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domingo, 13 de julio de 2008

El bebé de Julia murió en la octava semana de gestación y

ayer a mediodía, un mes después, su madre lo abortó de forma natural. El viernes por la mañana empezaron las pérdidas y por la noche, con Aída, fueron al hospital. Cuando los médicos le dijeron lo que había, Julia decidió abortar al bebé en casa, en el mismo lugar donde le hubiera gustado parirlo.
Desde que el Predictor dio positivo, Aida y yo apostamos por que sería un chico. DiegoJavier le llamábamos. Diego por parte de madre, ella, y Javier por parte de tía, la que suscribe. Julia se resistía al principio y poco después no nos hacía ni caso, segura de que el nombre lo iba a escoger Kenia, su hija mayor y sería, como mínimo, exótico.
Ahora Kenia ya no es la hija mayor y puede seguir disfrutando un poco más de sus tres años y medio. Continuará siendo la reina de la casa y la princesa de los alrededores, y sus madres le irán contando, a medida que ella pregunte, que una vez estuvo a punto de tener un hermano o una hermana. Y que esa criatura, que las marcará el resto de su vida, no llegó a nacer, quizá porque era un ser perfecto al que le faltaba un pequeño paseo para regresar a la luz absoluta.

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