domingo, 26 de septiembre de 2010

Clooney es un kilo y cuarto de perra que acaba de cumplir

dos meses y llegó a mis manos y a mi sofá el miércoles pasado. Es probable que no sea el momento, pero la idoneidad de las situaciones nunca ha sido mi fuerte.

Adoptar a Clooney ha sido un acto egoista por mi parte: cuando Indiana muera esta nueva amiga me lo hará más llevadero. Lo de Indiana no es inminente, parece que la he podido rescatar de un mal final por un tiempo más, aunque llegará en menos de lo deseado. Después del catacrack que tuvo hace quince días,  ahora está estable y no tiene dolor. Sigue comiendo nada y menos, pero al menos ya tiene algo hambre, así que cuando no le queda más remedio se conforma con parte de la lata especial de comida para perros pachuchos del riñón, que dicho sea de paso me cuesta un Congo.

Ahora, un día en mi casa está aderezado con una lenteja que al correr derrapa y que se cuelga con los dientes de Indiana hasta que la mayor logra sacudírsela, ladrido más o menos.

De momento, estoy otra vez en medio del espiral de pipís desubicados, pero la risa que me produce y la alegría que me contagia lo compensa todo.  






2 comentarios:

felix dijo...

Amparo...

A todos nos llega nuestra hora, y a nuestros amados perros también. Nos dejan un vacio muy grande, puedo dar fe de ello, pero sin duda, este chiquitín travieso te lo hará más llevadero...

Besos¡

roser_pen dijo...

Podrías tmb poner un video de cuando Clooney se cuelga de Indi... pagaría por verlo! jajaja
1beso