interno, creo que es Facebook el que se equivoca, y un día me contabiliza 221 amigos y otros 222, habiendo empezado la danza del amigo en los 219 (¿218? ¿220?).
No tiene la menor importancia, ya que de esos 221 ó 222, apenas veinte son amigos de verdad. El resto son personas que pasaban por allí y me han interesado suficiente como para aceptarlos en mi red.
Sólo que esta variación continua de miembros de amparoland me ha dado qué pensar. Lo fácil que me resulta conectar con algunas personas porque algún detalle de la información superficial que cruzamos es divertido, o interesante o retador. Y lo difícil que es repetir lo mismo en la vida, porque la relación personal implica un esfuerzo y un desgaste que ahora mismo no estoy dispuesta a brindar. Prefiero focalizar energía en los amigos de verdad que se merecen mimos.
Doscientos veintidós amigos (o doscientos veintiuno) son demasiados. Creo que dejo aquí la entrada y me largo a Facebook, a revisar quién está pero no es y decidir qué hago con ello.
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lunes, 20 de septiembre de 2010
miércoles, 19 de mayo de 2010
Increíble pero cierto: tengo un amigo que es
capaz de decir el nombre de todos sus amigos de Facebook. Tiene 9. Ya, quizá eso le de cierta ventaja pero impresiona ¿verdad?
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