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miércoles, 1 de julio de 2009

Hoy he salido a la calle sin pañuelo y, tonta de mi, lo

he contado en facebook. A veces me pasa; me da un arrebato y me excedo en la comunicación. El caso es que los colegas que tengo allí me han enviado mimos vituales. Los agradezco en el alma, pero no buscaba eso. En realidad, no buscaba nada más que poder gritar, y como a mi edad queda feo tener berrinches públicos, grito en mi espacio virtual.
He borrado mi estado y los comentarios que me han hecho porque al verlos me he sentido mal.
En facebbok debería existir la opción de no permitir comentarios, como en el bloc, pero no es así. ¿Qué he aprendido de esto? Que a partir de ahora lanzaré mis quejidos emocionales aquí, donde puedo controlar qué y cómo hacerlo.

Mi cabeza está rapada, mal rapada, con un pelo que nace débil y escaso por culpa de las pastillas de la terapia hormonal. Tengo un aspecto realmente deplorable, por mucho que me maquille y trate de disimular. La única razón para quitarme el pañuelo ha sido tratar de recuperar un poco de normalidad, quizá porque ayer por la tarde estuve rodeada de moribundos en la sala de espera antes de la sesión de radioterapia.

Debía ser el día, pero un pobre médico no paraba de salir a hablar con los familiares de los pacientes que llevaba y trataba de explicarles lo mejor posible que las cosas no evolucionaban bien. Una vez, dos, hasta cuatro veces salió el médico a contar lo mismo a diferentes personas.
Y aunque todo el mundo trata de aparentar que no pasa nada, sí pasa. Claro que pasa.

Y también pasa que no entiendo porqué a mi. Ni entiendo porqué los tratamientos son tan agresivos que me han quemado la piel del pecho y tengo un par de heridas en carne viva que tardarán en curar. Estoy harta de que en los telediarios me cuenten casi cada día los famosos que mueren de cáncer. Estoy harta de la enfermedad, de ir cada día al hospital, de que desde octubre mi vida esté sujeta a las agendas de médicos y terapeutas. Estoy harta de ser yo y de que sea verano, de que haga un calor aplastante y tenga que ir con un pañuelo en la cabeza para no asustarme. Estoy harta de esforzarme, de pelear, de seguir avanzando.

Se me pasará. Tú me conoces y sabes que siempre remonto, pero ahora mismo soy incapaz de saber cuándo las cosas volverán a su sitio, o lo más cerca posible.