cómplices, de entendernos con la mirada. Llegó a mi vida un febrero tremendamente frío y ayer, en otra mañana también fria, la acompañé hasta que murió.
Ha sido la perra más bonita del mundo, inteligente, cariñosa y divertida. Le gustaba hasta a quienes no les gustaban los perros; no he sido la única rendida a sus encantos.
Además, era una perra-gata. "Te quiero, pero ahora mismo estoy tranquilísima en mi rincón del sofá y no me apetece nada hacer el mico para entretenerte ¿entiendes?". Y claro, dicho así no había más remedio que respetar su espacio y su tempo.
Recuerdo un verano que pinté mi casa. Indiana tendría cinco meses y me ayudaba metiendo sus patas en la bandeja de pintura y llenando el suelo de huellas blancas. Con la energía de los 33 años recogí todo, limpié, pulí, abrillante, entreteniéndome especialmente en una mesa de mármol que tenía, y abrí el balcón de par en par para que se fuera el olor de la pintura.
Más o menos en cinco segundos, Indiana cogió carrerilla por el pasillo, brincó en la mesa abrillantada y al resbalar por el pulimento trató de frenar como un dibujo animado, caminando frenéticamente hacia atrás mientras me miraba con las cejas levantadas. Total, aunque acabó estrellándose un poquito contra la barandilla del balcón lo único herido fue su orgullo, en parte gracias a mis carcajadas.
También me viene a la memoria un hecho mucho más reciente, apenas hace un año y poco. Cuando volvía de la quimio y me hundía en el sillón, mi perra se tumbaba literalmente encima de mi, tratando de abarcarme. Primero pensé que quería hacerme mimos, después entendí que lo que pretendía era absorber mi malestar para evitarme sufrimiento.
La mejor perra y la mejor amiga. La lloraré siempre.
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domingo, 19 de diciembre de 2010
domingo, 26 de septiembre de 2010
Clooney es un kilo y cuarto de perra que acaba de cumplir
dos meses y llegó a mis manos y a mi sofá el miércoles pasado. Es probable que no sea el momento, pero la idoneidad de las situaciones nunca ha sido mi fuerte.
Adoptar a Clooney ha sido un acto egoista por mi parte: cuando Indiana muera esta nueva amiga me lo hará más llevadero. Lo de Indiana no es inminente, parece que la he podido rescatar de un mal final por un tiempo más, aunque llegará en menos de lo deseado. Después del catacrack que tuvo hace quince días, ahora está estable y no tiene dolor. Sigue comiendo nada y menos, pero al menos ya tiene algo hambre, así que cuando no le queda más remedio se conforma con parte de la lata especial de comida para perros pachuchos del riñón, que dicho sea de paso me cuesta un Congo.
Ahora, un día en mi casa está aderezado con una lenteja que al correr derrapa y que se cuelga con los dientes de Indiana hasta que la mayor logra sacudírsela, ladrido más o menos.
De momento, estoy otra vez en medio del espiral de pipís desubicados, pero la risa que me produce y la alegría que me contagia lo compensa todo.
Adoptar a Clooney ha sido un acto egoista por mi parte: cuando Indiana muera esta nueva amiga me lo hará más llevadero. Lo de Indiana no es inminente, parece que la he podido rescatar de un mal final por un tiempo más, aunque llegará en menos de lo deseado. Después del catacrack que tuvo hace quince días, ahora está estable y no tiene dolor. Sigue comiendo nada y menos, pero al menos ya tiene algo hambre, así que cuando no le queda más remedio se conforma con parte de la lata especial de comida para perros pachuchos del riñón, que dicho sea de paso me cuesta un Congo.
Ahora, un día en mi casa está aderezado con una lenteja que al correr derrapa y que se cuelga con los dientes de Indiana hasta que la mayor logra sacudírsela, ladrido más o menos.
De momento, estoy otra vez en medio del espiral de pipís desubicados, pero la risa que me produce y la alegría que me contagia lo compensa todo.
domingo, 3 de enero de 2010
domingo, 8 de febrero de 2009
Tercer día tras la quimio: peor de
lo previsto, o sea, he vuelto a pecar de optimista. Ayer, segundo día tras la sesión, mi esqueleto huyó del cuerpo y éste, convertido en guiñapo, se acurrucó en la cama sin energía. Solo logré ponerlo en marcha una hora, para ocuparme de mi madre por la noche. Hoy no he conseguido arrancar el motor hasta pasadas las 2 de la tarde. Ahora vuelvo a estar desparramada en el sillón, con Indiana encima y mi madre en su silla de ruedas. Todo controlado. A ver si aguanto así hasta la hora de su cena.
Espero levantarme mañana ya sin náuseas, mareos y con el esqueleto de nuevo en su sitio. Menudo cobarde, huir así, a la primera de cambio. Menos mal que mi quimio es casi de juguete. Ahora soy incapaz de pensar en aquellas personas para las que esta terapia es mucho más que una prevención, como es en mi caso.
Espero levantarme mañana ya sin náuseas, mareos y con el esqueleto de nuevo en su sitio. Menudo cobarde, huir así, a la primera de cambio. Menos mal que mi quimio es casi de juguete. Ahora soy incapaz de pensar en aquellas personas para las que esta terapia es mucho más que una prevención, como es en mi caso.
martes, 24 de junio de 2008
En estos catorce días sin echar por la boca una sola
entrada han ido pasado cosas, como no podría ser de otra forma en mi vida. Pero como tengo sueño y debo preparar la cena, iré rápido.
La primera cosa que me tuvo un poco en vilo fue hace un par de sábados. Como cualquier otro sábado desde hace unos meses, me levanté a las ocho de la mañana (ahora que lo estamos hablando, no vuelvas a desearme feliz fin de semana, anda) y tras una rápida ducha me dediqué, como todas las mañanas, a honrar la memoria de Donie Brasco. Pastillas para madre, pastillas para Indiana, pastillas para Amparo. Total, un fallo en el automatismo hizo que mi perra se zampase, enrolladita en jamón bajo en sal, uno de los antidepresivos de Amparo, en vez de su anti-inflamatorio rosa. Pasé el resto del día mirándola, por si un aquel, aunque parecía bastante feliz.
La otra cosa que ha pasado, o ha sucedido, o hemos perpetrado entre varios, es un nuevo bloc de cuentos cortos. Responsable, responsable, lo soy de su título "Érase una sola vez" y de su primera entrada. Ah, y de que esta vez sea en Wordpress. Me apetecía usar otro sistema de gestión de contenidos y, francamente, me parece bastante difícil. Supongo que todo es meterse, pero ahora me apetece poco. Los otros tres cerebritos que me acompañan en la aventura son Richard, Dani y Eva. Que sean ellos los que se las vean con la cosa del programa que yo iré subiendo algún texto de vez en cuando. Hay muchas entradas, no sólo nuestras sino de otras personas que colaboran de forma espontánea. A algunas les conocemos, a otras no. Como en todos los blocs colectivos, hay entradas infumables, pasables, divertidas, buenas, simpáticas... para gustos los colores. No estoy de acuerdo con lo de "Todos los derechos reservados" que mis compañeros han añadido al pie de los textos, pero qué más da si les hace ilu. Bueno. Una línea más en "Enlaces selectos", aunque esta vez un poco más mimada.
La primera cosa que me tuvo un poco en vilo fue hace un par de sábados. Como cualquier otro sábado desde hace unos meses, me levanté a las ocho de la mañana (ahora que lo estamos hablando, no vuelvas a desearme feliz fin de semana, anda) y tras una rápida ducha me dediqué, como todas las mañanas, a honrar la memoria de Donie Brasco. Pastillas para madre, pastillas para Indiana, pastillas para Amparo. Total, un fallo en el automatismo hizo que mi perra se zampase, enrolladita en jamón bajo en sal, uno de los antidepresivos de Amparo, en vez de su anti-inflamatorio rosa. Pasé el resto del día mirándola, por si un aquel, aunque parecía bastante feliz.
La otra cosa que ha pasado, o ha sucedido, o hemos perpetrado entre varios, es un nuevo bloc de cuentos cortos. Responsable, responsable, lo soy de su título "Érase una sola vez" y de su primera entrada. Ah, y de que esta vez sea en Wordpress. Me apetecía usar otro sistema de gestión de contenidos y, francamente, me parece bastante difícil. Supongo que todo es meterse, pero ahora me apetece poco. Los otros tres cerebritos que me acompañan en la aventura son Richard, Dani y Eva. Que sean ellos los que se las vean con la cosa del programa que yo iré subiendo algún texto de vez en cuando. Hay muchas entradas, no sólo nuestras sino de otras personas que colaboran de forma espontánea. A algunas les conocemos, a otras no. Como en todos los blocs colectivos, hay entradas infumables, pasables, divertidas, buenas, simpáticas... para gustos los colores. No estoy de acuerdo con lo de "Todos los derechos reservados" que mis compañeros han añadido al pie de los textos, pero qué más da si les hace ilu. Bueno. Una línea más en "Enlaces selectos", aunque esta vez un poco más mimada.
viernes, 6 de junio de 2008
Cinco tumores, cinco, y ninguno maligno. Feos, eso sí,
pero con corazón de conguito. Indiana está estupenda. Y yo, pues estoy todo lo bien que se puede estar una vez rebasados los tres años sin fumar, hace ya cinco días.
sábado, 31 de mayo de 2008
Ayer la operaron y salió del quirófano más feliz que
una perdiz. Xavi es testigo porque me acompañó a la veterinaria por si había que llevar a la dama en brazos a casa.En cuanto me oyó empezó a ladrar y ya no paró hasta que salimos de la clínica. Está estupenda a pesar de los cinco tumores que le sacaron. Eran muy feos, y no en sentido retórico. Ahora toca esperar la biopsia, a ver si se quedan ahí o si, además de feos, le sumamos la categoría de hijos de puta.
En esta foto abre un ojo como vigilando si le voy a hacer otra trastada, además de colocarle una campaña para que no se lama los puntos y forme un estropicio. Con o sin campana, es una campeona. Mi campeona.
lunes, 7 de abril de 2008
Prueba superada. Seguimos para bingo y quién sabe
hacia qué otros planetas. Mi madre ha venido a pasar el fin de semana a casa. Bueno, más que venir ella la he traído yo, si quiero atenerme a los hechos. Para que el pícnic resultase bien he tenido una semana espectacular.
Lunes: Intento hablar con la doctora de mi madre en la clínica, pero no se deja. Se ve que se le está muriendo un paciente y la mujer tiene prisa.
Martes: día empleado a fondo en la ortopedia, alquilando grúa, comprando colchón de aire con compresor, comprando arnés para grúa, comprando más cosas pequeñas e investigando para que sirven todos los aparatos que tienen allí, por si acaso.
También logro hablar con la doctora de mi madre en la clínica. Se deja poco, pero le arranco el pase pernocta para el finde.
Miércoles: día empleado a fondo en la Seguridad Social. Encuentro a Dios en la Tierra, quien ha tomado la forma de la enfermera de mi madre. Regreso a casa con 160 pañales, 80 empapadores, cremas y otras pociones, todo ello gratis.
Por la noche me hacen una entrevista para un trabajo que no va nada conmigo, pero como les pido todo lo que quiero y no me dicen que no, la cosa queda en suspenso hasta esta semana. Ojalá no me salga porque sí, es pasta, pero no estoy segura de que me compense. Ya veremos.
Jueves: Horrorizada, corro hacia la ortopedia: he olvidado alquilar las barandillas para la cama. De paso, recojo la silla de ruedas y el cojín especial, que ya han llegado, y los subo al hospital. Por la tarde voy a Ikea con Richard. Necesito sustituir la mitad del sofá.
Viernes: Por la mañana vienen a traerme la grúa y una barandilla (su pareja está de viaje y no va a poder estar para este fin de semana). La grúa se queda, la barandilla se va porque no se entiende con la cama. Mi somier es muy suyo y cuando se le atraviesa algún complemento no hay quien lo haga encajar en nada.
Por la tarde viene Eva a casa para actualizar su currículo. Al entrar tropieza con el cuenco de agua de Indiana.
Llega Magalí a casa. Le digo que deje de limpiar y se ponga a organizar la habitación de mi madre. Magalí se lleva bien con las instrucciones de montaje de cualquier cosa y en un pispás monta un MASH en lo que fue mi habitación (ahhhhh, en fin, una madre es una madre) que parece que la hayamos tenido así toda la vida. Encima, al irse se va con mi máquina de coser e instrucciones para que haga piezas que necesito para la toilette diaria de mi ancestra.
Casi de noche llegan Carles y Josep Ma., desmembran el sofá (que para su equipo les hubiera querido Torquemada), lo bajan a la calle y, al salir, uno de los dos tropieza con el cuenco de pienso de Indiana. A las 10 de la noche, justo cuando termino de montar el sillón Ikea, llega Bárbara para ir a cenar con Jelen. Puñeteras las ganas que tengo de cualquier otra cosa que no sea tumbarme en el nuevo sillón, pero la cena, y las risas, y el alcohol me sientan bien. Estas mujeres saben animar.
Sábado, el gran día: Como no he dormido pensando en lo que se me viene encima, incluido el momento "cambio de pañal", me levanto totalmente grogui, me ducho y subo al hospital a buscar a la mediopensionista. Volvemos a casa previo paso por la frutería (bendita Alba, que me sube la compra después de cerrar) y por la señora Pilar, la tienda de siempre.
Tras varias paradas de vecinos, vecinas y (estoy segura) extras alquilados para la ocasión (no creo que haya tanta gente en mi barrio) que quieren saludar a mi madre, llegamos al "momento ascensor". Días antes hice una prueba con Arantxa, mi vecina y canguro oficial de Indiana, que tiene una estructura similar a mi madre. Pues sí, logro que mi madre, la silla, las bolsas de la compra y una servidora quepamos en un cubículo de dimensiones parecidas a un ataúd puesto de pie, pero del que no me voy a quejar porque nos sube y nos baja.
Llegamos a casa. Indiana no se fía de que esa ama sea la suya y la huele constantemente. "Qué bien que estés en casa, mamá". "Si. Creo que me he hecho pipí y me escuece". Vale. Entendido, corto y cambio.
Cojo grúa, amarro a madre, izo a madre, des-izo a madre en cama y Valor y yo nos ponemos a lo que nunca creía que pudiera hacer: cambiar el pañal. De todas las operaciones que se efectúan con una persona paralítica, ésta resulta ser la más fácil. Bueno, porque llevo cuatro meses viendo como se hace y, como los búhos, me fijo mucho. En un plis-plas la lavo, le pongo cremita, pañal nuevo, le coloco el arnés de la grúa y la izo de la cama para des-izarla en el sillón Ikea. ¡Qué te crees tú eso, rubia! La puta grúa es manual y me resulta del todo imposible estirar el arnés para colocarla bien en el sillón al mismo tiempo que, con la otra mano, desatornillo el chisme que hace que baje la persona colgada a lo Mowgli recién capturado en una red.
A pesar de la tensión del momento (piernas abiertas, brazos totalmente extendidos para llegar al arnés y al tornillo, sonrisa abierta de mamánopasanada, logro sentar a mi madre en el sillón en una posición más o menos decente. La dejo en un duermevela y empiezo a preparar su comida: merluza al vapor con hierbas de todo tipo para sustituir a la sal. Come como una reina. ¿Tendrá disfagia psicológica sólo en el recinto del hospital?
Al cabo de un rato llegan Vicens y Eva con un armario que me han ido a comprar a Bauhaus. Dejo a Eva de canguro de mi madre y me largo con Vicens y su Jeep a buscar el segundo sillón, éste heredado de Julia y Aída. Vicens y Julia hacen todo lo pesado (cargar el sillón en la baca) mientras me dedico a hablar sin parar. Ambos piensan que sería buena idea que yo fuera sentada en el sillón, como Mister Bean. Les quito la idea de la cabeza a base de insultitos y volvemos a casa. En el portal están Luis y Xesco, que se encargan de subir el sillón a casa y, ya puestos, se quedan un rato, a ver como traslado a mi madre del sillón Ikea al sillón heredado, infinítamente más cómodo. Mi madre se dedica a hacer lo que mejor sabe hacer: conversar con todo el mundo, en especial con los hombres y pedirme que haga café. Como el armario Bauhuaus viene sin instrucciones y Vicens me ve la cara de pánico, coge el toro por los cuernos y en un cuarto de hora ya lo tiene listo para revista.
A las nueve de la noche me doy cuenta que mi madre no ha cenado y quedan pastillas por tomar. La obligo a tomarse un café con leche y un donut (todo muy dietéticamente correcto, ya), le enchufo las pastis, la acuesto y la cambio. Improviso unas barandas con sillas y abrazaderas. Se queda dormida al instante y puedo sentarme ante el ordenador a escribir un freelance que me ha salido y que me interesa muchísimo hacerlo bien y entregarlo en plazo (al día siguiente). A las 12 y pico mi cabea muere y me arrastro a mi nueva habitación, la ex de mi madre.
Domingo: Me levanto sobresaltada porque estoy totalmente descansada al abrir los ojos. Voy al comedor y veo en el nuevo reloj Ikea que compré junto al sillón que es la una y media del mediodía. Entro en la habitación de mi madre y la encuentro despierta. "Mami, que es la una y media y me he despistado. Te pongo la inyección y ahora te levanto". Salgo de la habitación y por iluminación divina compruebo la hora en el móvil. Son las 8:20 am. Regreso a su habitación. "Mami, que te quedas en la cama un rato más", ahora ya con mi perra, que se ha enamorado del colchón que da masajitos.
Me ducho, me pongo a escribir un rato hasta terminar los textos que me quedaban y una hora después la levanto (cambio de pañal, vestirla, ponerle el arnés, izarla, colocarla en el sillón...) con ayuda de otra santa que vive en mi escalera, se llama Miriam y adora a mi madre. Les doy café a las dos y, al salir, Miriam me advierte que hay agua en el suelo. "Sí, todo el mundo tropieza con el cuenco de mi perra. Ja, ja.".
Entro, voy a recoger los cuencos para fregar el rincón del lago y me cae una gota en la cabeza. Llueve dentro de mi casa. ¡Dios ha escuchado las plegarias de los catalanes! Miro hacia arriba y la siguiente gota me cae en un ojo. Aleluya. El país con problemas de sequía y a mi me llueve dentro de casa. Tengo un puto escape, otra vez, ahora que voy tan boyante de pasta.
Pasamos el día inquietas porque a mi madre le duele todo, hasta que encuentro una peli de asesinatos en la tele y se le pasan un poco todos los males. Después de comer me siento en el sillón Ikea y me quedo roque hasta que suena el teléfono. Nuevo zafarrancho de personas en casa: Julia para hacerle reflexo a mi madre. Aída y la niña para hacernos compañía a todos y pasar el rato. Santa y Arantxa para charlar con mi madre, Rosa, otra vecina, para lo mismo. Voy haciendo cafés y tés y en los intermedios termino los textos y los envío. Hay algunos buenos y otros flojos, pero no tengo más energía para pensar en algo que no sea hacerme un ovillo, no sin antes tratar de paliar los efectos del escape.
Hacia las siete cocino una tortilla de patatas que mi madre se come encantada, más una mousse de fresas frescas y nata (soy la reina del minipimer). Indiana y Greta, la perra de Santa y Arantxa, la ayudan un poco y entre las tres dan cuenta de la cena.
Mi madre empieza a estar somnolienta y llamo a la clínica, a ver si puedo devolverla mañana, pero que nanai y la regreso pasadas las nueve de la noche. Mi madre no está conforme, pero tendrá aventura que explicar a sus amigas durante la semana.
Regreso a casa, me siento en el sillón (el de Ikea no, el otro) a zapear y me quedo roque hasta las 2 de la madrugada. Regreso a la cama y me quedo roque hasta hoy. El sábado que viene, más, pero ya sin miedo.
Me pregunto cómo se lo hace la gente que no tiene amigos.
Lunes: Intento hablar con la doctora de mi madre en la clínica, pero no se deja. Se ve que se le está muriendo un paciente y la mujer tiene prisa.
Martes: día empleado a fondo en la ortopedia, alquilando grúa, comprando colchón de aire con compresor, comprando arnés para grúa, comprando más cosas pequeñas e investigando para que sirven todos los aparatos que tienen allí, por si acaso.
También logro hablar con la doctora de mi madre en la clínica. Se deja poco, pero le arranco el pase pernocta para el finde.
Miércoles: día empleado a fondo en la Seguridad Social. Encuentro a Dios en la Tierra, quien ha tomado la forma de la enfermera de mi madre. Regreso a casa con 160 pañales, 80 empapadores, cremas y otras pociones, todo ello gratis.
Por la noche me hacen una entrevista para un trabajo que no va nada conmigo, pero como les pido todo lo que quiero y no me dicen que no, la cosa queda en suspenso hasta esta semana. Ojalá no me salga porque sí, es pasta, pero no estoy segura de que me compense. Ya veremos.
Jueves: Horrorizada, corro hacia la ortopedia: he olvidado alquilar las barandillas para la cama. De paso, recojo la silla de ruedas y el cojín especial, que ya han llegado, y los subo al hospital. Por la tarde voy a Ikea con Richard. Necesito sustituir la mitad del sofá.
Viernes: Por la mañana vienen a traerme la grúa y una barandilla (su pareja está de viaje y no va a poder estar para este fin de semana). La grúa se queda, la barandilla se va porque no se entiende con la cama. Mi somier es muy suyo y cuando se le atraviesa algún complemento no hay quien lo haga encajar en nada.
Por la tarde viene Eva a casa para actualizar su currículo. Al entrar tropieza con el cuenco de agua de Indiana.
Llega Magalí a casa. Le digo que deje de limpiar y se ponga a organizar la habitación de mi madre. Magalí se lleva bien con las instrucciones de montaje de cualquier cosa y en un pispás monta un MASH en lo que fue mi habitación (ahhhhh, en fin, una madre es una madre) que parece que la hayamos tenido así toda la vida. Encima, al irse se va con mi máquina de coser e instrucciones para que haga piezas que necesito para la toilette diaria de mi ancestra.
Casi de noche llegan Carles y Josep Ma., desmembran el sofá (que para su equipo les hubiera querido Torquemada), lo bajan a la calle y, al salir, uno de los dos tropieza con el cuenco de pienso de Indiana. A las 10 de la noche, justo cuando termino de montar el sillón Ikea, llega Bárbara para ir a cenar con Jelen. Puñeteras las ganas que tengo de cualquier otra cosa que no sea tumbarme en el nuevo sillón, pero la cena, y las risas, y el alcohol me sientan bien. Estas mujeres saben animar.
Sábado, el gran día: Como no he dormido pensando en lo que se me viene encima, incluido el momento "cambio de pañal", me levanto totalmente grogui, me ducho y subo al hospital a buscar a la mediopensionista. Volvemos a casa previo paso por la frutería (bendita Alba, que me sube la compra después de cerrar) y por la señora Pilar, la tienda de siempre.
Tras varias paradas de vecinos, vecinas y (estoy segura) extras alquilados para la ocasión (no creo que haya tanta gente en mi barrio) que quieren saludar a mi madre, llegamos al "momento ascensor". Días antes hice una prueba con Arantxa, mi vecina y canguro oficial de Indiana, que tiene una estructura similar a mi madre. Pues sí, logro que mi madre, la silla, las bolsas de la compra y una servidora quepamos en un cubículo de dimensiones parecidas a un ataúd puesto de pie, pero del que no me voy a quejar porque nos sube y nos baja.
Llegamos a casa. Indiana no se fía de que esa ama sea la suya y la huele constantemente. "Qué bien que estés en casa, mamá". "Si. Creo que me he hecho pipí y me escuece". Vale. Entendido, corto y cambio.
Cojo grúa, amarro a madre, izo a madre, des-izo a madre en cama y Valor y yo nos ponemos a lo que nunca creía que pudiera hacer: cambiar el pañal. De todas las operaciones que se efectúan con una persona paralítica, ésta resulta ser la más fácil. Bueno, porque llevo cuatro meses viendo como se hace y, como los búhos, me fijo mucho. En un plis-plas la lavo, le pongo cremita, pañal nuevo, le coloco el arnés de la grúa y la izo de la cama para des-izarla en el sillón Ikea. ¡Qué te crees tú eso, rubia! La puta grúa es manual y me resulta del todo imposible estirar el arnés para colocarla bien en el sillón al mismo tiempo que, con la otra mano, desatornillo el chisme que hace que baje la persona colgada a lo Mowgli recién capturado en una red.
A pesar de la tensión del momento (piernas abiertas, brazos totalmente extendidos para llegar al arnés y al tornillo, sonrisa abierta de mamánopasanada, logro sentar a mi madre en el sillón en una posición más o menos decente. La dejo en un duermevela y empiezo a preparar su comida: merluza al vapor con hierbas de todo tipo para sustituir a la sal. Come como una reina. ¿Tendrá disfagia psicológica sólo en el recinto del hospital?
Al cabo de un rato llegan Vicens y Eva con un armario que me han ido a comprar a Bauhaus. Dejo a Eva de canguro de mi madre y me largo con Vicens y su Jeep a buscar el segundo sillón, éste heredado de Julia y Aída. Vicens y Julia hacen todo lo pesado (cargar el sillón en la baca) mientras me dedico a hablar sin parar. Ambos piensan que sería buena idea que yo fuera sentada en el sillón, como Mister Bean. Les quito la idea de la cabeza a base de insultitos y volvemos a casa. En el portal están Luis y Xesco, que se encargan de subir el sillón a casa y, ya puestos, se quedan un rato, a ver como traslado a mi madre del sillón Ikea al sillón heredado, infinítamente más cómodo. Mi madre se dedica a hacer lo que mejor sabe hacer: conversar con todo el mundo, en especial con los hombres y pedirme que haga café. Como el armario Bauhuaus viene sin instrucciones y Vicens me ve la cara de pánico, coge el toro por los cuernos y en un cuarto de hora ya lo tiene listo para revista.
A las nueve de la noche me doy cuenta que mi madre no ha cenado y quedan pastillas por tomar. La obligo a tomarse un café con leche y un donut (todo muy dietéticamente correcto, ya), le enchufo las pastis, la acuesto y la cambio. Improviso unas barandas con sillas y abrazaderas. Se queda dormida al instante y puedo sentarme ante el ordenador a escribir un freelance que me ha salido y que me interesa muchísimo hacerlo bien y entregarlo en plazo (al día siguiente). A las 12 y pico mi cabea muere y me arrastro a mi nueva habitación, la ex de mi madre.
Domingo: Me levanto sobresaltada porque estoy totalmente descansada al abrir los ojos. Voy al comedor y veo en el nuevo reloj Ikea que compré junto al sillón que es la una y media del mediodía. Entro en la habitación de mi madre y la encuentro despierta. "Mami, que es la una y media y me he despistado. Te pongo la inyección y ahora te levanto". Salgo de la habitación y por iluminación divina compruebo la hora en el móvil. Son las 8:20 am. Regreso a su habitación. "Mami, que te quedas en la cama un rato más", ahora ya con mi perra, que se ha enamorado del colchón que da masajitos.
Me ducho, me pongo a escribir un rato hasta terminar los textos que me quedaban y una hora después la levanto (cambio de pañal, vestirla, ponerle el arnés, izarla, colocarla en el sillón...) con ayuda de otra santa que vive en mi escalera, se llama Miriam y adora a mi madre. Les doy café a las dos y, al salir, Miriam me advierte que hay agua en el suelo. "Sí, todo el mundo tropieza con el cuenco de mi perra. Ja, ja.".
Entro, voy a recoger los cuencos para fregar el rincón del lago y me cae una gota en la cabeza. Llueve dentro de mi casa. ¡Dios ha escuchado las plegarias de los catalanes! Miro hacia arriba y la siguiente gota me cae en un ojo. Aleluya. El país con problemas de sequía y a mi me llueve dentro de casa. Tengo un puto escape, otra vez, ahora que voy tan boyante de pasta.
Pasamos el día inquietas porque a mi madre le duele todo, hasta que encuentro una peli de asesinatos en la tele y se le pasan un poco todos los males. Después de comer me siento en el sillón Ikea y me quedo roque hasta que suena el teléfono. Nuevo zafarrancho de personas en casa: Julia para hacerle reflexo a mi madre. Aída y la niña para hacernos compañía a todos y pasar el rato. Santa y Arantxa para charlar con mi madre, Rosa, otra vecina, para lo mismo. Voy haciendo cafés y tés y en los intermedios termino los textos y los envío. Hay algunos buenos y otros flojos, pero no tengo más energía para pensar en algo que no sea hacerme un ovillo, no sin antes tratar de paliar los efectos del escape.
Hacia las siete cocino una tortilla de patatas que mi madre se come encantada, más una mousse de fresas frescas y nata (soy la reina del minipimer). Indiana y Greta, la perra de Santa y Arantxa, la ayudan un poco y entre las tres dan cuenta de la cena.
Mi madre empieza a estar somnolienta y llamo a la clínica, a ver si puedo devolverla mañana, pero que nanai y la regreso pasadas las nueve de la noche. Mi madre no está conforme, pero tendrá aventura que explicar a sus amigas durante la semana.
Regreso a casa, me siento en el sillón (el de Ikea no, el otro) a zapear y me quedo roque hasta las 2 de la madrugada. Regreso a la cama y me quedo roque hasta hoy. El sábado que viene, más, pero ya sin miedo.
Me pregunto cómo se lo hace la gente que no tiene amigos.

sábado, 1 de diciembre de 2007
The man with the hat is back one more time
Y para celebrar que es el 65 aniversario de "Casablanca", he añadido un enlace a la página oficial de "Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal". El título es tan largo que acabaremos llamándola "La cuarta".
Como web promocional, las he visto mejores, aunque tiene un espacio para vídeos sobre los rodajes de las películas anteriores que está gracioso. Anyway, a mi me gusta cualquier cosa que se tenga que ver con el arqueólogo, así que ya me va bien. Hala, un enlace selecto más.
Como web promocional, las he visto mejores, aunque tiene un espacio para vídeos sobre los rodajes de las películas anteriores que está gracioso. Anyway, a mi me gusta cualquier cosa que se tenga que ver con el arqueólogo, así que ya me va bien. Hala, un enlace selecto más.
viernes, 22 de junio de 2007
Terminó la primera semana de trabajo para
el equipo de Indiana IV, título provisional porque el director, a lo Woody Allen, no bautiza las pelis hasta que las acaba. En la web oficial dicen que la foto se la hizo Spielberg en una pausa del rodaje. Por mi como si contrataron a Anne Leibowitz. La hiciera quien la hiciera, Indiana sigue estupendo.


miércoles, 7 de febrero de 2007
miércoles, 3 de enero de 2007
Esta cosa fantástica con cara de inocente cumple
hoy 12 añazos. También cumplen años hoy Rafa y Miguel (más de doce cada uno. ¡Felicidades chatos!) pero no tengo sus fotos para ponerlas. Y me dirás ¿por qué siempre muestras a tu perra tumbada? Pues porque es imposible hacerle una foto en movimiento, por hiperactiva y por pesada. Ah, y porque no se más, que también cuenta. A ver si un día la grabo agitándose, que es su estado natural, y la subo a YouTube. Cosas peores he visto. Por cierto, Indiana nació el mismo día que Marion Davies, la actriz que -cuenta la leyenda- inspiró la clave del gran inicio de Ciudadano Kane. Corto y cierro, que me voy a disfrutar del Cotton Club en el Auditori. Laurita me ha invitado y me espera a las 8 en la puerta.viernes, 3 de noviembre de 2006
Tres de los cinco tumores de Indiana eran
malignos. Según la veterinaria, con una profilaxis adecuada la cosa no tiene porqué ir a más. Empiezo a estar un poco cansada de esta puta vida.
jueves, 26 de octubre de 2006
Ayer operaron a Indiana y todo fue bien.
Pero menudo mal trago. Le salieron quistes en toda la línea derecha de mamas y han tenido que quitarle dos por completo, además de abrirle las otras tres para sacar lo feo y analizarlo. El jueves que viene sabremos si la cosa se queda en anécdota o seguimos para bingo. De cualquier forma, es una campeona, que se dejó pinchar el suero sin necesidad de bozal ni nada y cuando fui a recogerla a la clínica quiso tirar la puerta abajo de la sala de espabilamiento al oirme. Ahora mi vida se resume a vigilar que no se chupe las heridas; el momento "collar isabelino", vulgarmente llamado "campana", solo lo abordamos en noche cerrada y ayer apenas dormimos. Me voy al sofá con ella, a vigilar que no se rasque porque ahora le empiezan a picar los puntos, pobre bestia. Ayer daba mucha penita verla tan chafada, pero hace unos minutos ya empezaba a querer jugar con la pelota. Dan unos sustos...
viernes, 24 de marzo de 2006
No quiero ir a trabajar
ni mañana, ni ningún otro día. No es fácil escribir esto cuando una perra de nueve quilos y mucha personalidad se interpone entre el portátil y mi cabeza. Ella decide cuándo llevo demasiado tiempo atada a la máquina y, la verdad, suele tener razón. No quiero volver a preocuparme por el resultado de mi trabajo, sobre todo cuando una buena parte no depende de mi. Tengo un mal presentimiento sobre el final de un proyecto que culmina la semana próxima y me trae por la calle de la amargura. Me ha venido así, de golpe. Igual mañana pienso diferente. Me encantaría colgar por los pulgares al sádico que inventó el departamento de cuentas en las agencias de publicidad. Igual puedo volver al telemarketing o a vender lo que sea. Mi angustia y yo nos vamos a la cama.
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