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jueves, 17 de septiembre de 2009

Ayer fui a ver "Olor d'ocell" el Versus Teatre. Te la recomiendo.

Pero ayer también había partido del Barça. Resultado, una platea algo desangelada. A las dos actrices que llevan la obra a buen puerto (Mònica Lucchetti y Virginia Sánchez) no les importó y salieron a escena dándolo todo
Lucchetti, excelente, como siempre. Sánchez a muy corta distancia. Me dejó impresionada su registro para el drama, que no conocía.

El texto, escrito también por Virginia, se basa en la relación de dependencia de dos presas. Una, recién llegada al ambiente sórdido de la cárcel. La otra, una veterana. Cada una dará algo a la otra. Y cada una perderá también algo.

Una obra intensa, vital, que reclama tu atención desde el primer momento y ya no la suelta hasta el saludo final.

La obra se acaba este domingo, así que ya te puedes dar prisa. Y si sacas las entradas por Atrápalo tienes un 50% de descuento.
Aquí, una crítica.
Aquí dónde sacar entradas con descuento.
Aquí la sinópsis.

Y aquí una llamada a todos los programadores culturales: a ver si hacéis un poco de caso al trabajo que se ofrece en salas pequeñas. No siempre es magnífico, como en "Olor d'ocell", pero es la cuna del teatro y ya se sabe que las cunas tienen que ser cómodas para que las criaturas crezcan con salud.

jueves, 4 de enero de 2007

A petición del respetable, explicaré mi experiencia

de ayer en la función del Cotton Club en el Auditori. Por descontado, no voy a hacer una crítica musical, sólo daré mi opinión de amante del jazz. Vaya por delante que disfruté, di palmas, canté, bailé en la butaca y sonreí todo el tiempo. De todas formas, algo debió pasar porque Laura esperaba ver a decenas de personas en el escenario, tal y como muestra el programa de mano. De verdad, haciendo recuento de memoria no me salen más de dieciséis o diecisiete, así que igual la sesión del miércoles falló, por culpa del atentado de Barajas o por cualquier otra razón que ningún responsable del espectáculo explicó. Qué raro. Bueno, entro al detalle.

Punto uno.
El Auditori no es un buen lugar para recrear un club de jazz. Le sobran parqué y metros cúbicos y le falta humo, alcohol, y sudor de lo bailado. El reducido elenco se esforzaba en crear un ambiente canalla y cálido, pero como que no. Las cantantes y los bailarines simulaban ser público que bebe (sidra El Gaitero y Font Vella, palabra de butaca de anfiteatro en primerísima fila sobre el escenario), se reta por un quítame allá ese hombre o esa mujer, y deambula por un espacio enorme . Resultaba gracioso ver a dos mujeronas, una a cada lado del escenario, lanzándose improperios porque una baila con el hombre de la otra. A esa distancia, la lagarta que quiere ligar con tu chico ha tenido tiempo de quedarse embarazada de él antes de que le llegue tu insulto. En fin. queda claro que el espacio es totalmente inadecuado. Hubiera sido mejor una sala de pequeño formato.


Punto dos.
El repertorio fue demasiado fácil. Tanto que fui capaz de seguir todas las canciones con estribillo incluido. Si algo me gusta del jazz, más allá de que me remueva por dentro, es dejarme llevar por sensaciones nuevas, cerrar los ojos y seguir el ritmo con la cabeza, con la nariz.

Punto tres. El público vivía sin vivir en él. Para empezar, la relación entre escenario y público era casi inexistente. El maestro de ceremonias trataba de enrolar al público, incluso soltaba algunas palabras en castellano bastante graciosas, pero había demasiada distancia, tanto por el idioma (chistes en inglés de Harlem) como por los metros que separaban a unos de otros. En Barcelona vamos flojos en inglés-inglés, digamos que es una ciudad en eterno intermediate. También es cierto que yo iba a ver a los del Cotton Club, al contrario de otros muchos que no pueden evitar ir al Auditori. Una mujer sentada en la fila de atrás me llamó la atención porque no la dejaba ver. Me disculpé mucho por estar siempre abocada en la baranda del anfiteatro, bailando y dando palmas, aunque no pude evitar pensar que mi actitud era la normal. Claro, la pobre iba al teatro y estaba desasosegada con lo que se encontró. Encima, en el saludo final, los músicos salen con sus instrumentos de viento, dispuestos al bis. Pues ¡el público les dejó ir sin más! Gracias chicos de Harlem, hemos disfrutado mucho, hala, nos vamos a casa que mañana madrugamos. ¡Pa estrangularlos a tos!

Anyway, como he dicho al inicio de esta entrada, disfruté mucho al dejarme llevar, una de las esencias del jazz. Ahora me he quedado con ganas de volver a los tugurios de jazz que habían en Barcelona, aunque creo que han desaparecido casi todos, y también de pillar un vueling y regresar a NYC para dar una vuelta, tomar sushi en cualquier garito del Down Town y sumergirme en bourbon bar a bar, escuchando buena música. Todo eso sin fumar. Será un Nueva York diferente.

miércoles, 3 de enero de 2007

Esta cosa fantástica con cara de inocente cumple

hoy 12 añazos. También cumplen años hoy Rafa y Miguel (más de doce cada uno. ¡Felicidades chatos!) pero no tengo sus fotos para ponerlas. Y me dirás ¿por qué siempre muestras a tu perra tumbada? Pues porque es imposible hacerle una foto en movimiento, por hiperactiva y por pesada. Ah, y porque no se más, que también cuenta. A ver si un día la grabo agitándose, que es su estado natural, y la subo a YouTube. Cosas peores he visto. Por cierto, Indiana nació el mismo día que Marion Davies, la actriz que -cuenta la leyenda- inspiró la clave del gran inicio de Ciudadano Kane. Corto y cierro, que me voy a disfrutar del Cotton Club en el Auditori. Laurita me ha invitado y me espera a las 8 en la puerta.

sábado, 25 de junio de 2005

Tres semanas y pico

Un pico corto, de dos días, pero pico al fin. El jueves, verbena, fui a una fiesta de cumpleaños y una persona me dijo que si llevaba tres semanas ya lo había conseguido. Era una forma de dar ánimos, supongo. Creo que en la fiesta sólo otro y yo no fumábamos y fue curioso observar en tercera persona como los toxis buscaban ceniceros o se pedían fuego entre ellos.
El mismo jueves, un poco antes, tuve función ¡y nadie fumó en el camerino! Gustavo tenía el camel por allí encima y yo lo iba mirando de reojo, ¡me era tan familiar! pero no encendió ni uno a pesar de ser su debú. Y Rafel aguantó sin fumar como un señor, y eso que es una chimenea, como yo antes. Muy monos los dos. ¿Algún día iré por ahí sin acordarme que fumaba y sin pensar en si alguien fuma? Bueno, ya he superado las tres semanas.

miércoles, 22 de junio de 2005

Mañana será el primer jueves

desde octubre que estaré más concentrada en no fumar en el camerino que en salir a escena. Un compañero de teatro, en un rapto de generosidad, prometió intentar abstenerse. No habían pasado 12 horas del rapto cuando me envió un sms diciendo que iba a ser que sí, que de no fumar nada de nada. Es curioso, ahora que lo pienso de los siete que estaremos embutidos en el camerino sólo fuman dos. A eso le llamo "franca minoría". Menos mal que uno es ducados y el otro nobel, que si no igual me daba un ataquito. Después del teatro, fiesta de cumpleaños en un ático con terraza, vieja conocida donde he llegado a fumar lo que no está escrito. Me espera una verbena preciosa.

domingo, 5 de junio de 2005

¡He superado la clase de teatro!

Al principio, raro, porque el cigarrillo me hacía mucha compañía. Pero más adelante todo fluía. También fluía un poco de mi mala leche, aunque me he esforzado mucho en hacerme la simpática. Primero, coz, después sonrisa. Igual ha colado, pero un par de veces me han dicho, medio en broma medio en serio, "fúmate un cigarrillo Amparo". Ya veremos qué pasará cuando toque camerino. Allí me fumaba uno detrás de otro. Mañana, otra semana laboral sin humo. Aunque sin llegar a que la cabeza me gire descontrolada, noto como el mal humor se apodera de mi. Me ataré a la cama pero antes voy a zamparme unas galletas de chocolate que, oh sorpresa, han aparecido en la nevera. Una cosa que he decubierto hoy es que hay un montón de personas en mis diferentes grupos que no fuman. Como yo fumaba tanto no me daba cuenta. Toxicómana y egocéntrica. Una combinación de lo más estupenda.