecina Paqui: ir a la ortopedia y pedirles una silla ligera.

Dicho y hecho. "No llaméis a la ambulancia hasta que vuelva", proyecto en tono bronco por culpa de un constipado. Paqui y yo regresamos con la silla-solución y ya tengo a ocho hombres mirándome con admiración. Estoy acostumbrada y no paro mientes, pero me preocupa el momento "Annapurna".

18.00 Mientras ellos entran a mi madre en la portería le digo a Aida que , cono el tinglao que he montado, si en ese momento aparece el mecánico de Ascensores Zener le doy una patada en los güevos. Ella me da la razón pero me pide que no lo haga delante de la policía local, "porloquemásquieras".

18:02, Ante ocho tíos decidiendo cómo transfieren a mi madre de una silla a otra, les cuadro y les doy las pertinentes instrucciones, que siguen sin discutir y con cierto alivio.

A continuación, les digo que subo yo primero para abrir la puerta cuando la expedición llegue a la cumbre, motivo por el cual me pierdo como mi madre se tima con uno de ellos, al que sólo debe llevarle unos cincuenta años, quinquenio más o menos, aunque eso lo sabré más tarde, cuando ya esté en su cama, cambiada y a punto de cenar.

La verdad es que los ocho aguerridos muchachotes, todos unos piezas de mucho cuidado (1,80 el más bajito), suben a la ligona en un plis plas.

Desde aquí, mi mayor agradecimiento a este equipo de la Guardia Urbana, que hoy me ha solventado un marrón importante, demostrando que no sólo se dedican a poner multas y sanciones. Bravo, por ser educados, atentos, humildes para aceptar las indicaciones pertinentes y por entender el nerviosismo de una hija que no siempre habla con el tono adecuado en momentos de tensión.

19:10 El ascensor está arreglado por un mecánico ninja al que nadie ha visto en las ocho horas que ha durado el episodio. Ascensores Zener, tenéis un servicio de urgencia de mierda que será convenientemente reclamado.

"Amparo, tienes que entender que estás pasando por un proceso físico y emocional que require que te concentres en ti".
"Hahahahahahahahahahahahahahahahahahahaha. Ayyyyyyyy, si con la terapia de la risa que me dáis gratis salgo como nueva. Hasta dentro de tres semanas, que ya será la última quimio". Pero con la familia que me ha tocado, seguro que no será la última aventura.

jueves, 19 de marzo de 2009

Estoy escuchando ésto mientras espero que

la oncóloga me visite antes de la tercera quimio. Es un subidón de energía y la voz que me hubiera gustado tener.




sábado, 28 de febrero de 2009

Mi pelo empezó a huir de mi cabeza el jueves.

Agradable no fue, sobre todo porque el corte me quedaba muy bien y porque la haber pasado tres semanas creí que no me iba a pasar, como mucha gente me decía.

Un par de días antes empezó a picarme mucho la cabeza, síntoma de que las células capilares andaban nerviositas. Pero el miércoles aún estaba todo el pelo en su sitio. Al día siguiente, mientras esperaba la visita de la oncóloga, previa a la quimio, me pasé la mano por el pelo, gesto habitual en mi, y comprobé que, de golpe, caía a puñados. Ahí mismo, en la sala de espera, no pude evitar que me cayeran algunas lágrimas. Menos mal que la gente que espera contigo están curados de espanto.

Por la noche tuve que cocinar con un pañuelo puesto para evitar un desastre culinario y el viernes por la mañana en la ducha el resultado fue espeluznante. Lo peor fue que, al peinarlo, había más pelo en el resto de mi piel que en donde nunca debió de moverse. Por un momento creí que el cáncer me estaba mutando en bigfoot.

Ayer viernes, segunda sesión de fuego en el cuerpo, esta vez de verdad. A media sesión estaba tan tranquila navegando y enviando mensajes cuando un dolor impresionante empezó en las lumbares, subió por la médula y fue directo a la cabeza. Entre que el episodio empezó y me lo calmaron, chutándome algo en vena, pasaron diez minutos, pero fueron espantosos.
Lo bueno de hacer quimio en una sala compartida es que siempre hay alguien que ha pasado por ello y te tranquiliza. Así lo hizo conmigo una mujer joven, que lo había sufrido en su sesión anterior.

Aproveché el tirón del calmante para ir a mi pelu y raparme. Ayer, el descabalgamiento capilar ya era imparable. Ahora tengo la cabeza como una bolita de billar (o una bola de bolos, no vamos a discutir por el tamaño) pero no estoy mal. Creo que la quimio me está mutando el ego para bien.

Hoy sábado, a pesar de la paliza física por la que pasé ayer, estoy estupenda.
Ah, me sentaría tan bien pasar unos días sola. Pero como no puede ser, trataré de aprovechar las siestas.

sábado, 14 de febrero de 2009

La vida con omeprazol tiene otro sesgo. Por

ejemplo, ya es medianoche y no me retuerzo de dolor de estómago. Es que tengo la mucosa irritada, bueno, yo diría que más que irritada tiene un cabreo de cien mil pares de cojones que sólo se calmaba con un par de sobres de Almax. Hasta esta mañana cuando, cansada de retorcerme, he llamado a mi onco-enfermera y se lo he contado. Nada de frutas y verduras crudas, nada de cosas integrales, comer poco y a menudo y un omeprazol todas las mañanas en ayunas. La adoro, a ella y al que inventó la pastilla.

Me faltan dos semanas para la siguiente sesión de quimio. Tic, tac, tic, tac.
(Vaya forma tonta de terminar esta entrada... )

jueves, 12 de febrero de 2009

Hala, ya está, llevo el pelo corto, pero que muy

corto. Y la verdad es que me queda genial. Anoche, quizá por el insomnio, me entró la paranoia y decidí que no tenía porqué afrontar sola lo de la caída del pelo así que este mediodía he llamado a Raquel, mi peluquera, que me ha acogido en su seno y se ha pasado una hora dando toques a mi cabeza.
Lo primero que me ha dicho: "vale, pero corto-corto no, será un corto con estilo".
La adoro.
Y luego me ha demostrado todo lo que sabe, no sólo de pelos, sino de personas y de hacer mimos.
Ah, y de efectos secundarios de quimio en todo lo que tenga que ver con cabello, uñas y piel también.

Es verdad que Raquel no es una peluquera al uso. Es una peluquera que lleva un pedazo de moto que cubica 600, hace submarinismo, ha montado un negocio ahora, en plena crisis y en el que ha incluido a su marido al que le está enseñando todo lo que sabe, se larga a Londres a ver desfiles y encima tiene tiempo para llevar más rectas que una vela a sus dos retoñas, que apenas levantan tres palmos del suelo pero dan tanta guerra como los hermanos Gassol.

He pasado una tarde mágica con mi pelu, aunque el mejor momento ha sido cuando Raquel, mirando mi nueva cabeza, me ha dicho, orgullosa de su obra:
- Ahora el pelo está un poco despistado y no sabe a donde ir, pero la semana que viene ¡ya verás lo mono que te queda!
- Raquel, la semana que viene es probable que no tenga pelo.
Y nos hemos partido de risa, por todo lo alto.

lunes, 9 de febrero de 2009

Se publican muchos libros sobre cáncer, pero

éste me ha parecido interesante para compartir.
Se llama "Anticáncer", escrito por David Servan-Schreiber, un psiquiatra que ha superado dos tumores cerebrales, que se dice pronto.

El libro ofrece su experiencia sobre lo que aleja el cáncer de nuestros cuerpos: hábitos alimentarios, estilo de vida... Interesante como mínimo.

He sacado la información de 40ecos, un blog también interesante.