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jueves, 25 de agosto de 2005

Jordi Tanaka

Así se llama el médico de cabecera suplente de la médico habitual de mi madre. Hoy ha estado en casa, porque hace unos diítas que estamos un poco agitadas y doloridas, así que he llamado a la Sanidad Pública, principalmente por compartir el agobio. Y, voilà, Tanaka ha entrado en nuestras vidas. Además de japonés y médico es hombre, tremenda combinación, con lo que insistía en explicarle a mi madre lo de sus vértebras chafadas radiografía en mano, una y otra vez. Yo, que la conozco bien, veía como, con la mirada, ella intentaba transmitirle "dame la morfina y ¡lárgate!", y, claro, he tenido que pedirle que diera por dadas las aclaraciones sobre osteoporosis y sus circunstancias y pasáramos sin más dilación a escribir recetas y más recetas. Bueno, todo este rollo es el preámbulo para contar que Tanaka, arrojado como pocos, me ha dicho que he de perder peso. A ceja alzada le he contestado que acabo de dejar de fumar y me lo como todo pero él, impasible, ha insistido. Le he respetado por su edad, por su cultura milenaria y porque no tengo ni idea de cómo deshacerme de un cadáver.

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