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miércoles, 18 de mayo de 2011

Cosas buenas de mi día a día, es que puedo pasar

una mañana buscando material y, si me doy avío, hasta puedo colgar en este bloc algunas de las cosas que voy encontrando. ¡Asúcarrrr!

domingo, 20 de marzo de 2011

48, un número bonito

A todos los que estáis conmigo ya os beso en directo. Y a los que no habéis podido vernir, os dejo un regalo.


domingo, 2 de mayo de 2010

La peli que hay que ver se llama "El concierto"

Un grupo de maduros músicos de cámara rusos y su director, represaliados por el aparato comunista en los años 80, se reúnen 30 años después para representar a Tchaikovsky en París . Tampoco sería una situación tan peculiar si no fuera porque el director de orquesta ahora trabaja de limpiador en el Bolshoi, donde tantas veces creo música y pretende suplantar a la orquesta actual del teatro, empeñado en tocar junto a la única solista capaz de interpretar con su violín el alma de la música.
Si te la dejas perder te arrepentirás. Mejor en V.O.S.
Saldrás del cine con ganas de aprender violín, de sacarte un abono para la temporada de clásica y con el corazón encogido por la emoción. Es preciosa.


sábado, 20 de marzo de 2010

Un año más ¡vuelve a ser 20 de marzo!

Y eso que el año pasado Caronte pasó tan cerca que durante unos minutos viví sin vivir en mi. ¡Que le den! Pienso seguir unos años más (veinte, treinta) subiendo joyas como ésta: belleza, ritmo y retorno al pasado con una sola dosis. Pulsa el play y quédate con el estribillo. Este es mi regalo para ti el día de mi cumpleaños.

miércoles, 24 de febrero de 2010

Siempre me ha encantado esta canción

Es de la BSO de Tucker, un hombre y su sueño (justo después de un anuncio. De algo tienen que comer los de Goear).



jueves, 19 de marzo de 2009

Estoy escuchando ésto mientras espero que

la oncóloga me visite antes de la tercera quimio. Es un subidón de energía y la voz que me hubiera gustado tener.




lunes, 26 de febrero de 2007

La verdad es que la cancioncilla del vídeo que

colgué ayer me tenía obsesionada. Me sonaba (atención persona normal, que a mi la música no me suena como a ti), me sonaba la música, iba diciendo, al soniquete que va cantando en bucle el quinto ayudante de la Muerte cuando viene a por nosotros en delegación porque la Jefa está ocupada en otros asuntos. Imaginaba al quinto ayudante en naranja, como un lama canijo, despistado y más preocupado por encontrar algo que sólo él sabe que busca que en ir haciendo un viaje por persona, así que nos va recolectando para regresar pronto a su hogar. Y los que vamos encontrándonos en la cuerda eterna nos dedicamos a charlar unos con otros, tú qué por aquí, a mi me ha pillado desprevenido pero mira ya estamos, no, si quién más quién menos, qué canta el de la túnica, ni idea pero suena mono ¿no? Mujer, ralla un poco, ah, no, pues a mi me acompaña. Pues un poco todo esto me sugería la canción. Era como oír cantar a la abuela de Björk. Y a ti no sé, pero cuando yo tengo una obsesión me encallo y no hay forma de salir hasta que esa obsesión se desvanece. Total, que me he puesto a buscar el origen de la banda sonora del vídeo que colgué ayer (BSO, eso es dignificar un vídeo youtube y lo demás son historias) y, por supuesto, he encontrado todo. Una vez más vuelvo a sorprenderme a mi misma (debe ser por eso que no acabo de disociarme) al comprobar que el objeto de mi obsesión, cuenta la leyenda, es una canción de cuna que una niña ¿salomónica? le canta a su hermano pequeño para explicarle que el padre ha palmado. Todo cuadra en el universo.
Sasi sasi o to aro aro
O angi si nau boroi amu
Ni ma oe e fasi korona
Dolali dasa na, lao dai afuimae
Afuta guau mauri, Afuta wela inomae


Sasi sasi ae o angisi nau
Boroi nima oe e fasi koro na
Dolali dasa na, lao dai afuimae
Afuta guau mauri, Afuta wela inomae
Y como no soy una persona cruel, te dejo la traducción.

viernes, 2 de febrero de 2007

Fantástica emisora de radio por internet con canal

de jazz en directo que va a parar a mis favoritos preferidos (redundante, pero cierto): ICAT FM
Ahora está sonando Speak Low, de Billy Holiday. Maravillosa para escucharla sola o mientras mato correos de trabajo a las mil de la noche de un viernes. Toda vida tiene un ying y un yang y la mía debe tener dos, aún no se si yingues o yangues. Quizá tenga dos de cada, como soy piscis.
Qué curioso, el jazz es uno de los pocos estilos musicales (por decir algo) que no me dan miedo
.
(Y ahora suena Yardbird, de Miles Davies. Hummmm.)

lunes, 8 de enero de 2007

B-Lego ¡te pillé! Me ha costado un poco, porque

no tenía ni idea de quién eras y tampoco podía enlazar contigo con tu firma. Menos mal que consulté al oráculo y me dijo "ah, es Dani". ¡Ajajá! Pues pillado y fijado en los Enlaces selectos de mi blog. Por cierto, me he paseado el tuyo, Bar Edén, de arriba a abajo y es muy sabroso. Aprovecho y hago visible una parte de tu último comentario a mi entrada sobre el Cotton Club porque aportas información muy buena sobre el poco jazz en vivo que nos queda en Barcelona. Gracias Super ;-)

B-Lego dejó dicho en "A petición del respetable":

Cada semana, creo que los miércoles, podéis escuchar a los Ivanow Jazz Group en el "Jazz Sí Club" en la calle Requesens frente al "Taller de Músics"; el garito es ínfimo en tamaño pero grande en calidad (y con mucho, mucho humo, Amparo). También está La Locomotora Negra, una auténtica big band y los decanos del swing catalán (tenéis su programa en http://www.lalocomotoranegra.com), La Vella Dixieland http://www.lavelladixieland.com/Sitio%20web/inici.html, The Hot Swing Machine... estos son sólo unos pocos, hay más.
Cuando una de estas bandas coincide con un público que además de escuchar, baila swing, el espectáculo está garantizado.
En el ateneo "la Aliança del Poble Nou" se organizan espectáculos de este tipo varias veces al año; también ocasionalmente en la Sala Apolo.
Muy, muy, muy recomendable.
Como colofón, incluyo un vídeo de "Jazz casual", un programa de televisión yankee de los años 60. Producido por Ralph J. Gleason, por su programa pasó lo mejor del jazz del momento. Como pincelada biográfica, Gleason fue co-fundador de la Rolling Stone de papel. Ahí es ná. Déjatelo puesto mientras trabajas, es una delicia.

jueves, 4 de enero de 2007

A petición del respetable, explicaré mi experiencia

de ayer en la función del Cotton Club en el Auditori. Por descontado, no voy a hacer una crítica musical, sólo daré mi opinión de amante del jazz. Vaya por delante que disfruté, di palmas, canté, bailé en la butaca y sonreí todo el tiempo. De todas formas, algo debió pasar porque Laura esperaba ver a decenas de personas en el escenario, tal y como muestra el programa de mano. De verdad, haciendo recuento de memoria no me salen más de dieciséis o diecisiete, así que igual la sesión del miércoles falló, por culpa del atentado de Barajas o por cualquier otra razón que ningún responsable del espectáculo explicó. Qué raro. Bueno, entro al detalle.

Punto uno.
El Auditori no es un buen lugar para recrear un club de jazz. Le sobran parqué y metros cúbicos y le falta humo, alcohol, y sudor de lo bailado. El reducido elenco se esforzaba en crear un ambiente canalla y cálido, pero como que no. Las cantantes y los bailarines simulaban ser público que bebe (sidra El Gaitero y Font Vella, palabra de butaca de anfiteatro en primerísima fila sobre el escenario), se reta por un quítame allá ese hombre o esa mujer, y deambula por un espacio enorme . Resultaba gracioso ver a dos mujeronas, una a cada lado del escenario, lanzándose improperios porque una baila con el hombre de la otra. A esa distancia, la lagarta que quiere ligar con tu chico ha tenido tiempo de quedarse embarazada de él antes de que le llegue tu insulto. En fin. queda claro que el espacio es totalmente inadecuado. Hubiera sido mejor una sala de pequeño formato.


Punto dos.
El repertorio fue demasiado fácil. Tanto que fui capaz de seguir todas las canciones con estribillo incluido. Si algo me gusta del jazz, más allá de que me remueva por dentro, es dejarme llevar por sensaciones nuevas, cerrar los ojos y seguir el ritmo con la cabeza, con la nariz.

Punto tres. El público vivía sin vivir en él. Para empezar, la relación entre escenario y público era casi inexistente. El maestro de ceremonias trataba de enrolar al público, incluso soltaba algunas palabras en castellano bastante graciosas, pero había demasiada distancia, tanto por el idioma (chistes en inglés de Harlem) como por los metros que separaban a unos de otros. En Barcelona vamos flojos en inglés-inglés, digamos que es una ciudad en eterno intermediate. También es cierto que yo iba a ver a los del Cotton Club, al contrario de otros muchos que no pueden evitar ir al Auditori. Una mujer sentada en la fila de atrás me llamó la atención porque no la dejaba ver. Me disculpé mucho por estar siempre abocada en la baranda del anfiteatro, bailando y dando palmas, aunque no pude evitar pensar que mi actitud era la normal. Claro, la pobre iba al teatro y estaba desasosegada con lo que se encontró. Encima, en el saludo final, los músicos salen con sus instrumentos de viento, dispuestos al bis. Pues ¡el público les dejó ir sin más! Gracias chicos de Harlem, hemos disfrutado mucho, hala, nos vamos a casa que mañana madrugamos. ¡Pa estrangularlos a tos!

Anyway, como he dicho al inicio de esta entrada, disfruté mucho al dejarme llevar, una de las esencias del jazz. Ahora me he quedado con ganas de volver a los tugurios de jazz que habían en Barcelona, aunque creo que han desaparecido casi todos, y también de pillar un vueling y regresar a NYC para dar una vuelta, tomar sushi en cualquier garito del Down Town y sumergirme en bourbon bar a bar, escuchando buena música. Todo eso sin fumar. Será un Nueva York diferente.