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lunes, 25 de agosto de 2008

Ayer, mi madre y yo estuvimos todo el día

y la noche en danza. Sobre las 5:45 a.m., ya en mi cama, oí como me llamaba a grito pelado. Cuando entré en su habitación para ver qué quería por enésima vez, me presentó a unas visitas sentadas al borde de su cama.
Tras soltar un sapo y dos culebras salí del cuarto. Estaba cerrando la puerta cuando escuché como mi madre disculpaba mi salida de tono ante las visitas: "es que lleva una temporada un poco nerviosa".

Como decía Aquel, "hay otros mundos, pero están en éste". Y yo puedo asegurar que una parte de los habitantes de ese otro mundo pasan por mi casa en algún momento, preferentemente de madrugada.

viernes, 22 de agosto de 2008

John Burdon Sanderson Haldane fue un

científico especial, con un increíble sentido del humor. Una parte de su trabajo se centró en investigar y solucionar los efectos de la presión en los submarinistas. Sus experimentos eran arriesgados, con la peculiaridad de no servirse de animales sino de él mismo y sus allegados. En uno, además de otras lesiones, era posible la perforación del tímpano. Sobre ello dijo:
El tímpano, en general, se cura. Y si queda algún orificio, aunque uno se quede un poco sordo, siempre puede expulsar el humo del tabaco por el oído en cuestión, lo que constituye un éxito social.
La historia completa de JBS Haldane la puedes leer en Historias de la ciencia, un bloc que tengo en mis oraciones.

lunes, 18 de agosto de 2008

Estoy en la biblioteca, trabajando. He preferido

quedarme cerca de casa por si las moscas debo salir corriendo otra vez, aunque creo que no. He llegado a las diez y media y las salas ya estaban llenas. Me he instalado en una de las mesas redondas con conexión para mi portátil y hasta ahora he estado produciendo sin parar y con cierta comodidad.

Pero, ah, cruel destino, eso se acabó. Acaba de sentarse un imbécil con Mac a mi vera. Digo a mi vera porque la mesa no es demasiado amplia. De una mesa de dos donde estábamos dos, hemos pasado a una mesa de dos, con el intruso. Lo primero que ha hecho es quitarse el reloj, dejarlo en la mesa, frotarse las manos, sorberse los mocos y abrir el portátil.

Me he rayado. Me cuesta compartir espacio. Creo que he ido de acampada tres veces en mi vida, una de ellas engañada. No me gusta tener a nadie tan cerca sin haberle invitado. Me molesta que rompan mi burbuja.

No, no me molesta, me pone de mala uva. Creo que volveré a casa. Aunque también está invadida (la cuidadora de mi madre es un mal necesario, pero no deja de ser un mal) igual me calmo y retomo el trabajo.

¿Como podemos estar a 18 de agosto y que una biblioteca municipal esté tan llena? ¿Qué le pasa a la gente? ¿Es pobre? Vaya mierda de crisis, de burbuja inmobiliaria y de invasor con bermudas. Sí, el tipo lleva bermudas. Encima, se ve que está escribiendo y necesita inspiración, porque se levanta y da paseitos. Lástima que no se dé contra una columna.

Y lleva colonia. Mucha colonia. Tanta colonia que le huelo sin dificultad.
Me gustan los hombres limpios pero me molesta la gente que me obliga a oler como ellos huelen, o a oír lo que ellos oyen, o a ver lo que ellos ven, sin desear nada de eso.
Me va mirando de reojo. Si le inspiro algo, será como mínimo el personaje de una asesina en serie. Mejor será que no refleje lo que me inspira él a mi.

A la mierda la concentración.(Esta ilustración estupenda -se llama "ataque de ira"- la he sacado de un blog interesante: Moni Quetta).

domingo, 17 de agosto de 2008

¿Qué se puede hacer cuando regresas a casa

del hospital a las siete de la mañana? Pues poner una lavadora y cocer dos ollas de caldo. Tenía otra opción: meterme de nuevo en la cama y esperar a que me llamasen de urgencias, donde ayer por la noche ingresé a mi madre por una infección. Menos mal que han localizado al bicho y dentro de un rato volverá a estar tumbada en su cama. Y yo tirada en el sillón ni que sea un ratito.

A lo que iba. Estaba limpiando verduras con la radio puesta bajito cuando he escuchado a un comentarista deportivo. Tema: partido de nosequé entre España y, creo, Nueva Zelanda.
Vale que a los periodistas de deportes se les echa de comer aparte, básicamente la mayoría ocultan su falta de preparación inventándose una jerga que machaca el lenguaje sin piedad.
Pues bien, el zoquete ha dicho algo así como "los españoles y los kiwis". ¡Los "kiwis"! para referirse a los jugadores neozelandeses. Impresionante. ¿Y nosotros que somos? ¿los toreros? ¿los flamencos? ¿los toritobravo?, digo yo, por la ley de la reciprocidad.

Hace una semana nos veíamos las caras con los yanquis por la foto de un equipo español (denosequé, es que me importan un bledo los JJOO) cuyos componentes se estiraban los ojos achinándolos y ahora un periodista al que se le supe una cierta formación llama "kiwis" a los de las antípodas.
Personalmente, la foto de los achinaos no me pareció nada ofensiva, más bien graciosa y cómplice, pero se ve que teníamos al entrenados yanqui mal aspectao y le fue de perlas montar polémica para distraer la atención del juego (desconozco y me trae sin cuidado saber si ganamos o perdimos contra los capitaneados por el acusica).
Del de los "kiwis" me molesta lo que siempre me ha molestado de los comentaristas deportivos: que recurran al recurso fácil, al giro barriobajero. "Lo' kívis" (pronúnciese con deje arrabalero, por favor). Y se queda tan ancho, el tio.

En una tesitura similar, hace un par de días pongo TV3, "la meva" y en un magazine matinal, cuyo director está de vacaciones, los suplentes invitan a un economista, profesor universitario de cuyo nombre no quiero acordarme. La invitación es fruto de la pregunta del día que se le hace a la audiencia, que vota si o no por sms. Siempre hay un experto que arroja luz, o vomita datos, sobre dicha pregunta de actualidad.
Pues bien, ese día la audiencia debía decidir si las medidas de Zapatero para paliar la crisis eran adecuadas. El presentador, guapo pero más soso que el plástico de un polo flag, le hace la pregunta al experto y va y el tío contesta: "no sé cuales son las medidas de Zapatero, porque no las he leído, pero no me parecen acertadas". Cágate lorito. O sea, no le conozco, pero es usted un imbécil, es un poner.

Tampoco yo conozco las medidas de Zapatero ya que me despiertan el mismo interés que los JJOO, pero no se me ocurrirá opinar sobre ellas con esta frivolidad, y menos si me invitan como experta a un programa de televisión, ni que sea local.
El profesor-tiparraco se cargó de un plumazo al equipo de producción, y seguro que le pasaron el tema antes de venir. Y si no le dieron demasiado tiempo para mirárselo y se cabreó (a veces pasa si los de producción no son ágiles), que hubiera declinado ir. Vamos, me hace a mi eso en directo y le tacho ipso facto de mi agenda de expertos. Y si puedo, también le tacho del censo.

jueves, 14 de agosto de 2008

Acabo de ver una de las peores películas de

la historia de cine: Mamma mía. Ya, claro, es muy fácil decir "cómo se te ocurre". Pues porque es verano, porque mi amigo Torrent me facilita muchos visionados que pagando no haría y porque una siempre tiene una hora y cuarenta y ocho minutos tontos y --todo el mundo tiene un pasado-- he bailado millones de veces las canciones de ABBA.

Volviendo a la película, Mamma mía, más que el título podría ser la cabreada exclamación de quien haya pagado por ver este bodrio. Meryl Streep, que desde Kramer contra Kramer hace de Meryl Streep, vuelve a hacer de ella, sólo que agitándose o sufriendo convulsiones que la directora trata de colarnos como bailes. Además, a punto de cumplir los sesenta se empeña en pasar por una jovenzuela de cuarenta y no, para qué engañarnos. ¿Será una venganza del director de casting debida a una vieja ofensa? ¿Cómo pueden enfundarla en un pantalón de peto y obligarla a ser la madre de una veinteañera rubia (Amanda Seyfried) con aspecto --y sólo aspecto--virginal?
Phyllida Lloyd es la directora de este casi seguro Razzie. Al parecer Lloyd, gran amante de la ópera, odia el pop. O el cine. O el pop y el cine. Si no es así, es imposible entender semejante engendro. Mamma mía! (creo que me he contagiado).

Voy a ser positiva: Christine Baranski, la mujer por quién más de un cirujano plástico debería pudrirse en una cárcel turca, defiende su papel con brío, valentía y profesionalidad. La mejor de todas sin duda.
Por lo que respecta a ellos, hay un empate técnico entre Pierce Brosnan y Colin Firth. Vale, si has llegado hasta aquí mereces saber que he visto Mamma-enqueestaríayopensando-mía por Colin. Pensé "si él participa no debe ser tan mala como prometen los anuncios de la tele". Casi veinte años ganándome la vida con la publicidad y sigo equivocándome al dudar de ella. Pues sí, la peli es tan mala. Qué digo "tan". Es tantarantán mala.

Volviendo a Pierce y Colin, el primero, cincuentón largo, sigue pudiendo descamisarse con dignidad. Olé Remington. Quién tuvo, retuvo. Encima, clase magistral para cualquier aspirante a actor, aguanta a pie derecho The winner takes it all entera aullada por una convulsa Meryl en un acantilado como lo que es, un señor y un actorazo. Otro la hubiera empujado.

Respecto a mi muy amado Colin, que últimamente se ha metido en berenjenales impropios de un caballero, lucha por dignificar veinte líneas de guión como sólo un actor d oficio sabe hacer. Qué lástima este chico, lo bueno que es y lo mal que escoje. Digo yo que será por dinero. ¿Publicará un anuncio en The Times pidiendo perdón en su nombre y el de su familia por haber participado en Mammadelamorhermoso, como hizo Paul Newman en un diario yanky tras actuar en El cáliz de plata?
El resto del reparto oscila entre insignificante, prescindible y patético así que no perderé el tiempo en pormenores.

Si tras está escolástica crítica aún crees que Mamma mía vale la pena, por favor, para y piensa. Existen terapias para esto que te pasa, tus amigos están a punto de regresar de vacaciones y la vida vale la pena.

Si la has visto y te ha gustado, igual te ha pasado como a miles de personas que nacimos en los sesenta y hemos caído en la tentación: ¿quién no ha bailado ABBA sobre la barra de un bar? Eso marca para siempre.

Vale. Te enrocas y te empeñas en decir que te ha gustado. Bueno, te quiero igual, aunque es posible que jamás quedemos para ir al cine, al menos comprando la entrada y menos si invito yo.

Aprovecho y te dejo puesto The winner takes it all tal y como siempre debió ser cantada, y por si a Meryl se le ocurre pararse en este bloc. Lo que está hecho, está hecho, pero queda el arrepentimiento y el acto de contricción. Es tu caso, Meryl, con éste último ya cumplirías.




sábado, 9 de agosto de 2008

Me gusta Agosto porque no hay nadie.

Eso me permite deambular sin rumbo por Barcelona, o con rumbo, qué más da, con el mp3 insertado en el cerebro y una mochila a la espalda, sin fijarme en nada ni en nadie.
El viernes bajaba caminando a la playa cuando me tope con un grupo de gente que bordeaba la cinta de la policía en la esquina de Valencia con Marina.

Asomo la naríz, veo a cuatro coches de Mossos d'Esquadra y un camioncito de basura. Mi primer pensamiento fue "caramba, alguien debe haber vuelto a tirar los cartones de leche en el contenedor azul" pero mi alma periodística me empujó a preguntar. Seleccioné a una mujer cualquiera de entre las cincuenta o sesenta personas que apuntaban con la cámara del móvil hacia la policía y el mini camión de basura. "Han encontrado un muerto en un contenedor". ¡Sopla!*, mi primera muerte violenta y tiene que pillarme autista perdida. Y los J&J en Japón, pudiendo verlo todo desde el balcón de su casa.

Por asegurarme, pregunto a un cámara de televisión local. Me mira fijamente, sopesando si me contesta o no, actitud que me parece harto imbécil. Le miro con gesto de "que es para hoy" y responde lo mismo que la mujer.
La escena ya no tiene interés, dentro de unas horas sabré más leyendo la prensa. De todas formas, el crimen -porque un muerto en un contendor no es un descuido- me deja mal cuerpo. Estamos todos demasiado cerca de la violencia desatada y no dejo de pensar durante tres o cuatro manzanas en que ser policía es una profesión de mierda, siempre bregando con lo peor. Bueno, bien pensado es parecido a ser presentador de un programa de corazón. Pobre Cantizano.

*¡Cojones!

lunes, 4 de agosto de 2008

Todo el mundo está de vacaciones menos yo,

que estoy en paro. Hay una sensible diferencia entre tumbarse al sol con o sin trabajo, y si no que se lo pregunten a Leon de Aranoa.
Entre que ya no tomo psicotrópicos y que la vida está peleona, lo único que me apetece escribir es cacaculopedopis y, como diría una tía mía muy estupenda, "si no puedes decir nada agradable es mejor no decir nada". Bueno, tampoco le hago mucho caso porque si lo hiciera me pasaría la vida callada como una muerta. La verdad es que tampoco escribo ni nada porque me da pereza.

Cosas memorables de la última semana:
Susanalacuidadora ya no es más cuidadora. Lo que empezó muy bien ha ido degradándose en apenas tres meses hasta ganarse a pulso la categoría "hijasdelagranputa" y ya no trabaja más en mi casa. Ciertas irregularidades, incluidos aperitivos a mi costa y siestas dignas de Obelix sufragadas por una servidora, han hecho que esta tipa saliera de mi casa tan rápido como fue posible. Se puede tomar el pelo a mucha gente durante poco tiempo, pero no se puede tomar el pelo a una persona todo el tiempo (o algo así creo que era),

La nueva cuidadora se llama Daniela. Tiene un hijo más que la otra (4 a 3) y tres años menos (28). Parece buena persona. Lo malo, para ella, es que tendrá que ganarse la confianza gramo a gramo (por poner una magnitud a la confianza). Con la otra he tenido bastante.
De momento, lo primero que hice fue enseñarle la garrafa de aceite reciclado, por si las moscas y los cólicos.

Sigo con ganas de fumar. Cada vez más. Y siempre que alguien me dice "bravo por no fumar" me entran ganas de salir corriendo y besar en la boca al primer estanquero que encuentre.
Mono y yo nos vamos a dormir. Es un capullo pero al menos no da patadas.

Prometo alguna que otra entrada sobre mis aventuras en la Seguridad Social, la institución que más lerdos y lerdas tiene por centímetro cuadrado de mostrador de atención al público. Y también prometo ponerme al día sobre la (ausente) ley de dependencia.