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lunes, 7 de abril de 2008

Prueba superada. Seguimos para bingo y quién sabe

hacia qué otros planetas. Mi madre ha venido a pasar el fin de semana a casa. Bueno, más que venir ella la he traído yo, si quiero atenerme a los hechos. Para que el pícnic resultase bien he tenido una semana espectacular.

Lunes: Intento hablar con la doctora de mi madre en la clínica, pero no se deja. Se ve que se le está muriendo un paciente y la mujer tiene prisa.

Martes: día empleado a fondo en la ortopedia, alquilando grúa, comprando colchón de aire con compresor, comprando arnés para grúa, comprando más cosas pequeñas e investigando para que sirven todos los aparatos que tienen allí, por si acaso.
También logro hablar con la doctora de mi madre en la clínica. Se deja poco, pero le arranco el pase pernocta para el finde.

Miércoles: día empleado a fondo en la Seguridad Social. Encuentro a Dios en la Tierra, quien ha tomado la forma de la enfermera de mi madre. Regreso a casa con 160 pañales, 80 empapadores, cremas y otras pociones, todo ello gratis.
Por la noche me hacen una entrevista para un trabajo que no va nada conmigo, pero como les pido todo lo que quiero y no me dicen que no, la cosa queda en suspenso hasta esta semana. Ojalá no me salga porque sí, es pasta, pero no estoy segura de que me compense. Ya veremos.

Jueves: Horrorizada, corro hacia la ortopedia: he olvidado alquilar las barandillas para la cama. De paso, recojo la silla de ruedas y el cojín especial, que ya han llegado, y los subo al hospital. Por la tarde voy a Ikea con Richard. Necesito sustituir la mitad del sofá.

Viernes: Por la mañana vienen a traerme la grúa y una barandilla (su pareja está de viaje y no va a poder estar para este fin de semana). La grúa se queda, la barandilla se va porque no se entiende con la cama. Mi somier es muy suyo y cuando se le atraviesa algún complemento no hay quien lo haga encajar en nada.
Por la tarde viene Eva a casa para actualizar su currículo. Al entrar tropieza con el cuenco de agua de Indiana.

Llega Magalí a casa. Le digo que deje de limpiar y se ponga a organizar la habitación de mi madre. Magalí se lleva bien con las instrucciones de montaje de cualquier cosa y en un pispás monta un MASH en lo que fue mi habitación (ahhhhh, en fin, una madre es una madre) que parece que la hayamos tenido así toda la vida. Encima, al irse se va con mi máquina de coser e instrucciones para que haga piezas que necesito para la toilette diaria de mi ancestra.

Casi de noche llegan Carles y Josep Ma., desmembran el sofá (que para su equipo les hubiera querido Torquemada), lo bajan a la calle y, al salir, uno de los dos tropieza con el cuenco de pienso de Indiana. A las 10 de la noche, justo cuando termino de montar el sillón Ikea, llega Bárbara para ir a cenar con Jelen. Puñeteras las ganas que tengo de cualquier otra cosa que no sea tumbarme en el nuevo sillón, pero la cena, y las risas, y el alcohol me sientan bien. Estas mujeres saben animar.

Sábado, el gran día: Como no he dormido pensando en lo que se me viene encima, incluido el momento "cambio de pañal", me levanto totalmente grogui, me ducho y subo al hospital a buscar a la mediopensionista. Volvemos a casa previo paso por la frutería (bendita Alba, que me sube la compra después de cerrar) y por la señora Pilar, la tienda de siempre.

Tras varias paradas de vecinos, vecinas y (estoy segura) extras alquilados para la ocasión (no creo que haya tanta gente en mi barrio) que quieren saludar a mi madre, llegamos al "momento ascensor". Días antes hice una prueba con Arantxa, mi vecina y canguro oficial de Indiana, que tiene una estructura similar a mi madre. Pues sí, logro que mi madre, la silla, las bolsas de la compra y una servidora quepamos en un cubículo de dimensiones parecidas a un ataúd puesto de pie, pero del que no me voy a quejar porque nos sube y nos baja.

Llegamos a casa. Indiana no se fía de que esa ama sea la suya y la huele constantemente. "Qué bien que estés en casa, mamá". "Si. Creo que me he hecho pipí y me escuece". Vale. Entendido, corto y cambio.
Cojo grúa, amarro a madre, izo a madre, des-izo a madre en cama y Valor y yo nos ponemos a lo que nunca creía que pudiera hacer: cambiar el pañal. De todas las operaciones que se efectúan con una persona paralítica, ésta resulta ser la más fácil. Bueno, porque llevo cuatro meses viendo como se hace y, como los búhos, me fijo mucho. En un plis-plas la lavo, le pongo cremita, pañal nuevo, le coloco el arnés de la grúa y la izo de la cama para des-izarla en el sillón Ikea. ¡Qué te crees tú eso, rubia! La puta grúa es manual y me resulta del todo imposible estirar el arnés para colocarla bien en el sillón al mismo tiempo que, con la otra mano, desatornillo el chisme que hace que baje la persona colgada a lo Mowgli recién capturado en una red.

A pesar de la tensión del momento (piernas abiertas, brazos totalmente extendidos para llegar al arnés y al tornillo, sonrisa abierta de mamánopasanada, logro sentar a mi madre en el sillón en una posición más o menos decente. La dejo en un duermevela y empiezo a preparar su comida: merluza al vapor con hierbas de todo tipo para sustituir a la sal. Come como una reina. ¿Tendrá disfagia psicológica sólo en el recinto del hospital?

Al cabo de un rato llegan Vicens y Eva con un armario que me han ido a comprar a Bauhaus. Dejo a Eva de canguro de mi madre y me largo con Vicens y su Jeep a buscar el segundo sillón, éste heredado de Julia y Aída. Vicens y Julia hacen todo lo pesado (cargar el sillón en la baca) mientras me dedico a hablar sin parar. Ambos piensan que sería buena idea que yo fuera sentada en el sillón, como Mister Bean. Les quito la idea de la cabeza a base de insultitos y volvemos a casa. En el portal están Luis y Xesco, que se encargan de subir el sillón a casa y, ya puestos, se quedan un rato, a ver como traslado a mi madre del sillón Ikea al sillón heredado, infinítamente más cómodo. Mi madre se dedica a hacer lo que mejor sabe hacer: conversar con todo el mundo, en especial con los hombres y pedirme que haga café. Como el armario Bauhuaus viene sin instrucciones y Vicens me ve la cara de pánico, coge el toro por los cuernos y en un cuarto de hora ya lo tiene listo para revista.

A las nueve de la noche me doy cuenta que mi madre no ha cenado y quedan pastillas por tomar. La obligo a tomarse un café con leche y un donut (todo muy dietéticamente correcto, ya), le enchufo las pastis, la acuesto y la cambio. Improviso unas barandas con sillas y abrazaderas. Se queda dormida al instante y puedo sentarme ante el ordenador a escribir un freelance que me ha salido y que me interesa muchísimo hacerlo bien y entregarlo en plazo (al día siguiente). A las 12 y pico mi cabea muere y me arrastro a mi nueva habitación, la ex de mi madre.

Domingo: Me levanto sobresaltada porque estoy totalmente descansada al abrir los ojos. Voy al comedor y veo en el nuevo reloj Ikea que compré junto al sillón que es la una y media del mediodía. Entro en la habitación de mi madre y la encuentro despierta. "Mami, que es la una y media y me he despistado. Te pongo la inyección y ahora te levanto". Salgo de la habitación y por iluminación divina compruebo la hora en el móvil. Son las 8:20 am. Regreso a su habitación. "Mami, que te quedas en la cama un rato más", ahora ya con mi perra, que se ha enamorado del colchón que da masajitos.

Me ducho, me pongo a escribir un rato hasta terminar los textos que me quedaban y una hora después la levanto (cambio de pañal, vestirla, ponerle el arnés, izarla, colocarla en el sillón...) con ayuda de otra santa que vive en mi escalera, se llama Miriam y adora a mi madre. Les doy café a las dos y, al salir, Miriam me advierte que hay agua en el suelo. "Sí, todo el mundo tropieza con el cuenco de mi perra. Ja, ja.".

Entro, voy a recoger los cuencos para fregar el rincón del lago y me cae una gota en la cabeza. Llueve dentro de mi casa. ¡Dios ha escuchado las plegarias de los catalanes! Miro hacia arriba y la siguiente gota me cae en un ojo. Aleluya. El país con problemas de sequía y a mi me llueve dentro de casa. Tengo un puto escape, otra vez, ahora que voy tan boyante de pasta.

Pasamos el día inquietas porque a mi madre le duele todo, hasta que encuentro una peli de asesinatos en la tele y se le pasan un poco todos los males. Después de comer me siento en el sillón Ikea y me quedo roque hasta que suena el teléfono. Nuevo zafarrancho de personas en casa: Julia para hacerle reflexo a mi madre. Aída y la niña para hacernos compañía a todos y pasar el rato. Santa y Arantxa para charlar con mi madre, Rosa, otra vecina, para lo mismo. Voy haciendo cafés y tés y en los intermedios termino los textos y los envío. Hay algunos buenos y otros flojos, pero no tengo más energía para pensar en algo que no sea hacerme un ovillo, no sin antes tratar de paliar los efectos del escape.

Hacia las siete cocino una tortilla de patatas que mi madre se come encantada, más una mousse de fresas frescas y nata (soy la reina del minipimer). Indiana y Greta, la perra de Santa y Arantxa, la ayudan un poco y entre las tres dan cuenta de la cena.
Mi madre empieza a estar somnolienta y llamo a la clínica, a ver si puedo devolverla mañana, pero que nanai y la regreso pasadas las nueve de la noche. Mi madre no está conforme, pero tendrá aventura que explicar a sus amigas durante la semana.

Regreso a casa, me siento en el sillón (el de Ikea no, el otro) a zapear y me quedo roque hasta las 2 de la madrugada. Regreso a la cama y me quedo roque hasta hoy. El sábado que viene, más, pero ya sin miedo.
Me pregunto cómo se lo hace la gente que no tiene amigos.

carta

6 comentarios:

Anónimo dijo...

yo no se como seran los otros textos, pero este es lo mejor que he leido en mucho tiempo, sabes que eres muy buena expresando sentimientos???? SMUAK!!!

soy marta, la qeu nunca cosigue hacer bien el comentario de texto, a ver si hoy te llega....

b-lego dijo...

¡Diosssss!

...y aún te ha quedado tiempo para escribir esta entrada en el blog. Tus jefes no te valoran lo suficiente.

Besos.-

Anónimo dijo...

Me pregunto cómo se lo hace la gente que no tiene amigos

Disculpando el arranque... en mi tierra se reza: "La carga hace andar al burro"

La gente que no tiene amigos se pregunta como se lo hace la gente que tiene enemigos, la que tiene enemigos..cómo se lo hace la que no tiene recursos... y así....

Yo creo que hay mucha Amparo para cualquier problema que pueda llegar...

Inspiras mujé, que lo sepas

Atte: Ceniza (Y eso porque no te gustan los anonimos)

Anónimo dijo...

Ya veo que te manejas... y por suerte, como tu dices tienes muchos amigos que te apoyan... los que no los tienes se manejas con Trabajadoras familiares, asistentes sociales (por lo general bastantes bordes) y bastante menos buen humor y quizas eso haga que sus vidas sean ademas de pesadas (por las circunstancias) tristes.
Me alegra saber tambien que el corazon se expande hasta limites que ni uno mismo conoce...
Os quiero. a las dos.
Sigo estando en la esquina, por si necesitas :-O

Julia cano blasco

roser_pen dijo...

Creo que nunca te lo había dicho, y este momento es tan bueno como cualquier otro: TE ADMIRO PROFUNDAMENTE!!! Ojalá tuviera una pizquina de tu valentía y tu grandeza.
1besoalas2

foscardo dijo...

Ole mi niñaaaa!!! Campeonaaaaa!!! Sabiamos que no nos ibas a defraudar!!! La proxima vez te levo a los niños y al gato que los tengo los tres pachuchos. Seguro que con la grua subiendo y bajando a tu madre le contagian las diarreas y los vomitos!!

Sobre los que no tienen amigos...
Le has preguntado a Carmen?