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martes, 21 de abril de 2009

Ahora mismo cogería a la cuidadora de mi

madre y la sumergiría en aceite hirviendo. Después de adiestrarla en el uso de la grúa, enseñarla a bañar a una persona mayor en la cama, tener una conversación sobre la mala fama de las bolivianas como trabajadoras porque algunas son como son y claro, no hay derecho y un montón de cosas más, que he soportado estoicamente porque necesito a alguien que me ayude, va y me dice la palurda que no puede sobrellevar tener que cocinar "a la española", vamos, cocinar algo más allá de un potaje diario de arroz blanco y cosas cocidas o refritas, que por lo que dice es lo que come ella cada día, como en su país, y su madre cocina en su restaurante.

Tras Gabriela, la mejor que he tenido pero tuvo la mala idea de regresar a Bolivia con su marido en paro y su hijo de tres años (Joan Marc, un morrudo guapísimo) "porque para pasarlo mal aquí, lo paso mal allí y por lo menos estoy con la familia", en tres semanas por mi casa ha pasado una enfermera pizpireta (enfermera como yo neurocirujana) que cogió el trabajo con la esperanza de regatearme el precio de los días festivos al alza. La segunda, una estudiante de sociología que a los dos días descubrió que no quería trabajar con ancianos y ésta, que logró engañarme haciéndome creer que su cabeza era algo más que el soporte de la pinza para el moño.
Total, si la pregunta és por qué no paso de esta chusma y contrato una empresa de atención domiciliaria la respuesta es porque cobran entre 12 y 20 euros la hora. Cuatro horas diarias, 6 días a la semana, haz cuentas.

Menos mal que la "oficina" de colocación de Cáritas, con Coro a la cabeza, funciona de maravilla. Vamos, que ya nos tuteamos esta santa mujer y yo. Hoy le he dicho que estaba harta y ella me ha respondido que ídem. Yo, con mi autoestima habitual, pensaba que el problema era mío y resulta que no, que hay una horda de lerdas entrando y saliendo de nuestros hogares que da miedito. La mujer que se encarga de buscarle trabajo a las inmigrantes sin papeles me decía que no entendía la falta de seriedad en general, con el poco trabajo que había ahora.

Yo soy una excelente profesional, cuento con un conocimiento en gestión, producción y cultura de empresa muy sólido, encima soy altamente creativa, y no me refiero a escribir chascarrillos, sino a aportar soluciones allá donde voy y a tener una actitud proactiva e incluso padezco un cierto exceso de corporatividad si se da el caso. Pues, manda cojones, estoy en el puto paro.
Igual debería empezar a comportarme en los trabajos como estas gilipollas, a ver si tengo más suerte.
Qué cabreo llevo, por el amor de Yoda.

2 comentarios:

Carmen Sereno dijo...

Me ha encantado tu indignación y tienes toda la razón del mundo. Está el cotarro tan mal "montao", que si te quejas de la poca profesionalidad de las guachupinas, eres racista, si sudas de las universitarias q mascan chicle y dicen osea 20 veces x nanosegundo, no das oportunidades a las jóvenes, y si te ves con apuros económicos y no puedes llegar al precio q te piden las más fiables, eres una capitalista sangrienta.
Hay q joderse q estés en el paro tía. Con la de inutiles-barra-inutilas que hay x ahí okupando (y nunca mejor escrito) sitios... igual los parásitos tienen parte de culpa en esto de la crisis??

Eva dijo...

Por una amiga que anduvo dos años buscando trabajo y ahora se lo ha encontrado la madre de la novia de su hijo de seis añitos pues el perfil que muchas empresas mandan a las empresas de trabajo temporal es que tengan sobre veinte años, que no se las vea muy inteligentes y sí, conformistas con ganar poco. Así no se perturba la calma del cementerio de dinosaurios en que se convierten aquí las empresas.