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miércoles, 10 de abril de 2013

El escrache molesta a una buena parte de las personas

de orden de este país. Así nos lo muestran las noticias. Por pura coincidencia, estas personas de orden cobran unos sueldos astronómicos por ser diputados, miembros de consejos de administración, rancios tertulianos, etcétera.

Es posible que a personas de bien les inquiete ver como unos cuantos van a la puerta de un representante del pueblo a pedirle cuentas por el trabajo que no ha hecho.
Les doy la razón. Hacen bien en inquietarse aunque opino que esta forma de incordiar y tocar las narices que ha escogido la asociación Afectados por la hipoteca es ruidosa y logra hacerse un hueco en los medios de comunicación, pero también es inocua y tiene hasta un punto inocente.
En cambio, a mi me inquieta que sigamos tan tranquilos, suspirando de alivio cuando nos dicen que en 2014 se termina lo malo. Que apenas tenemos que aguantar 91 semanas más, veinte meses de nada, sorteando facturas, recibos y plazos como los que buscaban al soldado Ryan.

Pero lo que más me molesta es el cinismo de los que critican el estallido del descontento popular poniendo el daño que se les hace a los niños de los increpados por delante. Los niños desahuciados que se quedan en la calle o pasan a dormir en un coche o no tienen más remedio que acogerse a Servicios sociales porque sus padres no tienen ya con qué darles una vida, estos niños ¿no importan, no cuentan, son transparentes, meras cifras?

Personas de orden, dejad a los niños tranquilos y decid las cosas por su nombre: el escrache no molesta, intranquiliza. Algunas revoluciones empezaron con menos.



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