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viernes, 14 de julio de 2006

Muy pocas veces recuerdo que soy periodista

porque no ejerzo, porque lo mío no es vocación (quería cualquier licenciatura para cobrar más pasta y periodismo era la más fácil) y porque, con el tiempo, he aprendido a respetar y admirar el buen trabajo de muchos profesionales, que últimamente están jugándose (y perdiendo) demasiadas veces la vida y no me atrevo a llamarles "colegas". La cara B de una profesión tan digna es la legión de mangurrinos que ensucian y manipulan por tele, radio y medios escritos, sin que a nadie se le ocurra poner un "pero". Ayer, Tele 5 emitió un programa inclasificable para conmemorar los 9 años de la ejecución de Miguel Angel Blanco a manos de los asesinos de ETA. El programa mezclaba declaraciones de familiares y amigos del chico asesinado, con una narración de ficción que reconstruía sus dos últimos días de vida, los que estuvo secuestrado y la salmodia del tío (bestia) de una de las asesinas, justificando el crimen. El muerto, encarnado por un actor físicamente parecido a Blanco, era el narrador, y contaba cómo se sentía, en qué pensaba, el trato que recibió por parte de los asesinos etarras hasta el momento de su muerte, ¡todo inventado!. Dejando a un lado la rutinaria y plana factura del programa, el contenido, lo que contaba, era indignante. No era un reportaje, no era ficción, era pura y simple manipulación termomix de géneros de información y ficción para dar un campanazo, aprovechándose de un muerto y de la sensibilidad que cualquier español no psicópata tiene ante crímenes como el de Miguel Angel Blanco.
En Barcelona, hace nueve años, todos contuvimos la respiración esos dos días, esperando que los hijos de puta etarras no llegaran a cumplir su amenaza. Salimos a la calle todos, a pedir que nos devolviesen a Miguel Ángel vivo.
Confiábamos en que no serían tan despiadados. Nos equivocamos y cuando dieron la noticia de su ejecución, la ciudad quedó en silencio. La tristeza y la indignación de los barceloneses fue estremecedora. Hace 9 años, ETA perdió definitivamente esa guerra que dicen mantener con el resto de España. Creo que queda clara mi postura, tanto ante los crímenes de los terroristas como del asesinato de aquel pobre chico, muerto por meterse en política, por intentar cambiar el mundo. Igual que yo, él desde el PP, yo desde el socialismo. Pero volviendo al programa de marras, motivo de esta nueva entrada, me exaspera la falta de responsabilidad, tanto de los periodistas que han hecho ese bodrio, como de Tele 5 (la cadena del Duce Berlusconni), en un momento político tan delicado como el que estamos viviendo, estableciendo nuevos puentes para acabar con ETA mediante el diálogo y las mesas de paz. Si tras la visión del bodrio no hay reflexión, y mucha no la hay en un país donde triunfa Ana Rosa Quintana, Patricia Gaztañaga y otros personajes de similar ralea, es demasiado fácil caer en la manipulación. Y un país manipulado corre un alto riesgo de perder la libertad, con lo que cuesta recuperarla.

1 comentario:

roser_pen dijo...

Nosotros nos negamos a ver el programa. La idea de utilizar un crimen como ese, con la repercusión que tuvo, para hacer política barata (porque eso es política de saldo) resulta vergonzosa y está a la altura de todos esos programas que utilizan la lágrima y el morbo para pillar audiencia.
Desde luego, no se les puede negar su afán de superación, cada día son más patéticos.