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jueves, 9 de junio de 2016

Estoy cansada de oír a los políticos hablando de política

y de nada más. Tanto los que postulan para presidente de España como sus segundos de a bordo solo hablan de política, no de nosotros, de nuestras necesidades, de lo que va a ser mejor para el país, sino de técnica política. Claro que de vez en cuando dejan caer un "los ricos pagaran más/menos impuestos", según el aire del candidato, pero, fijaos bien, el noventa por ciento del tiempo de los debates está repartido entre "y tú más" y jerga sobre formas y modos que tienen los políticos profesionales de arrambar con un escaño.

Tenemos la segunda campaña electoral en siete meses porque esta izquierda nuestra tan cazurra no ha sido capaz de ponerse de acuerdo. Y como buena Vilma me da lo mismo quién ha sido peor, si Pedro o Pablo. Entre uno, acogotado por la federación andaluza, la de mayor peso en la actualidad socialista, y el otro, que está poniendo en práctica tácticas sobre las que ha teorizado en sus clases a universitarios, España sin barrer.

El panorama post-electoral se presenta igual que el actual: la derecha, aunque pierda, gana y la izquierda volverá a ejecutar una danza macabra. O quizá me equivoque y esta vez, ahora mismo ya, Pedro, Pablo y sus secuaces estén quedando en un Starbucks de barrio con el objetivo de tener el pacto aquilatado la misma noche electoral.

A los 20 creí en la revolución, a los 50 creo que si esta vez no hay pacto, estos dos y sus secuaces merecen un par de tortas.

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