martes, 1 de septiembre de 2009
lunes, 17 de agosto de 2009
Mi padre ha muerto hoy a las 9 de la mañana.
Lo sé porque a media tarde he contestado una llamada perdida. Me ha respondido un tal Charles Lowestin, uruguayo, argentino, chileno... no soy buena diferenciando acentos.
Se ha "creído en la obligación" de comunicármelo. Yo le he contestado que mi padre murió el 29 de junio de 1984 y ahí el hombre se ha sentido algo incómodo.
"Bueno, yo no...". Mi respuesta ha sido "usted ha entrado en mi intimidad sin que yo se lo pidiera. Ahora debe escuchar mi respuesta". Despedida y cierre. Fin de la conversación.
Seguro que este Lowestin debe ser otra pobre persona que cayó rendidamente enamorada de mi padre, gran encantador de serpientes.
Me siento rara. Hacía días que me rondaba la sospecha. Cuando Aída me preguntó si sabía algo más de mi padre le dije que no. Pero tenía tan claro que cuando llegara el momento me iba a enterar. Siempre he tenido esta mala suerte. Quiera o no, alguien acaba contándome cosas que quizá prefería no haber sabido.
No es el caso. Sea quien sea el samaritano que me ha llamado, le agradezco, y así lo he hecho antes de colgar, que me haya informado del final de una etapa. Necesito hacer las paces con el universo paterno. Quizá porque nunca me sentí parte de su mundo. He sido una de tantas personas a las que su padre no ha querido. Y llevo viviendo con ello muchos años, todos los que tengo.
Hay mucha historia hasta llegar a aquí, pero aún me hace demasiado daño explicarla. Que mi padre haya muerto me permite, por fin, ubicarlo, algo que me negó los veinticinco últimos años y me produce un extraño descanso. Por fin puedo situarle, y situarme.
Tengo ganas de llorar, pero no es por su muerte, sino porque continúa doliéndome mucho su desamor y sus desprecios. Estoy segura que, en algún momento, debió arrepentirse de no haberme querido cuando tuvo oportunidad. Yo, por lo menos, si le quise aunque acabase desistiendo. Es lo que hay.
Se ha "creído en la obligación" de comunicármelo. Yo le he contestado que mi padre murió el 29 de junio de 1984 y ahí el hombre se ha sentido algo incómodo.
"Bueno, yo no...". Mi respuesta ha sido "usted ha entrado en mi intimidad sin que yo se lo pidiera. Ahora debe escuchar mi respuesta". Despedida y cierre. Fin de la conversación.
Seguro que este Lowestin debe ser otra pobre persona que cayó rendidamente enamorada de mi padre, gran encantador de serpientes.
Me siento rara. Hacía días que me rondaba la sospecha. Cuando Aída me preguntó si sabía algo más de mi padre le dije que no. Pero tenía tan claro que cuando llegara el momento me iba a enterar. Siempre he tenido esta mala suerte. Quiera o no, alguien acaba contándome cosas que quizá prefería no haber sabido.
No es el caso. Sea quien sea el samaritano que me ha llamado, le agradezco, y así lo he hecho antes de colgar, que me haya informado del final de una etapa. Necesito hacer las paces con el universo paterno. Quizá porque nunca me sentí parte de su mundo. He sido una de tantas personas a las que su padre no ha querido. Y llevo viviendo con ello muchos años, todos los que tengo.
Hay mucha historia hasta llegar a aquí, pero aún me hace demasiado daño explicarla. Que mi padre haya muerto me permite, por fin, ubicarlo, algo que me negó los veinticinco últimos años y me produce un extraño descanso. Por fin puedo situarle, y situarme.
Tengo ganas de llorar, pero no es por su muerte, sino porque continúa doliéndome mucho su desamor y sus desprecios. Estoy segura que, en algún momento, debió arrepentirse de no haberme querido cuando tuvo oportunidad. Yo, por lo menos, si le quise aunque acabase desistiendo. Es lo que hay.
viernes, 14 de agosto de 2009
Con la rapidez de reflejos que me caracteriza,
hoy me he enterado que el 24 de julio se despidió Minoria absoluta, "el programa que Catalunya es mereix" que emitía RAC 1. Empezó hace nueve años y ahora, Toni Soler, su director, Manel Lucas y Queco Novell, los tres creadores del programa de radio de crítica política más divertido que se ha hecho nunca, han decidido echar el cierre. Dicen que el programa está quemado. Yo no lo creo. No, en absoluto.
Gracias a Minoria absoluta, me he desternillado en plena calle, en el bus, incluso en el metro cuando me bajaba los programas emitidos. No han dejado títere con cabeza, han sacudido a todos los políticos, españoles y catalanes. Las imitaciones de ellos y de ellas se han hecho famosas, incluso han popularizado frases que la persona imitada jamás había dicho, como el "qué cabroooooón" del President Maragall. Esperanza Aguirre, Zapatero, Bono, Aceves, Jordi Hereu, Carme Chacón... todos han pasado por el cedazo de la crítica inteligente de Minoria Absoluta.
En fin, que aunque tarde, aquí dejo constancia de mi absoluta desolación. Lloraría, pero quiero tumbarme a leer un rato, que habiéndoles seguido tan de cerca casi que es mejor homenaje.
Os encontraré a faltar, tontos.
Gracias a Minoria absoluta, me he desternillado en plena calle, en el bus, incluso en el metro cuando me bajaba los programas emitidos. No han dejado títere con cabeza, han sacudido a todos los políticos, españoles y catalanes. Las imitaciones de ellos y de ellas se han hecho famosas, incluso han popularizado frases que la persona imitada jamás había dicho, como el "qué cabroooooón" del President Maragall. Esperanza Aguirre, Zapatero, Bono, Aceves, Jordi Hereu, Carme Chacón... todos han pasado por el cedazo de la crítica inteligente de Minoria Absoluta.
En fin, que aunque tarde, aquí dejo constancia de mi absoluta desolación. Lloraría, pero quiero tumbarme a leer un rato, que habiéndoles seguido tan de cerca casi que es mejor homenaje.
Os encontraré a faltar, tontos.
Enlace a la video-entrevista que les hizo La Vanguardia el día de la despedida.
Enlace a la galería de fotos del último programa en el Teatro Tívoli.
jueves, 6 de agosto de 2009
martes, 4 de agosto de 2009
He publicado nuevos comentarios de libros
en Interletraje. ¿Ya he dicho que aprovecho el paréntesis sin trabajo para leer todo lo que puedo?
domingo, 2 de agosto de 2009
De estar en paro no todo es malo. Por ejemplo,
poder hacer lo que quieres con tu tiempo tiene sus ventajas. Yo suelo aprovechar el mío para leer y para ir a museos. Soy una museera compulsiva (debe haber una palabra para esto que me pasa). Dos de las últimas exposiciones disfrutadas han sido la de Robert Capa y la de Gerda Taro.Conocía la obra de los dos fotógrafos, lo que sirvió para que la disfrutase más.
Rober Capa, el conocidísimo fotógrafo de guerra que murió al pisar una mina en Indochina. Gerda Taro, fotógrafa a la sombra de Capa, su pareja, empezó a destacar por si misma a partir de su trabajo en nuestra guerra civil, apenas unos meses de gloria hasta que murió atropellada por un tanque casi veinte años antes que él, en plena juventud y creatividad.
Si vives en Barcelona, o pasas por aquí, te recomiendo que pases por el MNAC antes de que acabe septiembre y te dejes absorber por los fragmentos de vida que captaron estos dos magos de la luz.
lunes, 20 de julio de 2009
Hace mucho calor para escribir nada, así que
mejor enlazo con una entrada sobre la nueva financiación autonómica que ha escrito mi amiga Bárbara en su bloc. Esta todo muy bien explicado, muy claro, muy didáctico.
Y si ya está hecho y no se puede mejorar, ¿por qué no difundirlo tal y como está?
Artículo sobre la nueva financiación: Sábado rojo, traído desde Resilencia.
Y otra entrada sobre el mismo asunto con visión madrileña, en el bloc de Tomás Gómez.
Y si ya está hecho y no se puede mejorar, ¿por qué no difundirlo tal y como está?
Artículo sobre la nueva financiación: Sábado rojo, traído desde Resilencia.
Y otra entrada sobre el mismo asunto con visión madrileña, en el bloc de Tomás Gómez.
lunes, 13 de julio de 2009
jueves, 9 de julio de 2009
Ayer teminé la radioterapia. Desde el 15 de mayo
no he fallado ni un sólo día, excepto tres por avería de la máquina y uno por boda. Ha sido un tratamiento largo, pesado, incómodo y doloroso (la radioterapia quema la piel) y, espero, efectivo.
¿Pierdo el hospital de vista ya? No. La semana que viene tengo que ir un par de veces: una para que me saquen sangre y otra para que me digan que todo está bien y que no quieren volver a verme en tres o cuatro meses. Eso es lo deseable. Vamos, eso es lo que yo deseo.
Me quedan cuatro años y diez meses de terapia hormonal. Esto está hecho.

Dibujos que los niños en tratamiento regalan a los terapeutas. No se sabe si siguen vivos, pero los colores animan a otros niños mientras están en la sala.

Brenda y Macarena, mis dos últimas radiólogas. Y las más simpáticas. Siempre trataron de facilitarme las cosas.

El letrero que indicaba el pasillo más largo que he recorrido, día tras día.
¿Pierdo el hospital de vista ya? No. La semana que viene tengo que ir un par de veces: una para que me saquen sangre y otra para que me digan que todo está bien y que no quieren volver a verme en tres o cuatro meses. Eso es lo deseable. Vamos, eso es lo que yo deseo.
Me quedan cuatro años y diez meses de terapia hormonal. Esto está hecho.

Dibujos que los niños en tratamiento regalan a los terapeutas. No se sabe si siguen vivos, pero los colores animan a otros niños mientras están en la sala.

Brenda y Macarena, mis dos últimas radiólogas. Y las más simpáticas. Siempre trataron de facilitarme las cosas.

El letrero que indicaba el pasillo más largo que he recorrido, día tras día.
jueves, 2 de julio de 2009
miércoles, 1 de julio de 2009
Hoy he salido a la calle sin pañuelo y, tonta de mi, lo
he contado en facebook. A veces me pasa; me da un arrebato y me excedo en la comunicación. El caso es que los colegas que tengo allí me han enviado mimos vituales. Los agradezco en el alma, pero no buscaba eso. En realidad, no buscaba nada más que poder gritar, y como a mi edad queda feo tener berrinches públicos, grito en mi espacio virtual.
He borrado mi estado y los comentarios que me han hecho porque al verlos me he sentido mal.
En facebbok debería existir la opción de no permitir comentarios, como en el bloc, pero no es así. ¿Qué he aprendido de esto? Que a partir de ahora lanzaré mis quejidos emocionales aquí, donde puedo controlar qué y cómo hacerlo.
Mi cabeza está rapada, mal rapada, con un pelo que nace débil y escaso por culpa de las pastillas de la terapia hormonal. Tengo un aspecto realmente deplorable, por mucho que me maquille y trate de disimular. La única razón para quitarme el pañuelo ha sido tratar de recuperar un poco de normalidad, quizá porque ayer por la tarde estuve rodeada de moribundos en la sala de espera antes de la sesión de radioterapia.
Debía ser el día, pero un pobre médico no paraba de salir a hablar con los familiares de los pacientes que llevaba y trataba de explicarles lo mejor posible que las cosas no evolucionaban bien. Una vez, dos, hasta cuatro veces salió el médico a contar lo mismo a diferentes personas.
Y aunque todo el mundo trata de aparentar que no pasa nada, sí pasa. Claro que pasa.
Y también pasa que no entiendo porqué a mi. Ni entiendo porqué los tratamientos son tan agresivos que me han quemado la piel del pecho y tengo un par de heridas en carne viva que tardarán en curar. Estoy harta de que en los telediarios me cuenten casi cada día los famosos que mueren de cáncer. Estoy harta de la enfermedad, de ir cada día al hospital, de que desde octubre mi vida esté sujeta a las agendas de médicos y terapeutas. Estoy harta de ser yo y de que sea verano, de que haga un calor aplastante y tenga que ir con un pañuelo en la cabeza para no asustarme. Estoy harta de esforzarme, de pelear, de seguir avanzando.
Se me pasará. Tú me conoces y sabes que siempre remonto, pero ahora mismo soy incapaz de saber cuándo las cosas volverán a su sitio, o lo más cerca posible.
He borrado mi estado y los comentarios que me han hecho porque al verlos me he sentido mal.
En facebbok debería existir la opción de no permitir comentarios, como en el bloc, pero no es así. ¿Qué he aprendido de esto? Que a partir de ahora lanzaré mis quejidos emocionales aquí, donde puedo controlar qué y cómo hacerlo.
Mi cabeza está rapada, mal rapada, con un pelo que nace débil y escaso por culpa de las pastillas de la terapia hormonal. Tengo un aspecto realmente deplorable, por mucho que me maquille y trate de disimular. La única razón para quitarme el pañuelo ha sido tratar de recuperar un poco de normalidad, quizá porque ayer por la tarde estuve rodeada de moribundos en la sala de espera antes de la sesión de radioterapia.
Debía ser el día, pero un pobre médico no paraba de salir a hablar con los familiares de los pacientes que llevaba y trataba de explicarles lo mejor posible que las cosas no evolucionaban bien. Una vez, dos, hasta cuatro veces salió el médico a contar lo mismo a diferentes personas.
Y aunque todo el mundo trata de aparentar que no pasa nada, sí pasa. Claro que pasa.
Y también pasa que no entiendo porqué a mi. Ni entiendo porqué los tratamientos son tan agresivos que me han quemado la piel del pecho y tengo un par de heridas en carne viva que tardarán en curar. Estoy harta de que en los telediarios me cuenten casi cada día los famosos que mueren de cáncer. Estoy harta de la enfermedad, de ir cada día al hospital, de que desde octubre mi vida esté sujeta a las agendas de médicos y terapeutas. Estoy harta de ser yo y de que sea verano, de que haga un calor aplastante y tenga que ir con un pañuelo en la cabeza para no asustarme. Estoy harta de esforzarme, de pelear, de seguir avanzando.
Se me pasará. Tú me conoces y sabes que siempre remonto, pero ahora mismo soy incapaz de saber cuándo las cosas volverán a su sitio, o lo más cerca posible.
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