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jueves, 19 de octubre de 2006

Sospecho que estoy un poco obsesionada, porque

hoy he vuelto a soñar con cigarrillos. Noche cerrada. Estaba subiendo a la última planta de una casa con almenas en un ascensor de hierro forjado cuando he empezado a deslizarme por Paseo de Gracia en la misma caja del ascensor, ahora en horizontal y sin techo, como una vagoneta minera pero con calados. Como no había conductor, ni caballos, ni nada, sólo yo al frente, he temido llevarme por delante a unos cuantos hombres y mujeres vestidos con túnicas blancas que veía al final de la calle. He deducido que debía ser la Mercé, o Todos los Santos, o alguna fiesta ciudadana de esas en las que nunca participo, y los de la túnica componentes de una agrupación lúdica, o así. Total, que la caja de hierro forjado, pesadísima, ha frenado suavemente delante de sus narices. Varios fumaban. Una mujer de pelo rizado, casi como Harpo Marx, se ha apoyado en la caja mientras daba caladas a un piti y, algo pesarosa, me ha explicado que quería dejar el tabaco pero le resultaba difícil. Yo, ligeramente alucinada aún por no habérles arrollado, asentía con simpatía hacia ella y el resto, que me miraba de reojo. En ese momento, no me preguntes porqué, he empezado a intuir que el grupo de las túnicas pretendía asesinarme.

Moraleja: No leer las crónicas de Richard sobre el festival de cine fantastico de Sitges antes de ir a dormir.

miércoles, 18 de octubre de 2006

Y ya van tres noches fumando sin parar. Debe ser

por eso que me levanto con dolor de garganta. No han sido tres días seguidos; el último fue anoche. Tampoco es que fumase demasiado. Recuerdo que la cajetilla era de cartón-cartón, blanca y verde (¡olé!) y creo que sólo quedaba el cigarrillo que cogí. En cambio, no recuerdo si me lo fumé o no. Sospecho que no porque mientras lo sacaba del paquete me sentía un poco culpable. Las otras dos veces no las tengo tan nítidas, porque hace más tiempo, pero si me veo con claridad dándole una calada al cigarrillo mientras mi pensamiento se desdoblaba. Por una parte, tuve miedo que esa calada me hiciera recaer de nuevo. Por la otra, me creía capaz de superar la adicción tras ese cigarrillo. Real como la vida misma, siempre pensando dos cosas contrapuestas a la vez, hasta en sueños.

Cristina de Roser, si lees esto, ¡felicidades por tus cuatro meses y pico! Y sí, el proceso es duro y es cafre, pero vale la pena :-)

martes, 14 de marzo de 2006

Me voy al Tibet

Bueno. Decir "me voy" quizá sea un tanto arriesgado, a la par que pretencioso. En realidad debería decir "estoy empezando a ahorrar para largarme a Tibet este verano". Hace algunos años que no viajo sola y vuelve a apetecerme mucho. Y si no me llega para Tibet iré a India. Ahora que no fumo puedo dar tres vueltas y media a la Tierra volando sin repostar. Aburrido pero factible.
Humm. Tibet está cerca, lo noto. Estoy visualizando una imagen que me encanta: Amparo, bandolera en ristre, tratando de descifrar un mapa sentada a una mesa con un té, con un café, con un lo que sea que se beba allá, despistada y feliz en medio de la nada. Sola, sin nadie que me opine, que me opte, que me indique, que me haga el favor de dejarme tranquila. Sin tener que explicar que un viaje (mi viaje) no tiene porqué (coño) ser el paradigma de la democracia y que si se me hinchan las narices, mi voto vale por dos. Cuestion de talla. Sin buscar una tienda en medio del desierto donde vendan pilas alcalinas recargables para la cámara digital, ni suero fisiológico porquesemesecanlosojos (yavesquelástima); sin explicar qué estoy leyendo, qué estoy pensando, qué me estoy untando en la tostada. Sin negociar el tiempo que puedo detenerme delante de una estatua que me cae simpática, sin tener que ajustar mi ritmo al otro, sin acelerar, sin esperar, sin nadie. El paraíso. Tibet. No te muevas que esoy yendo hacia ti, hacia mi.