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jueves, 25 de junio de 2009

Esperando que llegue las cinco de la tarde

para subirme al AVE camino de Madrid, repaso el bloc y veo que lo tengo bastante abandonado, aunque no peor que en otros momentos.

Me voy a Madrid a participar otra vez en la tertulia nocturna de Popular TV, la cadena de televisión de la COPE. Esta noche reunirán varias tertulias en una, porque es el programa de final de temporada. A mi me toca anteproyecto de ley del aborto. Yo, a favor de que las mujeres escojan. Ellos, en contra. No hay sorpresa.
Lo mejor de esta colaboración, y de la que hice el mes pasado, es el trayecto. Un espacio sólo para mi, en el que puedo leer, navegar, desconectar...

Aún saldré por televisión con pañuelo. El pelo empieza a crecer, pero ralo y bicolor. Vaya, que parezco un dálmata, con unas clapas rubias y otras morenas. Aún no me siento cómoda con la cabeza descubierta fuera de casa, pero calculo que igual empiezo a lucir melena (es un decir) en agosto. La verdad es que con el calor que hace los pañuelos son un engorro y tengo ganas de lavarlos, plancharlos, guardarlos en un cajón y no verlos durante un tiempo.

Sigo con náuseas, tantas que debería pesar veinte kilos menos y la piel de mi pecho derecho, tras veinticinco sesiones de radio, empieza a estar irritada a pesar de los litros de crema especial que me unto para paliar el daño. Dice mi radióloga que tengo una piel estupenda. Ya. Bueno, preferiría no tener que ponerla a prueba pero tampoco vamos a quejarnos ahora.

Mañana es la última sesión de radioterapia general y sólo me quedarán ocho sesiones más de radio en la zona concreta del tumor. El 8 de julio termino y dejaré de subir cada día de mi vida al hospital. Largo, desde octubre que todo el proceso está siendo muy largo.

Sigo sin trabajo, entendido como un empleo estable, con contrato, pagas extras, derecho a vacaciones... Estoy introduciéndome en el mundo de los free-lances y no me gusta. Ni un pelo. No tengo alma emprendedora, no me gusta la incertidumbre de no saber cuándo voy a cobrar, ni quiero negociar el precio --mi precio, mi valor-- para cada trabajo, ni otras muchas cosas que conlleva ese estado de limbo laboral permanente.
Felicito a los que se mueven bien en él y lo disfrutan, además, con sensación de libertad, pero como no es mi caso no comparto su entusiasmo por el freelanceo.

Lo curioso de todo es que estoy freelanceando como redactora, cosa que no hubiera imaginado. A mi, la niña del orden y concierto, la reina de la gestión y la estrategia, me va saliendo trabajo para escribir. Vale, aprovecho la ola, me subo a ella y adopto para mi escudo de armas esa gran frase de Lennon: "La vida es aquello que te pasa mientras estás haciendo otros planes".

3 comentarios:

Extrujado dijo...

Muy mal, Amparo. La pediatra y la monja a mi izquierda daban mejores argumentos a favor de la eutanasia que los tres a mi derecha.

Amparo dijo...

Es que llegados a ese punto ya estaba muy cansada de rebatir estupideces. Pero tienes razón, ¡me queda tanto por aprender...! Encantada de verte de nuevo por aquí.

Eva-Evicka dijo...

De acuerdo Amparo,como soy tu amiga más antigua por esta vez te lo vamos a pasar,pero tal y como tú misma reconoces "Estrujado" tiene razón,así que por ejemplo la despenalización de la eutanasia no significa obligatoriedad absoluta, pero el derecho debiera asegurar los mecanismos para regular el acceso a la eutanasia de los pacientes interesados que cumplan unos requisitos especificados legalmente; así como de la legalidad y transparencia de los procedimientos.
Actualmente basamos nuestro ordenamiento jurídico en la protección de los derechos humanos.Por lo tanto en este sentido, cada enfermo tiene derecho a decidir, informadamente, sobre los asuntos que pertenecen a una esfera tan privada como es su propio cuerpo; y en virtud de esto, decidir cómo quiere seguir -o no seguir- viviendo.
Además hay dos tipos de eutanasia, la directa(la activa y la pasiva) y la inderecta.
Otra cosa, la Iglesia Cátolica Romana y las evangélicas y pentecostales son contrarias,en cambio las luteranas y metodistas y la mayoría de las anglicanas a pesar de oponerse aceptan la decisión individual para cada caso y por otro lado las presbiterianas dan espacio a la ética individual aunque no se pronuncian.
En Septiembre queremos nota.
Bromas a parte, hay que reconocer que lidiar con cirtos oponentes satura las neuronas. Tranquila que te entendemos.
Besos